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»FRANCISCO de QUEVEDO y LUCIENTES
Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;
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Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Cuando me paro a contemplar mi estado
y a ver los pasos por do m’han traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado;

Siguiendo voy la sombra de una espiga,
observo con el viento como mueve,
la sombra de esa espiga me conmueve,
la misma con su grano que hará miga.

¡Los viejos somos la ostia!
Los jóvenes, nuestros hijos,
sean progres, sean pijos,
estarán todos canijos
pues vivirán de la agostía*.

Como la arena que arrastrando van las olas,
aprovechándose de la fuerza del viento,
existe gente que maneja el sentimiento
para acercar hasta su altar las caracolas,
contándoles un cuento.

Con sus pétalos, su olor,
una flor,
esa cosa tan sencilla
que hizo dios ¡qué maravilla!
¡qué matices de color!
que al amor le deslumbra y aun más brilla.

La espiga permanece en mi retina,
lo mismo que el cedazo y la molienda,
las eras con el trillo y su contienda,
la blanca bendición que era la harina.

Todos los días en este mundo nacen
mil millones de seres,
los hay de todo pelaje y pareceres,
unos, humanos, son hombres y mujeres,
vagando en el planeta van y pacen,
de pinta angelicales
pero son animales
aunque ellos se auto-proclamen racionales..

Si el cielo en vez de azul fuera amarillo
y el sol y las estrellas no brillaran,
los hombres que en la tierra aposentaran
habrían de morir. Es tan sencillo
que nunca habría aquí quienes dudaran.

Avanzan con la mente alta y erguida,
presumen de que son bien diferentes,
y que ellos se merecen de otra vida,
pues hablan un idioma que otras gentes
no saben, de otro dios que son creyentes.

Yo en la vida solo me dediqué a ganar dinero
y aunque no siempre el pecunio fue mi motivación
reconozco que de mis obsesiones fue primero
dinero, ganar dinero, sin más explicación.

Ando buscando un verso en que cupieran
doscientas mil ideas que le asaltan
a mi cerebro. Y mitigar supieran
las dudas que en mi mente se atragantan.

Soy viejo. Y es por eso que yo recuerdo a Franco,
el gran liberador, omnímodo y caudillo,
que al pueblo adoctrinó de un modo muy sencillo.
Para otro dictador que no se queda manco
constancia he de dejar creando este estribillo.

Éramos pocos y parió la abuela.
Vino el Covid y nos jodió la vida
pegándonos un golpe con su espuela,
sacándonos de cuajo alguna muela,
y haciendo que sangrara por la herida.

Yo admiro las altivas catedrales,
de los grandes artistas su figura,
las artes inclusive las marciales,
de escritores insignes su cultura.

Me dicen que has ganao. Felicidades,
Milei, no sabes bien lo que te espera.
Que un día tú creaste una quimera
y hoy tienes que enfrentarte a realidades.

Al alba fue. ¡Ardió Paris!
Una gran pira le sorprendió a esa ciudad bella,
dormida. De rencor se inundó, de sangre gris,
de abatidas pavesas a su alma haciendo mella
Hasta el sol y la luna tejieron un tapiz
para ocultar la estrella.

Otra vez hoy la tuerca se atascó,
inútil fue pues que estaba ya oxidada
y su vida duró lo que duró,
que acabó y ya llorar no arregla nada.

Los hombres, los que dicen ser humanos,
los mismos que se van tirando pedos,
metidos como están en sus enredos
cogiendo van la mierda con las manos
y echando sin pudor a otros hermanos
siguiendo la doctrina de sus credos.

Era tan poca cosa que andaba a ras de suelo,
tan falta de señuelo que alguien pisó al pasar,
fué migaja en la risa o un suspiro en el duelo,
sin rumbo decidido ni espacio, ni lugar.

Algunos hoy quisieran sin por qué,
a la infancia robarle la inocencia.
Pues que he de confesar, pido clemencia,
que una noche de Reyes yo me até
el dedo y una cuerda a la ventana...

Y yo me iré. Y el viento seguirá reflexionando,
deslizando sus huellas, a lo que ocurre siempre atento.
Los que hoy a mi me quieren seguirán pronto olvidando
pues que huraño este viento nunca ha de ser el mismo viento.