YO VENGO DE UNA TIERRA/

Luis Alfredo Arango (poeta sugerido)

castilla la vieja
* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Yo vengo de una tierra donde la mar no llega,
donde el sudor releva al baño del verano,
lugar en el que mirando de frente el sol no ciega,
y resignada el agua dormita en el pantano.

Yo vengo de una tierra donde la mies germina
cercada de zarzas, majoletos, matorrales,
garabatos dibujando, allí el agua camina
por traviesos riachuelos y humildes manantiales.

Donde los verdes pinos, donde los encinares,
destilando su savia perfuman el ambiente,
no habitan limoneros, naranjos, ni olivares,
en su infinita quietud la soledad se siente.

Yo vengo de una tierra donde la mar no sueña
con marinos que fueron a lugares lejanos,
aquí la mies dorada permanece risueña
y los granos de arena no son los mismos granos.

Yo vengo y nunca me he ido de mi querida tierra
aunque ahora sea la mar que tengo más a mano,
ni la brisa marina el viento es de la sierra
ni ahora los paisanos son los mismos paisanos.

Yo vengo de una tierra donde muertos de sed
sus campos labrantíos saliva suplicando,
nunca he visto aquí un barco ni tampoco algún pez
sólo al amanecer los labriegos labrando.

Mañana vuelvo a la mar, a mi casa chiquita,
para de nuevo ir a pasear sobre la misma arena,
a tumbarme y a soñar, llevándome la pena
con el alma rellena de tristeza infinita.
©donaciano bueno

Esa tierra es la de Castilla la Vieja.

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Luis Alfredo Arango

Elegía.

Ahora tenés tiempo y tenés tiempo y recordame.
No me perdás en tu cabeza.
Tantas veces que juntaste fuego para mí,
para mis huesos.
Pero yo era leña verde.
Me quemaba con aquella comezón, con aquel chisperío.
Sólo para eso serví.
Para echar humo y hacer alharacas.
De puro gusto. De macho que me sentía.

Estaba nuevo y me quemaste por encima.
No te di mi corazón.
No.
solamente lo endurecí, lo templé. Me fui en retozos
y en aprender como se siente,
cómo se miente, cómo se olvida.

Te olvidé mucho. Sí.
Te olvidé tanto que
cada vez que te llamo palpo cenizas.

Estoy haciendo un poema, ¿qué te parece?
Para eso me pinto y para tiznarlo todo.
Estoy haciendo versos para vos.
¡Y vos nunca supiste qué era un poema!

Esto es como cantar en una cueva
y espantar a los fantasmas con la mano,
con ocote,
con humo, con humo, con humo que sigo siendo.

Supe lo de tu muerte y en vez de llorar hago rimas:
“Me dijeron que estás muerta,
que has hallado patria cierta…’

¡Babosadas! Puras babosadas,
como ves, no he dejado de ser el chivo pepe
que manoseaba las cuentas de colores de tu cuello.

Estoy ardiendo, ahora sí que estoy ardiendo,
de dolor y de vergüenza porque
jugué con tu fuego y se me ha ido de la piel a lo más hondo
tu terrible quemadura.

Me entristece no haber sido más que un niño,
que jugaba,
que aprendía en tu sabor
cómo es la carne, cómo el hombre es una bestia.

Pero ahora tenés tiempo y tenés tiempo y perdoname.
volveremos a juntarnos. Yo lo sé.
Llegaré, viejo tal vez y consumido,
llegaré hasta donde el pelo se te cae, a donde
todo se detiene, a donde
…¡yo no sé hasta dónde!

Marimba

Marimba
esqueleto de lluvias
palo
teta
cajón de la luna
me cantás en el mero rincón
en lo virgen del alma
donde tengo lo tierno
lo dulce
y este raro animal que
se viste de lumbre
he dormido en tu piel
en tu cauce que sólo conocen
los que aman tu voz
los que saben oírla
entre cientos de voces
animal del diluvio
espinazo
temblor de paloma
me cantás en el mero rincón
en lo oscuro del cielo
donde tengo lo triste
lo negro
lo más primitivo del alma
Sos mi lujo
mi amor
mi legítima esposa.
Tomado de El amanecido.

Qué será de vos Guatemala

Qué será de vos Guatemala
a mil años de aquí
pero no digamos tanto
a ciento y pico
qué será de tus huesos

No quiero ni pensarlo…
Guatemala-tu nombre-inmortal
estará sepultado
estará enterrado
tal vez
sobre los muñequitos de tu infancia

Triste infancia
bella infancia
la más terrible
la más bella
Guatemala felís-que-tus aras
nótese bien que no digo feliz
no hiciste más que bañarte
guacalearte todo el tiempo
con la sangre de tanto muchacho
de tanto viejo
de tanto niño tragado
apagado a flor de tierra…
Tomado de El Amanecido.

Canto florido

Bello país de la muerte lindísimo país
te gustan los cadáveres y para qué negarlo.

