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»SALVADOR DÍAZ MIRÓN
En buen esquife tu afán madruga,
el firmamento luce arrebol;
grata la linfa no tiene arruga;
la blanca vela roba en su fuga
visos dorados al nuevo sol.
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En buen esquife tu afán madruga,
el firmamento luce arrebol;
grata la linfa no tiene arruga;
la blanca vela roba en su fuga
visos dorados al nuevo sol.

Así es él, creyente, un descreído
que un día al terminarse la jornada
contempla con rubor no cree en nada
e ignora incluso aquí a qué ha venido,
si acaso es que se encuentra confundido...

Ayer me encontré en el bar
a un tipo muy desgarbado
que sentose allí a mi lado
y se puso a conversar.
Yo, como soy educado...

Si yo gozara el don de esa palabra
que al alma con fervor enardeciera
haciéndole sentir es primavera
gracias dando al labriego que la labra

No puede comprender lo que está viendo,
quisiera no pensar que es retrasado,
que va como alma en pena resistiendo
a fuerza de a si mismo estar mintiendo
mirando sin cesar hacia otro lado.

Si hoy yo pudiera hacerme otro cerebro
o si dios al hacer me consultara
haría al que es actual un buen requiebro
evitando que fuera cual enebro
torcido, y si es posible enderezara.

Pongamos que yo soy un comediante,
que gozo fabricando mil enredos,
un tipo inaguantable, petulante,
de mal genio, carácter mal talante,
que va tomando el pelo con sus credos.

Si siguen inventando más idiomas
seguro es que algún día llegará
que existan más lenguajes que carcomas,
cada uno sólo a él mismo le hablará.
¡Con pan tú te lo guises, te lo comas!

La muerte se aproxima a nuestras vidas,
campando va a sus anchas por las calles,
del cielo en las montañas por los valles,
a cuestas con sus idas y venidas,...

Un poema es un trayecto a la aventura
que empieza sin saber si en el camino
van a encontrarse abrojos. Y el destino
ha de hacer muy pesada su andadura.

Daría mi alma al diablo si el diablo lo admitiera
partiendo del supuesto que el alma sirve de algo,
si poco es lo que queda, coger lo que quisiera
o con piedad pidiera decirme nada valgo.

El sol, bendito sol, bendita fuente
de luz, la que ilumina nuestras vidas,
y al tiempo da calor, con su aliciente
al alma va curando las heridas.

De nombre Ladislao, como Kubala,
don Ladis le llamaban al gachó;
del día en que a ese pueblo aquel llegó
pasó por esa tierra haciendo gala
de mucho que aprendió.

Nunca fui de algún rebaño,
no lo soy, nunca lo he sido,
con mis versos yo me apaño
mas a nadie le hago daño
de lo demás yo me cuido.

Ahora que los años han pasado,
y que ya se aproximan malos vientos,
que unas ramas del árbol se han rasgado
y otras pocas esperan sus advientos.

Yo he sido un estrafalario y me he sentido un maniqueo
y hasta un tonto en el recreo, como un lelo en parvulario
y en todos sitios he sido, al menos es lo que creo,
adefesio en camafeo de un más triste escapulario.

Mucho antes de nacer yo ya vivía,
no digan que es mentira o que lo invento
y debo de penar por mi osadía,
que todo lo que digo es sin cimiento.

El cielo aquella noche estaba oscuro
teñido de una especie de acetato,
un cielo muy propicio para un gato
que fuera tras la sombra de un conjuro.

¿Qué sería de la vida sin humor?
Le daría al trasero una patada
de quien fuera, que le hizo esa trastada,
a ese mismo que le trajo sin pudor
y le hizo una putada.

Amigo, la distancia es la prisión
que entre ambos interpone sus barrotes,
no se pueden forzar aunque los frotes
la fuerza sólo anida en corazón.

Leo al gran Azorín, pienso en Machado,
Machado y Azorín, pienso en Castilla,
ambos son componentes que a mi lado
endulzan el café que, azucarado,
le sientan como un beso a mi mejilla.