INDECENTE BUKOWSKI/

Eduardo Mitre (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Bukowski, mal hablado, él es un jeta,
un bicho que parió una mala madre,
llevando un sucio escuerzo en la bragueta,
que en eso de escribir se parapeta
soltando cuando caga algún desmadre.

Bukowski, él es obsceno y maloliente,
inmerso en un submundo putrefacto,
que intenta navegar contra corriente
haciéndole a su vientre que reviente
causando con su hedor mayor impacto.

Sus versos son detritus, son basura,
así que a él le lea mucha gente
que entiende de su estado de locura,
disfruta saboreando su amargura
haciendo de la mierda un referente.

Poesía es amor, es fantasía,
contrario a la bazofia. Que es el arte,
de soñar y sentir melancolía,
rezumando tristeza o la alegría,
mostrando ese pañuelo en que limpiarte.
©donaciano bueno

http://solobukowski.blogspot.com.es

¿Conoces a Eduardo Mitre? Lee/escucha algunos de sus poemas

Eduardo Mitre

Enero

Querétaro es ahora el tiempo
donde encarnan
también nuestros cuerpos.

Atrás los días sin imagen,
las puertas, los espejos,
las máscaras falaces
que la ausencia ha disuelto.

Bajo el hondo sol de enero
han vuelto Aries y Sagitario
a sernos favorables.

Y es otra vez la dicha viajar junto a la luz
que salta entre las piedras y los árboles
e ir con ella
al encuentro del mar:
azul abierto de par en par
a la medida del deseo.
De “Líneas de Otoño”

Casi la dicha

a Martha Beatriz

En Hanover este crepúsculo de invierno.
tu denudez consumada:
brasa blanca en el lecho.
Y la mirada que vuelve a gozarla
en la penumbra del deseo.
En la ventana
la nieve extendida
como tú en el sueño
absorta
como mis ojos sobre la página.
Lejos:
el grito de los niños
que resbalan por la colina
y el silencio y el pino
plantados
como un solo cuerpo
en el aquí y el ahora
donde no falta sino
la palabra digna
de tanto don tanta gracia.

Con la lengua

Deseo escribir una loa
en honor de tu sexo:
Nido oculto entre la fronda
y las lomas de tu cuerpo.

Abro el Diccionario
de la Lengua Española.
Suavemente mis dedos
separan sus sabias hojas.

Leo, releo y, tras una pausa,
transcribo al pie de la letra:
Adufa: plancha, compuerta
para cortar el paso del agua.

Corola: segundo verticilo
de las flores completas…
Brasa: carbón encendido,
rojo por la total incandescencia…

Salto, chispeante, a la zeta:
Zaguán: espacio cubierto
situado dentro de una casa,
y que sirve de entrada a ella…
De “De Seca en Meca”

Deshora

polvo serán, mas polvo enamorado
Francisco de Quevedo

La cercanía infranqueable entre sus cuerpos.
Un puente de miradas donde se cruzan
y se separan.
En sus labios:
un vaivén de palabras
o de silencios
-no la lenta fragua del beso.
No el hondo goce
ni la dicha tersa
de las desnudeces enlazadas:
sólo el roce eléctrico
de los muslos que se adivinan.

Sólo el asombro de conocerse
en la esquina
de los tardíos encuentros.

Y el sueño donde quizá se poseen
al lado
de otro cuerpo que duerme.

Y el carbón del deseo
que ha de volverse sin duda
puro diamante

al precio de no haber sido nunca
los dos el mismo leño
la húmeda llama
en el lecho
de esta única vida.
De “Líneas de Otoño”

Desde un puerto

Ese barco era un árbol
y ahora
el mar piadoso
en cada ola le borra
el recuerdo de un pájaro.
Así, en cada amante,
al indefenso ausente
-sin rumor ni sangre-
rasgo a rasgo
el tiempo borra.
El tiempo, y el mismo amor
que -ávido de ser-
hunde su memoria en otra piel
ya un cuerpo en otro inmola.

Olvidar es morir
y renacer otra persona.
De “Líneas de Otoño”

El olor que deja
en la piel la ausencia.

El sabor de un nombre
que quema la lengua.

El dolor que queda
en la mujer y el hombre.

Y el tiempo que cuelga
las cuatro estaciones.
De “Líneas de Otoño”

Escrito en blanco

Nieva esta nieve
como a veces se hablan
hombres y mujeres.
Continua
mente
instantánea
nieva por primera vez siempre
como se miran los que se aman.

Nieva como la única cosa
real que sucede.

Y corren los niños para tocarla
y tras ellos las palabras
frágiles como la nieve
pendiente
de una mirada.
De “Líneas de Otoño”

Escritura

Dejar caer una por una
todas las máscaras
hasta la soledad desnuda
frente al tiempo sin cara.

Buscar en el silencio
donde manan las palabras
su ofendida inocencia,
su vocación de alianza.

Fijar su gracia elocuente
como el fuego y el agua.
Y atravesarlas como un puente
en un cuerpo y un alma.
De “Líneas de Otoño”

Húmeda llama

1
Tu desnudez expuesta
entera
como el pan en la mesa.

2
Beso a beso,
caricia a caricia, se dora
al sol del deseo.

3
Llama que moja y quema,
llama que llama:
tu lengua.

4
Arqueros enardecidos
disparan sus flechas
los cinco sentidos.

5
Entre tus piernas el blanco:
carbón de sangre
corazón de la hoguera.

6
Doble latido y un solo ritmo.
Como la vida y la muerte
al principio.

7
Caracol del oído:
el oleaje de los suspiros
y la marea de los ayes
y los Dios mío.

8
La mirada se pierde.
Salivan las sílabas.
Las pupilas ascienden
hacia alta caída.

10
Memoria del vértigo:
hacia adentro el quejido
y tus ojos abiertos
enceguecidos.

11
Zumbido de abeja:
el silencio
de vuelta
sin haberse ido.

12
Te descubro a mi lado
todavía temblando
como recién rescatada
de un naufragio.
O de un incendio.

13
y tienen de nuevo sed
de nombrar los labios:
la almohada, tu cabellera,
una pared de ladrillos,
un trozo de cielo: tribus
con rumbo desconocido.

