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»JOSÉ MARTÍ
Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma,
Y antes de morirme quiero
Echar mis versos del alma.
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Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma,
Y antes de morirme quiero
Echar mis versos del alma.

La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
La tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.

La conocí en un bar una noche sin luna
después que la fortuna me enviara a pasear,
desnudo, sin lugar, sin esperanza alguna,
calmé mi desconsuelo en ese oscuro bar.

Sucede que estoy cuerdo y no estoy cuerdo,
que creo que estoy loco de remate,
que si un día lo estuve hoy no me acuerdo,
que si hablo siempre digo un disparate.

¡Qué pasada de legumbre,
revoltosas las lentejas,
a fuego lento en la lumbre,
mejor jóvenes que viejas!

Yo me aflijo hoy pensando que la muerte
a mi me ha de llegar sin mas remedio,
que el cuerpo ahora vivo, se irá inerte,
llevado en ataúd al cementerio.

A mi nadie me entiende,
soy igual que aquel ser
que debiera haber muerto antes de nacer
para acceder directamente al limbo.
¿soy celta o soy wikingo?
no lo podré saber....

Mañana, cuando no puedan
encontrarse nuestros ojos
porque abrirlos lo impidieran
ya la niebla o los abrojos..

Ayer me preguntaba de tanto me pregunto
por qué razón si hablaba nadie me contestaba,
por qué a mi padre amaba y él ahora está difunto,
por qué soñé que un sueño soñando me abrasaba.

María se llamaba. Era muy bella.
Tan bella que la Virgen parecía.
Radiante a más rabiar, hasta ese día
en que alguien le inquirió si era doncella,
y quiso descubrir, dejando huella,
lo mucho que del cante ella sabía.

Pájaro volador de extensas alas
en cuyo vientre esconde los secretos,
artefacto sin alma, mis respetos
a ese viento que besas y resbalas.

Yo sé muy bien que tú me reconoces
aunque intentes aparentar no hacerlo,
poco importa tengamos nuestros roces
los afectos no saben de estraperlo.

Yo quisiera saber por qué la vida
nace, crece, se reproduce y muere
sin poder retornar a la partida
tantas veces como uno lo quisiere.

El mal existe, sí, yo lo conozco,
se cruza por mi lado cada día,
entre rezos, está en la sacristía
y en tugurios de alto y bajo costo.

Ignoro si ese afán de publicar
de aquellos que se salen de la norma
se debe a que se quieran lamentar,
peor, a se precisen perdonar,
no encuentren excusarse de otra forma.

Mi cerebro es un libro que yo he escrito
despacio y sin hacer nada de ruido.
Experiencia es la letra, que he vivido,
cada texto, ecuación, un nuevo hito.

¿Los niños, de quién son? Son de sus padres.
Si alguno se los quita, los separa
buscando alguna excusa por la cara
habrá de responder por sus demadres...
©donaciano bueno
OYES CAER EL SUELO
Oyes caer el suelo,
¿son látigos o estrellas?
Cuando están apagadas las estrellas...
©Lucía Rosa González

¿De qué sirven los dioses si en Nepal
las tripas de la tierra hoy se han abierto
trocando a este país en cenagal
con un futuro incierto?
Los dioses, decidme, ¿dónde están..

Es triste, mas preciso, hay que decirlo,
que en estas sociedades avanzadas
mujeres hay que son apaleadas
teniendo a un mal marido que sufrirlo.

Ya no seré feliz. Quizás no importe
si angustiado me encuentre o tenga frío;
para hundir a los álamos del río
sople el viento es preciso desde el norte.

Así es la vida y así va pasando,
mirando al horizonte, al infinito,
recelando y siempre filosofando,
la esencia del amor siempre buscando
y hasta a veces a dios pegando un grito....

La sombra avanza suave, lentamente,
por un camino lleno de misterio,
no mira hacia ambos lados, va de frente,
pareciera que fuera al cementerio.