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»SANTA TERESA DE JESÚS
Vivo sin vivir en mí
y tan alta vida espero
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor...
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Vivo sin vivir en mí
y tan alta vida espero
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor...

¡Cómo volaba el pensamiento mío!...
Fue un dulce anochecer. Se adivinaba
por su rumor, bajo la peña, el río,
y la mano del viento preludiaba
un aria triste en el pinar sombrío.

Hubo un tiempo, yo andaba con pañales,
lo supe porque oía los rumores,
que allí solo abundaban los rencores
más propios de otras bestias y animales.

De Aranda eres. Presumes de arandino,
que aunque trashumante, tú eres de Aranda.
Lo mezclaste de joven con el vino
y siempre te ha seguido en tu camino
y también con la música en tu banda.

Lo siento, la experiencia me ha enseñado
a siempre pensar mal cuando hay detrás
la voz interasada de un humano,
volviendo por demás desconfiado...
©donaciano bueno
POÉTICA
Aprender a observar, no levantar la voz,
abrazar el encuentro,,,
©Juan Herrero

Cuando acabe la vida, el sol se apague,
las plantas y las flores languidezcan,
las nubes al clarear se desvanezcan
el agua que sustenta, el mar se trague.

De la belleza que pasa
Qué hermosas, y lentas, esas tardes…
La luz traspasando la niebla
con su oro lento y frágil,
la albura de la nube, cegadora y salvaje,
o el incienso del azul ardiendo
más allá de horizontes y de cabos…
©Xavier Seoane.

Ese bosque verdiseco solitario
donde al pino le amamanta la hojarasca,
-secas hojas de tamuja y de carrasca-
son la alfombra que da lustre al arbolario
como el vino que embriagando va a la tasca.

Me levanto y empiezan ya las dudas
cual sombras que a diario me acompañan,
dudando son verdad o ellas me engañan,
pidiéndolas que sean más sesudas,
tratando de mostrar cómo me arañan.

Bendigo y maldigo y me contradigo
beodo de una copa de aguardiente
y cuanto más me digo más desdigo
y evitar deslizarme no consigo
siempre por la pendiente.

Yo pa' vivir no necesito nada,
que vivo del amor de lo que escribo,
los versos que blandiendo va mi espada,
la luz que me deslumbra iluminada,
los sueños que persigo.

Bendito seas Juan me dijo un día
un tordo que soltando una cagada
la vino a descargar esa pedrada
creyendo que mi pelo así crecía.

Yo allí me encuentro a gusto, mas nunca volveré,
que aquella no es mi tierra, aunque me sienta a gusto.
Si hubiera de volver, siempre ir yo intentaré
allí donde me acojan y piensen que soy justo.

A veces me entrometo
y hasta en los asuntos propios me inmiscuyo
y les pierdo el respeto
y cotilleo. Y huyo,
sin permiso, bendigo y los aireo,
Y leo y leo y veo
y cuando tengo chance los voceo,...

El río en que de niño me bañaba
de nuevo he vuelto a ver,
sentado en esa orilla él me miraba
mientras yo con la mano acariciaba
viendo el agua correr.

Ella nació y creció sin saber nada,
ni siquiera saber de quién naciera,
vagabunda, fue el cielo su morada
su vivienda una ignota carretera.

Hoy robar está de moda,
no hace falta ser trilero,
pues la magia del dinero
hace a la bondad beoda.
No entiende de condición,
cuanto más ricos, mas roban
y las vergüenzas ahogan
con solo pedir perdón.

El mundo en que yo vivo no me gusta
pues lleno está de sierpes y alimañas,
que tratan de joderte con sus mañas
escasos de piedad. Y a mi me asusta

Ha crecido una rosa entre mis cejas
sentada entre los ojos en la frente,
allí está plantadita, sonriente,
mirando hacia el paisaje, está sin rejas.

Para que tú me entiendas, los idiomas
son piedras que te tapan el oído
que algunos con vileza te han metido,
y tratan de adornarlo con aromas
de un tufo de mentiras revestido.

Aquel mes, recuerdo fue aquel día
en que el cielo mostrara sus temores,
que la tierra acechara con temblores,
el sol bajo una nube se escondía,
y hasta el hombre pensó que se moría
buscando algún responso y unas flores
con ruegos a María.

Corriente es percibir en los saraos
donde dicen que escriben los poetas
que el hecho les convierte ya en estetas
sintiéndose felices cual fumaos.