Si te gusta la poesía aquí tienes 3,111 POETAS, poemas y sus biografías.

»GERARDO DIEGO
Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja;
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.
Indiferente o cobarde,
la ciudad vuelve la espalda...
Si te gusta la poesía aquí tienes 3,111 POETAS, poemas y sus biografías.


Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja;
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.
Indiferente o cobarde,
la ciudad vuelve la espalda...

Volverán las oscuras golondrinas
De tu balcón sus nidos a colgar
Y otra vez con el ala a sus cristales
Jugando llamarán....
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
Tu hermosura y mi dicha a contemplar,
Aquellas que aprendieron nuestros nombres,
Esas, ¡no volverán!

Pretendo mi cerebro me obedezca,
que sea reflexivo, consecuente,
me ayude a caminar cuando es consciente
e imprudente su actividad decrezca.
©donaciano bueno
EL SUEÑO
Todo es luz para los ojos móviles del sueño
bajo los párpados se despliega...
©Graciela Baquero

Pues dirán en un tris está el huerto
precisando de abrir artesianos
que le eviten efectos malsanos
y consigan llevar a buen puerto.

Se fue la luz,
aquella que alumbraba nuestros días,
la misma, que pintaba de alegrías
la capa de acetato que al trasluz
soñando tú veías.

Yo cuento aquí mis cuitas como el chopo
suspira cuando mira al campanario,
las voces que recitan el rosario,
la nieve que regando va su copo,
el olmo centenario.

Todo el mundo pretende adoctrinarme
llevando siempre el agua a su terreno
metiendo hasta las trancas en su cieno;
si no gusta pues debo de amoldarme
cual fuera aquí el consejo de un galeno.

Siempre fui de las musas al teatro
un ingenuo cazando musarañas,
buscando siempre a dios en las montañas,
tratando de aprender qué es tres por cuatro,
por qué tejen sus telas las arañas.

La tierra se ha enfadado con el mundo,
después de tantos años avisando
no pudo soportar. Y está bramando.
Se ha vuelto insoportable e iracundo
su lava vomitando.

Sibilina y silenciosa,
presumiendo de inocente,
cae el agua de la fuente
con su aspecto caprichosa.

Si un día yo pudiera describir
la vida cuando acaba, lo que siento,
las ansias que me quedan por vivir,
la rabia, frustración, resentimiento
sabiendo que ya pronto he de partir
a lo desconocido, como el viento.

Lees, tú lees, yo leo,
los dos calladito estamos,
de vez en cuando miramos,
tu me observas, yo te veo....
©donaciano bueno
AMONITES
En las manos invierna el amonites.
Aún no ha llegado su resurrección,
la que espera al final de su letargo,
©Sergio Navarro Ramírez

Esos charcos de vida que he pisado,
retos son a los que nací suscrito,
a algunos he ganado el plebiscito,
mientras otros son ellos que han ganado.

Confusión es no saber lo que es confuso,
ignorar, no discernir lo que interesa,
si una niña a ti te quiere cuando besa
o si es ella que de ti hace un mal uso.

Yo, con mi libreta a cuestas siempre voy,
mi lápiz es mi voz, mi confidente,
el que hace que me pare de repente
cuando algo se me ocurre. Y es que soy
del río que es mi mente un afluente.

Si Baco hoy levantase la cabeza
sería muy feliz al ver que el vino
sustento sigue siendo en el camino,
motivo de renombre y de grandeza.

En verdad hoy prometo que yo creo,
al igual que creí cuando era un niño,
un ingenuo chaval barbilampiño,
como sé que algo existe aunque no veo
y creo en el cariño.

Castilla vieja, peregrina y santa,
la que algunos ahora dan por muerta,
de yermos y de páramos, desierta,
de iglesias y de ermitas sacrosanta.

Mi vida es simple aquí, leo y escribo,
intento ir conversando con la gente
sencilla y tan humilde e inocente
que llevan adhesivos y en su mente
un naranjo pintado y un olivo.

La gente le fue fiel, mas poco a poco
los unos y otros más abandonando,
creyó se el nuevo dios del Orinoco
de forma que llegó a volverse loco
mas muchos le seguían adorando.

Que estos versos no son míos
se los he robado al viento
de un suspiro, muy contento,
y he sentido escalofríos.

ESTACIÓN DE ALDEA
La tarde moría sobre las acacias.
Del campo venía la brisa aromada;
las aves callaban, los grillos cantaban…
La tarde moría.
©Fernando de Villena.