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»GABRIELA MISTRAL
La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
La tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.

La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
La tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.

Aduvo en el andén de la estación
mirando por si el tren al fin llegara
y en medio de la gente se parara
llorando de alegría y emoción
y amable le abrazara.

Por la vereda del río
en un angosto sendero,
voy bordeando la orilla
de un afluente del Duero
de nombre rio Arandilla,
contento ¡que maravilla!
¡qué viaje más placentero!

Orificio es la hendidura,
un conducto funcional,
la abertura principal
que al humano ser procura
refrigerio personal.

Soñé que estaba soñando,
que soñaba yo soñé
que una estrellita bajaba,
en mis manos se posaba,
una brisa la empujaba
y despacito se fue.

Hoy he venido a verte
y no me has recibido.
Hoy he querido hablarte
y no me has escuchado.
Lanzar solo me queda lamentos al olvido,
dejar vaguen mis "ayes" sin rumbo por el aire.

Un cero, eso soy yo.
Un ser que no quiere ser,
que está aquí porque dios lo quiso
según dicen. Y fue así, sin previo aviso,
que en este putrefacto mundo su cuerpo vino a caer.

Ciudad teñida de añil, de citas hueras,
de calles amordazadas sin consuelo
di ¿quién te ha dormido a ti, por qué el consuelo
no camina pululando en tus aceras?

Se sabe o no se sabe,
se inventa y no se dice
si Dios tiene la llave
o el diablo es quien bendice.
Se escucha o no se escucha
o son meros rumores;
debajo de la ducha
no hay peces de colores.

Tu eres pollo de perdiz
que navega sin consuelo,
sin poder alzar el vuelo,
despistado entre los surcos
asfaltados y parduzcos
por las calles de Madrid.

Una rosa en un rosal,
y una alegre mariposa,
un jilguero en un zarzal,
un día primaveral
y una lágrima mimosa
que resbala temblorosa
hasta llegar al ojal
de aquella flor tan hermosa.

El día que me toque, me decía,
yo a tí no te he de dar,
que aquello que me sobre he de donar
a aquel que me vendió la lotería
y el resto me lo vuelvo aquí a jugar.

Mi infancia son retazos de un pueblo de Castilla,
pequeño, primoroso, silencioso y coqueto,
de mil mieses doradas en campos, recoleto,
brasero en el invierno en la mesa camilla.

Te quise en el verde pino
junto al angosto sendero,
aquel estrecho camino
donde este pordiosero,
trémulo, te dio un te quiero....

Se me ha extraviado un nombre en un granero
de letras, entre miles muy dispersas
¿alguien quiere ayudarme en este inquiero?
las letras me rehuyen, son perversas.

Ángeles es tu nombre. Y yo lo sé
que en motas de tristeza estás cosida,
la oleada de esa mar embravecida
en tu mente ha sumergido sin por qué.

Y nacerán un día sobre tu pelo gris
para decirle al mundo que tu ya eres pasado,
recordarán marchitas tus sueños de aprendiz,
quisieras ser feliz más ya están a tu lado.

Aquella noche yo soñé que amaba
a una rosa brotando en mi jardín,
la flor en la ilusión se disipaba
con pétalos de un bello colorín.

Para saber quien soy aquí he venido
y descubrir soy fruto de un devengo,
si merecí gozar de lo que tengo,
si es que tal vez no soy como he creído,
que en esto de la duda me entretengo.

Yo no sé qué voy a hacer
cuando del mundo me vaya,
si he de ponerme a correr
y así saltarme la valla
para más pronto volver.

Dicen que el amor se cura.
Males hay que al corazón
precisan de una sutura,
de secreción fuente impura,
donde anida la amargura
y se nubla la razón.

Cuando yo me muera…
deseo guarden mis recuerdos, de cartón en una caja de zapatos.
Procuren colocar bien mis retratos.
Incluyan un manojo de cabello y un poco de naftalina