PARTIENDO DE UN SUPUESTO

»Mi Poeta sugerido: Concepción Silva Bélinzon

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Partamos de la base de un supuesto,
que dios con su bondad me creó a mi,
mi madre me echó al mundo con lo puesto
y en esto yo un payaso es lo que fui.

Pongamos que dios me hizo inteligente
dotado de un cerebro excepcional
que sabe discernir, nada frecuente,
y aprende a distinguir el bien del mal.

Pongamos que un buen día va y me dice
no creas, que es un acto irracional,
le insisto que es que no y me contradice.

Y saca en conclusión que Dios no existe
exponiendo al dudar me salga un quiste
o que alguien piense que soy un animal.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Concepción Silva Bélinzon

Concepción Silva Bélinzon

La colmena

Dice mi corazón que tiene dueño
el vocablo mejor, para llamarte:
lo que pasa allá lejos no es un sueño
sin responder, yo sé dónde escucharte.

Del eclipse de sol también me empeño
especie de dragón en cualquier parte:
riquísimo señor a quien desdeño
un manojo de llaves, su estandarte.

Bien limpia y bien cerrada la colmena;
coleccionaba gatos y recuerdos
acaso más hermosa entre la arena…

De espaldas y de frente más arriba:
fijaremos los últimos acuerdos
los que beben sin sed a la deriva.

Se instala profecía

(Soneto)

Estaba todo gris hasta las sedas
adentro de una caja muy oscura;
ademanes de engaños y monedas
un gastarse por dentro la cordura.

Amarrado a un madero sin veredas
vive sobre tu frente la angostura;
aún lleno de pájaros y ruedas
se instala profecía en tu estructura.

Con los pies menos Negros acostados;
coches muy rojos pasan como quiera
barridos por el Viento y asustados.

Tu río estaba allí, y yo segura;
con máscaras y guantes primavera
como tambor callado, mi amargura.

Gentes apresuradas

La amapola se quema y no asustarse
(el padre se vistió para la tumba)
gentes apresuradas sin mirarse
sobre un tronco flotante… llora y zumba.

El perdón no bastaba sin amarse
viviendo sólo en parte se derrumba;
soportar cualquier cosa no es salvarse
el verano tan largo ya retumba.

Más allá de la muerte, no es la muerte:
hay que lavar las manos una a una
la sangre de los mártires convierte.

Traiciones del océano y las rocas
ausencia de vergüenza en la tribuna
y asistimos a misa entre las focas.

Puede entrar el que quiera y animales

Se vestía con mantas bien lavadas
aumentando en su cuerpo
luz sin luces
substancias malhechoras reparadas
no hay cartas ni cortinas
si reluces.

Las llaves de mi Padre
bien guardadas
para formar los Hombres sin las cruces;
muchas frentes marchitas levantadas
si el faro está caído
no me acuses.

Las puertas bien abiertas
día y noche.
Puede entrar el que quiera
y Animales
ya corté los cerrojos y reproche.

Las cabezas de sabios
tienen multas.
Uniones con amigos desleales
en mi Libro Sagrado
tengo ocultas.

Lo absurdo de los sauces sin regreso

Plaza fuerte muy digna de tus frases
hacen saltar la tapa de los sesos
¿y esta presentación?
no tiene clases
como la gran helada entre los huesos.

Ruiseñor mal herido ya renaces
con tu cabeza errante entre los besos;
la siembra que no rinde la deshaces
y el proyectado fruto sin sabuesos.

Se recogen las uvas sin inquina;
y el poema sonríe con certeza
y paladea el gusto en cada esquina.

Interna brillantez sin falsedades
inconcebible crea la belleza
indisoluble acuerdo en soledades.

Más sabes que los astros

A Marosa di Giorgio

Más sabes que los astros la armonía
del que siempre te tuvo, en su corona,
la cascada del bosque que pregona
tu voz más que el silencio yo diría.

Sobre dolientes líquenes vigía
hasta la niebla misma te perdona;
y el lagarto inceleste se abandona
por luz tan verdadera que lo guía.

En su gran Mano de Oro tu cabeza,
junto al niño que cuidan las doncellas
no conoces secretos ni flaquezas.

Como el sol en las uvas moscateles,
supiste madurar con las estrellas
la rueda se derrumba en tus laureles.

Basta (Blas de Otero)

Imaginé mi horror por un momento
que Dios, el solo vivo, no existiera,
o que, existiendo, sólo consistiera
en tierra, en agua, en fuego, en sombra, en viento.

Y que la  muerte, oh estremecimiento,
fuese el hueco sin luz de una escalera,
un colosal vacío que se hundiera
en un silencio desolado, liento.

Entonces ¿para qué vivir, oh hijos
de madre, a qué vidrieras, crucifijos
y todo lo demás? Basta la muerte.

Basta. Termina, oh Dios, de maltratarnos.
O si no, déjanos precipitarnos
sobre Ti —ronco río que revierte.

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