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»JOSÉ MARTÍ
Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma,
Y antes de morirme quiero
Echar mis versos del alma.
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Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma,
Y antes de morirme quiero
Echar mis versos del alma.

La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
La tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.

Esa pulga, viciosa, diminuta,
tan pesada cuando hace sus deberes,
o esa punta afilada de alfileres
que te pincha y al hecho gritas ¡puta!
no es preciso que muestre sus poderes.

Cuando yo sea viejo, mucho más viejo,
cuando tenga ya al menos más de mil años
y en mi rostro percibas solo pellejo,
ya no existan remiendos ni los apaños.

Yo vivo acompañado de la muerte
a espera de que un día el albedrío
decida he de seguir el mismo río
y enviarme por fin al mar inerte.

Hoy yo tengo el alma herida
por nuestro futuro incierto,
porque alguien a nuestro huerto
quiere echarle fungicida
y lograr que la bebida...

Pintar quiero hoy la luna de colores
y vestirla con su traje de torera
para que el mundo la viera pinturera,
y exclamase un olé, olé de mil amores.

Era ella una muchacha de cristal
tan dúctil, maleable y transparente
que aquellos la miraban insistente
temían que estallara el pedestal
dejándoles desnudos frente al mal...
©donaciano bueno
MI CUERPO ES UNA IGLESIA CAÓTICA
llena de culpa y vino
llevo en los hombros
la belleza de la gente que se rinde...
©Luciana Maxit

Caro amigo del alma, caro amigo,
retornar ya al pasado no es posible.
De aquellos viejos tiempos, vino y rosas,
rehenes somos, cómplices y abrigo,
de sueños que en nuestra alma noble y libre
guardamos cual hazañas licenciosas.

Me acerco al mar y él dice no me llama,
la tierra y ella a mi no me conoce,
nadie en el mundo aquí me reconoce,
ni siquiera el infierno me reclama.

Del día en que nací y en que era un niño
yo voy con mi canana y mi pistola
matando cuando encuentro alguna trola,
y observo no hace caso si la riño
así que los demás le hagan la ola.

A ese señor que observa de reojo
y sufre pues no encuentra la esperanza,
que mira para atrás mientras avanza,
se rasca la cabeza por si un piojo
pudiera molestarle con su lanza.

Imagínate que Dios nunca existiera,
que el mundo hubiera nacido de la nada,
que la vida ya estuviera condenada
para hacer lo que el azar de ella quisiera.

Oigo a un tipo que farda de chamán
hablar de un paraíso terrenal,
un sitio de belleza sin igual
do todos los que habitan son felices.

Están entre nosotros, tus vecinos,
aquel que cada día te saluda,
el mismo, el que te dice se la suda
la historia, que le importa tres cominos,
y esconde su rencor bajo la muda.

La vida es placentera y muy tranquila.
Comienzo en la mañana paseando,
si siento que al andar me voy cansando
me paro en un café, tomo una tila.

La tarde permanece fría. Es abril,
tras mi ventana asoman nubarrones,
la luz se esconde detrás de gotas mil
jugando al escondite. Los sermones
de las iglesias pías, de pasiones.

El tiempo que tardaste en recibirme
dudando que te hubiera traicionado,
lamento tú anduviste equivocado.
Si hubieras preguntado y no reñirme,
el duelo ya te habrías evitado.

Todos los humanos aspiran/aspiramos a vivir bien.
Todos los que viven bien quisieran que los demás también vivieran bien (si es posible un poco peor que ellos).
Todos los que no viven bien critican y envidian a los que viven bien.

Que aquello era dudar, insuficiente
tomar un buen atajo, no sabía
pasar desde una vía hasta otra vía.
Dejar que le llevara la corriente
aquel era su Dios, en que creía.

Andalucía tiene arte,
lo sabe to er mundo entero,
tiene gracia y gran salero,
tiene enjundia que reparte.
Su gracejo pinturero
se conoce en cualquier parte,
en humor punto y aparte,
pero no tiene dinero.

Esa tarde llovía y me pediste:
¡ven conmigo, quiero ver a mi padre!.
Recuerdo como a un taxi me subiste,
la foto aquí la guardo con su encuadre.