EL DESCONSUELO

»Aquí, mi Poeta sugerido: Lilian Serpas

MI POEMA…de medio pelo Lee otros poemas TRISTES

 

Si al banco que se encuentra allí en el parque
un día yo la mano le tendiera
brindando mi amistad. Y él comprendiera
lo mucho que se acerca ya el embarque
y en un gesto de amor él me quisiera.

Como amigo, viniera y me abrazara
pasándome la mano por el hombro
con mucha suavidad. Y ante mi asombro
ansiara convencer de que esperara
a ver la luz surgir sobre el escombro.

Me contara los males que él padece,
el óxido en sus patas, sus astillas,
el incierto futuro que a las sillas
les espera. Diciendo no merece
tal desaire. Que él suple a las camillas,

compadre es de fatigas de indigentes
sin pararse a pensar en distinciones,
si es oriundo de aquí, de otras regiones,
agnósticos, ateos o creyentes,
lleven el culo limpio o con manchones.

Y así sea que vivo está el problema
y pues sigue nadando a ras del suelo,
cada vez que nos surja el mismo duelo
veremos de curarnos el eczema
aireando al pasear nuestro pañuelo.
©donaciano bueno

MI POETA SUGERIDO:

Lilian Serpas

Microgramas de niebla

1
La tarde es una monja
que en torre de silencio
rezando se demora.

2
Lluvia: leve rosario
en los dedos traslúcidos
del Ángel olvidado.

3
El avión que te lleva
es pájaro goloso
que pica las estrellas.

4
Es un cóndor azul
el avión que te lleva
hasta la Cruz del Sur.

5
Me envías un mensaje
con esa golondrina
que equivocó la tarde.

6
Amor: Alma a lo lejos
persiguiendo la ruta
que ha rubricado el cielo.

7
Melancólico llora
el Otoño que un lecho
se prepara con hojas.

8
Ausencia en un suspiro
es la pena que lanzo
como flecha al abismo…
(Huésped de la eternidad, 1949)

Rememorar

Un pálido fulgor de media luna
sobre el rústico banco de las citas,
la leve brisa que llegó oportuna
y la vereda de las margaritas…

En hora de congojas, importuna,
de lento suspirar de hojas marchitas,
a la tristeza le sirvió de cuna
la fuga amarga de amorosas cuitas…

Hoy vuelvo solitaria a recordarlo…
La noche es tibia y dulce para amarlo
y para hacer de nuestra vida, una…

Y como sé que la pasión es ida,
la clara historia que truncó mi vida
rememorando estoy bajo la luna…

El huracán

Como un reflejo que arde
en la punta de una daga,
el corazón de la tarde
ya se enciende, ya se apaga.

Rachas de viento aparejan
los pajarillos que pasan,
y una docena de párvulos
cuentan piquitos de nácar.

Voces de niños que juegan
en la alameda soleada:
certamen de algarabías,
risa de sol, fuga de alas.

Arriba pasan las nubes
en rieles de azules rayas:
ecos de bronce en los cascos
y onomatopeyas de agua…

Un puente de arcos se tiende
de la tarde a la montaña,
y se anuncia la tormenta
con sus tambores de plata…

Ramos de roncos tambores
en sombrías atalayas:
pasan corceles del viento
por abismos y hondonadas…

Kabrakán, de las alturas,
su furia indómita arrastra,
entre espirales de lluvia,
relámpagos que se enlazan.

En nubarrones de fuego
las fuerzas trágicas danzan
y el corazón de la tarde
ha empurpurado la daga.

En unidad de tiempo

Tono extático

Me embriaga el ansia plena de volar a tu lado…
Soy pájaro del viento de un claro son ligero,
que en rumbos de tu pecho de nido en primavera
me liberto en el éxtasis, sin espacio ni tiempo.

En nieve de tu ausencia, me enturbia la tristeza
y en riscos de zozobra y en islas de tormenta
me siento prisionera del propio pensamiento:
quedó el instante mismo de tu fatal partida
en la angustia presente, sin número e inmersa
en mi amor unitario de luz y canto unísono,
en tímida actitud de ensueño y en sigilo
¡sintiendo en fría muerte girar mi solo anhelo!

