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»SANTA TERESA DE JESÚS
Vivo sin vivir en mí
y tan alta vida espero
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor...
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Vivo sin vivir en mí
y tan alta vida espero
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor...

¡Cómo volaba el pensamiento mío!...
Fue un dulce anochecer. Se adivinaba
por su rumor, bajo la peña, el río,
y la mano del viento preludiaba
un aria triste en el pinar sombrío.

Yo escribo por escribir
igual que siembra el labriego
al voleo; como el ciego
que mira sin percibir,
y que ha aprendido a vivir
sólo mirando hacia adentro
y se siente tan contento
con tan sólo presentir.

El jefe de la Iglesia, don Gregorio,
al tiempo que otra historia nos contaba
se escucha que de un niño él abusaba
poniéndole un final satisfactorio.

Yo sé, no soy de aquí, que aquí la gente
se siente que es de aquí, de aquí se siente.
Yo no me siento de aquí, soy extraño,
que para ser nací de agua corriente
un reguero, un meandro, un accidente,
por no ser nunca fui ni de un rebaño...

Si un día aquí, Yolanda, no te veo,
habrás de disculpar me ponga triste,
del día aquel dichoso en que me viste
tú ha sido un acicate en mi paseo.

Por mucho que te cuenten,
morir solo, sin una mano amiga,
no es digno de algún dios que fuera bueno,
y aun menos si es Jesús de Nazareno;
y al paso que te pisan te revienten
cual fueras, humillada, alguna hormiga.

Hay veces que los pueblos se suicidan,
no puedo responder, no sé por qué,
por mucho que lo pienso no lo sé
¿quizás los que debieran no lo cuidan?
¿acaso sus promesas ya se olvidan?
no insistan, si preguntan no sabré.

Soy muñeco al que la pila se le acaba.
Mas, de todo es lo peor que no hay repuesto,
una mula de atar, burro, un cabestro,
que a pesar de estudiar no aprendió nada.

Porque la vida huyó despavorida,
desorientada y sin saber por qué
ha tenido que tocarle a él la herida,
nadie lo sabe y tampoco yo lo sé.

Cuando yo era pequeño los poetas
con dedos de la mano se contaban,
a algunos muy famosos se estudiaban,
igual que se estudiaban los profetas
y a veces con fruición se recitaban.

La alborada en un pueblo de Castilla
en la plaza mayor. Los soportales
con sus arcos romanos. Catedrales
devuelven al pasado en la mirilla.
mejor cuando florecen los rosales.

De un alfiler en la cabeza fria,
tan linda, tan airosa, tan esbelta,
un día una libélula zurcía
un poema de amor: la pena absuelta.
La luna en ese instante sonreía.

¿De quién es el planeta? No es de nadie.
¿Por qué es que uno se siente de un terruño,
las guerras siempre llevan infortunio,
preciso es a la luz que el sol irradie?

Amor, tu eres mi amor y no eres mía,
un suspiro, mirada, una sorpresa,
el sueño en una noche que no cesa
y volver a ensoñar el nuevo día.

Cuando gocen los pueblos de voz propia
evitando otras voces les suplanten,
alardéen de su honor y se levanten
demostrando que no andan en la inopia.

Estaba contemplando en su mirilla
al mundo que pasaba por su lado
pensando si él se hubiera equivocado
debiendo de mirar desde otra orilla...
©donaciano bueno
VOS VISTE TODAS LAS COSAS
Está negro el cielo este agosto
o por lo menos así se ve
se escuchan los autos, las bocinas...
©Ana Inés López

Me llamaste mi amor, fue aquella tarde
en la que el sol clareaba, que aún recuerdo.
Tus ojos te brillaban. Era invierno.
Por fin pude saber cuando el fuego arde.

Creer o no creer, pues bien, no creo.
¿A qué viene creer lo que no he visto?
así que alguien deduzca le hago un feo,
no soy Santo Tomás y me resisto.

La pena es esa cosa que se tiene
y así que no te guste se disfruta,
la pena es la promesa de una puta
que dice has de parar cuando te viene
y no sabes mediar en la disputa.

Me gustan las meretrices
que esparciendo van su agua,
al igual que hace en la fragua
el herrero cicatrices,
los pollos de codornices
que en surcos vienen, se alejan,
y al cogerlos ahí te dejan
con dos palmos de narices.

Ahora que ya vislumbro nubarrones
me he decidido a tomar la vida en serio
sometiendo las bobadas a un asedio,
las mentiras, las verdades, las razones,
los argumentos de humildad bribones.