14
Cruzan el aire -ya quieto-
tu nombre y el mío.
A recordarnos han vuelto,
a recrearnos los mismos.

15
Sobre el tiempo intacto
nuestros cuerpos tendidos,
expuestos al vacío,
melancólicamente plenos.
De “Líneas de Otoño”

La ausente

Emigran los pájaros
pero se quedan
el árbol y el tiempo.

Tengo miedo.

Hay mucha trampa
y poca luz
en el recuerdo.

Tengo miedo.

Qué pena, amor,
que tu presencia
dependa tanto de tu cuerpo.
De “Líneas de Otoño”

Líneas de otoño

A Oscar Vega

1
Luz líquida de otoño:
en la copa de los árboles
beben los ojos.

2
No pasa el verano, no.
Arde, eso sí
y en mil ascuas.
(El otoño
es su húmeda llama).
Del verde
al amarillo
al rojo
arde como el alcohol,
como la vida de Rimbaud,
como el cuerpo
cambiante
de la pasión.

3
Pasa el viento
como siempre pasa en el otoño:
haciendo caer las hojas.
Y en cada rama brota
la transparencia del invierno.

4
Me observan curiosos
desde la misma rama
la ardilla y el tordo.

5
El cuarto de hotel.
En la ventana el jilguero
también de paso.

6
Lección del otoño:
¿asirse a la tierra
o desprenderse de todo?

7
Árboles desnudos:
hojas las alas
y los pájaros frutos.

8
Los versos de Wang Wei,
desgajo uno,
lo injerto y prende bien:
otoño corto: el crepúsculo.

9
Hormiguero de astros.
Sola
la luna
con fulgor prestado.
Pero no importa.
Ya lo dijo
Antonio Porcchia:
nadie -ni aun el sol-
es la luz de sí mismo.

10
El invierno a la puerta.
El vino. La amistad
de los amigos
distantes o muertos.
Digo sus nombres:
oigo sus voces.

11
Los niños de Somalia.
Muda se quedará la página
ya oscuras mi casa
si no salto a otra línea.

12
El fresno
silencio de pie
el silencio

13
Se agita -barca su cuerpo-
mi mujer dormida.
¿El viento en su sueño?

14
La luz de la lámpara.
El poema:
árbol de las palabras.
Contigo
hablarán del otoño
si tu voz las despierta
si las palpan tus ojos.

Los amantes

Oh noche amable más que la alborada
San Juan de la Cruz

Amable más que el alba:
la noche en la ventana.
En el cuarto la penumbra
como un ave que no acaba
de posarse o alzar vuelo.
Y ellos
sobre la sábana
en feroz y dulce duelo
buscando el centro
de su ceguera iluminada.
Ellos: dos cuerpos en uno
en jadeante ascenso
al vértigo mutuo
que los completa y desgarra.
Luego el sueño que los acoge
y guarda sus miradas
hasta que la espada del día
los arroja de nuevo
a calles repletas
de caras vacías
y niños hambrientos.
Y la luz que los ve alejarse
parpadea en el viento.

Para un adiós

Un abrazo y palabras entrecortadas
habrán dicho el adiós increíble.
Y entre tu cuerpo y el mío
manará sin cesar la distancia.

Como se apela a una hierba mágica
para sanar del mal de ausencia,
escribiré entonces estas líneas.

Y si el tiempo que une y que separa,
lo entrega un día a tu mirada,
léelo, mas no vuelvas la cara.

Hermosa y feliz en tu presente,
no cometas el error de Eurídice;
que yo, al recordar tu dulce voz,
cuidaré que me aten como Ulises.

Presencia

Ofrecía su silencio
como un vaso de agua.
Y al beberlo
se refrescaban las palabras.

Prólogo al presente

Abre los ojos. Despierta.
El Paraíso está aquí,
de vuelta.
Con todos y todo
en la luz pasajera.

Es (no hay otro) esta tierra:
mesa de encuentros,
cuna de ausencias.

El Paraíso está aquí,
a la espera. Abre tus ojos
que abren sus puertas.

Despierta. Está aquí.
No es la dicha.
Es la presencia.

Reencuentro

in memoriam
Marcelo Quiroga Santa Cruz

Entré en el bosque,
a su pleno corazón
de silencio y luz inmóvil.
Con voz queda dije
tu nombre y otros nombres
como quien escribe
en el aire
para memoria de los árboles.
Mas no movió ninguna hoja
el álamo ni el roble.
Ni una sola rama el sauce.
Igual de indiferentes
pasaron
(felices en su vuelo)
un mirlo y dos gorriones.
De pronto
el viento mago
sacudió nubes y follajes:
se encendió el relámpago
y entré en la lluvia
contigo y los ausentes.

Sonata

Ojos que descubren
la voz de las cosas.

Oídos que escuchan
el paso de las rosas.

Olfato que todo lo funde
en un solo aroma.

Lengua que añora
el sabor de otra.

Cuerpo la ausencia
que padece los cuatro

sentidos que la transportan.
Cuerpo que apenas goza.

Le falta el tacto.
Le sobra memoria.

 

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