En torno a mí la extensa divagación sin término,
la indefinida tierra, la inconsistencia vaga,
en una inesperanza sobre el azul tendida
y en que a veces las lágrimas son angustia sellada.

Como una escarcha fina que se aferra a mi piel
llevo en mí la nostalgia de aliento contenido,
y en actitud de espera y en el sentir presente
vivo y no vivo en playas de ensueños fugitivos…

En una edad de cielo de entrecerrados párpados
hundo en la mi ardiente pensamiento:
¡densa agua de simientes que aprisionó por siempre
mi velero enlunado —fiel imagen del sueño—,
inmarcesible flor de una savia nutricia,
resumen de fragancia femenil, aspirada
por mi lámpara viva de integral florescencia,
y es una llama al viento la flor de mi esperanza!

Brotando en ala y canto va la ilusión callada
al encontrar en claves todo el secreto incierto,
secreto que tu nombre repite en claras letras
de las constelaciones: tiempo y distancia abiertos
donde te identificas con la luz inmedible
en el instante mismo de suspirada ausencia…

En desprendido amor, sin límites ni espacio,
te acogen mis sentires en sus más hondas minas
y así, presa en mí misma, deviniendo te encuentro…

No hay distancia ni número y es inmutable el tiempo
en que llevo sutiles percepciones remotas
y en extática lengua mi corazón te invoca,
mirando más allá de lo que ven mis ojos
¡en lo que es el perfume siendo a la par la rosa!

Prisionera del Ser, me crece la tristeza:
filosófica amiga, sensible a todo roce,
como en cristales finos su transparencia atisbo
al ir multiplicando mis angustias en goces.

Quintaesencia de espíritu, dualidad de las cosas,
en esenciales formas de luz y de materia,
galopa en el suspiro mi soledad ansiosa,
en sed indefinida de lo que no se alcanza
y en llegando a ti se alquitara y concentra…

En ardoroso impulso de turbulentos mares
levo el ancla pesada sin rumbo ni ribera…
Y es un amargo grito de concertado acento
éste en que voy llenando mi sed ensombrecida:
la sed en que me siento prisionera del aire,
del aire en que se nutre mi amor en carne viva…

Conmovida en el éxtasis recupero mis alas
y me estremece el ansia de lo estelar y vago
que en las aguas celestes del insondable espacio
me va colmando el alma con sus círculos claros.

Y siento que es el vértigo de tu amor en ausencia
lo que me torna en árbol con raíces al cielo,
que su copa invertida nutre con las sustancias
minerales que bullen con subterráneo fuego,
mientras por las raíces llamean nuevos frutos,
y por los tallos mira los vagos sueños.

Alunizaje

Lúcido en la tiniebla de un momento
de ser —ya sido— en inicial viraje,
arranca de raíz mi pensamiento
—tan joven como antiguo en su linaje—.

Ráfagas a grupas de un saber, aliento
—del polvo hostil en rescatado viaje—,
emite luz, muy cerca a lo que siento
del más nocturno azul de alunizaje.

Ritmos de meteoros miden tensa
noche, sólo soporte a mi defensa,
igual a rostro en Cero circunscrito.

Yo heroica y huyendo en un desvelo
—libre y sin nada—, como en un deshielo,
alcanzo en pie de amor, el infinito.
(México, 1969. Girofonía de las estrellas, México, 1970)

Húmedo está, bajo el laurel, el banco

Antonio Machado

Húmedo está, bajo el laurel, el banco
de verdinosa piedra;
lavó la lluvia, sobre el muro blanco,
las empolvadas hojas de la hiedra.
Del viento del otoño el tibio aliento
los céspedes undula, y la alameda
conversa con el viento…
¡el viento de la tarde en la arboleda!
Mientras el en el ocaso esplende
que los racimos de la vid orea,
y el buen burgués, en su balcón enciende
la estoica pipa en que el tabaco humea,
voy recordando versos juveniles…
¿Qué fue de aquel mi corazón sonoro?
¿Será cierto que os vais, gentiles,
huyendo entre los árboles de oro?

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