Desde que te sabemos
Hasta donde te recordamos
En tu memoria siempre
Nuestra sangre se mezcló con tus entrañas
Tierra con sangre
Agua con sangre
Fuego rociado
Salpicado con la flor ceremonial
de nuestras venas.

Hay sangre hasta en el aire que respiras
Hay ese aroma cálido y humeante…

Adoras los cadáveres en largos viernesantos
Los venerados cuerpos de oscuros santoentierros
cubiertos de ornamentos
de pétalos y llagas
expuestos a la vista de fieles extasiados.

A Juan Sacatepéquez lo enterraste
en una tela morada con oros y brocados
A Juan Comalapa
en un escaparate de plata del siglo
diecisiete
a Joyabaj en la caja de una marimba.

Entierras todos los días
todas las noches
a Juan Ixcoy, Juan Ostuncalco,
Juan Chamelco, Juan Cotzal
cubiertos con plumas de gorrión.

Al ángel Gabriel
a mi hijo Calixto Camajá
a Magdalena Milpas Altas
y Agustín Acasaguastlán
a Domingo Tzunum, Diego Matías,
Manuela Sapón, San Raymundo,
Gualán,
Zaragoza.

A los Santos Apóstoles Pedro y Pablo
a la bienaventurada siempre Virgen
María Cauqué, María Perpetua, María Sabina
María Candelaria
y no me alcanza este papel
la noche no me alcanza.

Asombroso país
alimentado con ángeles llenos de muertos
de flores húmedas y blancas
que no tuvieron tiempo
que nunca más se abrieron en sus labios
de corazones apagados en el polvo
de hermosas osamentas
de ojos recién nacidos
y leches y pezones
y manos amarillas
de rojas verdes manos…

Te embriaga esta canción
Te gusta
Te adormece
Vela tu siesta de saurio extravagante.

Ocho mil tablas de pino colorado / mil cajas de caoba /
cajitas blancas de seda / mortajas de cartón / como se
pueda / entiérrenlos como se pueda / con hojas de maxán
o con periódicos / los pobres que se vayan sin chamarra
/ sin trabas, sin petate / enrróllenle esta bandera /cuatrocientos
quintales de cera de colmena / incienso parafina /clavos para
crucificar / vigas / soleras, dinteles / puertas quebradas
y que abran una zanja de aquí hasta el Usumacinta…

País esplendoroso
Que nadie en ti pregunte
qué sentido tiene nacer, llover, crecer,
dar flor, multiplicarse.…

Que nadie haga pronósticos, ni cuentas,
ni cómputos acerca del destino
acerca de estos pueblos
regados
congregados alrededor del sol
Ni de las plazas brillantes
Ni de los muros caídos
y vueltos a construir…

Aquí nada es verdad
Nada perdura pero
¿Qué importa?…

La vida es un pañuelo
es un hermoso juego
es un instante de pólvora y colores
y nada más…

Tu fiesta predilecta es este gusto
de morir
vistosamente
en grandes ceremonias colectivas
o a solas
tal vez en una celda
con cuatro zopilotes
y un gato enmascarado
y todo por amarte
lindísimo país
poblado de cadáveres
y cráteres floridos.

Relieves de memoria

En Bonampak la tierra tiene ingravidez de plumas
dibujadas por el sol;
la tarde pinta murales de cadmio anaranjado;
cenizas de volcanes extinguidos se levantan
y en el aire inventan dioses y batallas.
Porque después de todo el sueño es nuestra única heredad,
en Uaxactún me quedo a descifrar la piedra donde duermen
-más que números y fechas- estas huellas de gente que murió,
que amaba, que también cortaba flores y aleteaba
tras el anca del jaguar y las sonoras pisadas de la lluvia.
En Tikal, escalinata prodigiosa,
soy un pobre forastero deslumbrado.
Recuperadas luna de otra edad,
fino envoltorio de polvo que guardo en la memoria,
no quiero más tesoro que estos nombres que descorren cielos
verdes,
ceremonias emplumadas con fragancia de copal y miel
silvestre.
Te sitiaron los pumas, Quiriguá,
te devoraron águilas y tigres amarillos
que tenían en los ojos jeroglíficos tallados
de un antiguo calendario.
Beso el barro,
amo el estuco delicado,
me inclino ante los sabios estelares,
ante el pueblo que contaba los luceros y escribió sobre basalto
la única historia verdadera que se ha escrito en esta tierra.

Diálogo donde me sincero

Anoche hablé con Homero y le dije
Mire Don
¿ya se fijó qué tragedia?
No hay Ulises que valga porque
no sabemos griego,
no podemos deleitarnos
traduciendo sus hexámetros.
Pero eso no es nada:
¡Ni siquiera podemos entender
al Rey Pascual de Olintepeque!
Somos huérfanos de padre y madre;
nacimos en esta tierra tan linda y
tal vez aquí nos moriremos,
sin ser grecolatinos, ni quichés,
ni gachupines?
¡Qué tragedia Don Homero!

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