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»SANTA TERESA DE JESÚS
Vivo sin vivir en mí
y tan alta vida espero
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor...
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Vivo sin vivir en mí
y tan alta vida espero
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor...

¡Cómo volaba el pensamiento mío!...
Fue un dulce anochecer. Se adivinaba
por su rumor, bajo la peña, el río,
y la mano del viento preludiaba
un aria triste en el pinar sombrío.

He leído, no sé si será cierto,
que ocho mil son del mundo los idiomas,
¿ocho mil? ¡virgen santa, vaya bromas!
yo que uno hablo y a hablarlo bien no acierto,
pues confundo los puntos y las comas.

Las tormentas son los votos
de castidad de la amante
que da un paso hacia adelante
entre llantos y alborotos.

Guardeme yo el placer de la visita,
no quise intervenir, no dije nada,
discreto, mutis hice a la jornada,
callando mis ideas a la chita.

Cuando tengas abierta una herida
y quisieras la pena curarla,
cuando sientas que el alma está huida
y desearas poder encontrarla;
cuando veas que el cielo se ha hundido
y sin remos se ahoga tu barca...

Versos que son baratos, versos míos,
carentes de mejunje y de sustancia,
escasos de color y sin fragancia,
no saben provocar escalofríos,
ni tienen militancia.

Si le hablas con sigilo no responde,
si tratas de gritar no te hace caso,
si intentas encontrar no sabes dónde,
lo suyo es disfrutar como un payaso.

No me preguntes por qué nunca sonrío
pues ya para mí la vida no es como antes,
ni ese rio en que me bañaba ya es mi río
y hoy tus manos desnudas llevan guantes.

Un día llegará que Hacienda quiera,
de la empresa he de hacer tabula rasa,
pondré en un gran letrero: "se traspasa"
o "se vende" por si comprar quisiera,

Aún sigue ocupando un cargo de prestigio,
tiene su silla, su escudo, su estandarte,
la recompensa y honor a su servicio,
de Consejos, mas de mil, formando parte.

Yo, que siempre he vivido entre tinieblas,
en un bosque de incertidumbres lleno,
en que todo ese ambiente huele a heno
y el viento más audaz pone las reglas.

Al DON, hoy descolgado de la parra,
que antaño definía al señorito,
al hombre que sabía o había escrito
o un título llevaba en la zamarra.

El negro de su piel, ¿quién lo ha pintado,
quien hizo sobre el blanco esa negrura,
acaso no lo hiciera un caradura,
o un dios el que se hubiera emborrachado
o un tipo con tonsura.

Si con uno basta y sobra,
¿para qué tantos idiomas?
Lo cierto es que es una obra
que más que comunicar
lo que intenta es evitar
que otros gusten lo que comas.

¿Principios? oiga amigo no me ofenda
pues sepa que político yo soy,
¿de dónde yo iba a estar en donde estoy
sin nada que arriesgar en la contienda?
si sigue usted así, sepa me voy.

Esa unidad de tiempo que es el día
que viene a completar veinticuatro horas
exactas, sin retrasos ni demoras,
que llenan de dolor o de alegría.

Que lo mío no fue la poesía,
creo me equivoqué, digo lo siento,
pues yo no sé mentir y el sentimiento
hoy me impide decir lo que sentía.

Viajante de susurros, tienes alma
de padre espiritual
de un mundo en que destaca el carnaval
y en que de la quietud huye la calma.
No olvides que el humano es animal
con llagas que rezuman turbios posos
y sueños que padecen tormentosos.

Soy un viejo ¡qué hacer, no es culpa mía!
perdón no he de pedir por ser ya viejo
ni hundirme deberé en melancolía,
no crean, no me amargo y no me quejo.

Asisto aquí impertérrito a mi muerte
lo mismo que hace el toro que en la plaza
espera del torero no dé caza
y pueda celebrar su buena suerte.

El día en que descubra la palabra
el plus que de ella tiene hacer buen uso,
poniendo algún impuesto a quien la labra,
dejando sin valor las de en desuso.