DEL TIEMPO Y SUS CIRCUNSTANCIAS/

Samuel Noyola (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Ahora que los años han pasado,
y que ya se aproximan malos vientos,
que unas ramas del árbol se han rajado
y otras mustias esperan sus advientos.

Hoy que algunos retoños ya han brotado
y la savia rezuma en los almendros,
con sus tallos, de olor acicalados,
tan lucidos de jóvenes engendros.

Que se mide el paisaje en perspectiva
tiralíneas usando y cartabón,
resbalando la lágrima cautiva,
observando en la vida algún borrón.

Ya subido hasta su alma, su azotea
decidido a tirarse en parapente
se dedica a escribir a quien le lea
sin saber si mañana habrá un siguiente.

Mas si fuera mañana no haya rastro,
o alguien note la ausencia de sus versos,
se ha subido a los lomos de algún astro
a explorar con placer sus universos.

Volverá con un aire renovado
a contaros del cielo su aventura
como vuelve al redil cualquier ganado,
o que abraza el cordón a su atadura.
©donaciano bueno

¿Conoces a Samuel Noyola? Lee/escucha algunos de sus poemas
Samuel Noyola

Asisea

Ridículo padre
Bajo el cielo de Tucson
Que mandas todavía cartas de amor

A la madre.

No olvido mi nombre sellado en tu cara,
herrado a tres sílabas
y en labios de ella generoso chispazo
abriendo con fe lo oscuro,
fuego en el espejo desvelado del alba.

No venga más memoria
a perturbar
flor de sangre inquieta en el costado.

Seismona

Voy a arrojar un número de granos.
Casi caso la pluma con papel
en un pacto de signos deslenguados:
forcejeo de ideas emplumadas.

Seismona duerme con un arco
para mojar las flechas en el sueño.

Desplaza sobre el llano la memoria,
se cruza con la sombra del venado
y las huellas de un tigre perdido
que traza el ocho de la fiera en celo.

Seismona sueña con Ocho-Venado
Garra-de-Tigre y cambia de postura
sobre el lecho de pieles atigradas
que tatúan su cuerpo cada noche.

Seismona sueña con un charco
para quemar las fechas en el viento.

Años luz o luciérnagas

Todas las noches
llegan en coche espacial
Son una luz viajera
Son llamas bastante añejas

En donde esté siempre veo
palpitando las luciérnagas
Pero la raza no cree aunque las vea
Se trata del miedo ancestral
que encandila un gobierno animal

Sin ofender a la inocente fauna
Subiremos hasta ellos
en el elevador de las alma

Cuando tranquila mente la muerte
nos invite a abrir los sellos
del sueño de ojos abiertos
donde el cuerpo es una casa
de vitalicia renta pagada

Llegaremos hasta ellas
Beberemos sin botella
La leche de las estrellas
Aquel día dormí temprano

Tres extras
terrestres de tres metros
iluminaron mi nombre
con un bautizo estelar

Desaparecido de la almohada
desatomizado como el Doc Spock
en otro planeta me tambaleaba
embriagado en la visión

Cuando desperté me llamaba Sol

Siempre las noches buenas
llegan en nave solar

Son una luz verdadera
Luciérnagas bastante viejas
Viajaremos hasta ellas
Beberemos sin botella
La leche de las estrellas
¡Come together, right now, over us!

U-FO-FO-FO-U-FO-FO-FO-U-FO-FO-FO

La espera

Podría esperar a que la Inspiración
me muerda una oreja, y en la espera
encender el incienso de mariguana,
el televisor o llamar a Tabata
para que me traiga una botella de tequila,
beberla en el cuenco de la calavera.

Pero puede llegar cuando distraído
más ando, cuando me saco un moco
o duermo enamorado. Sin embargo,
sospecho que Doña Inspiración no me espera.

Así que me acerco al Libreto, paro
la oreja, miro la realidad con estrías,
y su ojo descarado me contempla.

Vértigo cantando

Es la mujer del hombre lo más bueno
Lope de Vega

Te quiero de golpe, amor,
somos el reflejo terrestre de alguna estrella.

Para ti la llama espiritual de mis besos
y el sol profundo del deseo,
déjame a mi la altura y el abismo del corazón,
déjame el rascacielos en la sangre.

Porque desde la firme rosa madre vengo cayendo,
como abeja en celo volaba vagabundo
hacia la soledad de un jardín más oscuro,
caí largo hasta que el vértigo me hizo mártir,
luego me perdió para siempre el infarto del amor.

Reloj de arena (Jorge Luis Borges)

La arena de los ciclos es la misma
E infinita es la historia de la arena;
Así, bajo tus dichas o tu pena,
La invulnerable eternidad se abisma.

No se detiene nunca la caída
Yo me desangro, no el cristal. El rito
De decantar la arena es infinito
Y con la arena se nos va la vida.

En los minutos de la arena creo
Sentir el tiempo cósmico: la historia
Que encierra en sus espejos la memoria
O que ha disuelto el mágico Leteo.

Todo lo arrastra y pierde este incansable
Hilo sutil de arena numerosa.
No he de salvarme yo, fortuita cosa
De tiempo, que es materia deleznable.

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