¡A LA MIERDA! (con perdón a la mierda)

Mi Poeta sugerido: »Pablo Lorente Muñoz

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Algunos medios toman la mierda,
la diseccionan, la desparraman,
la dan mil vueltas, derecha izquierda,
cuidando siempre que hedor no pierda,
son como buitres que de heces maman.

Son como lapas, son carroñeros,
y la manejan con maestría,
de unos tras otros son prisioneros,
siempre pretenden ser los primeros
a cala y cata de esa sandía.

Cuanta más mugre más hacen caja
que aunque no es juego en él se recrean.
el as es ese de su baraja.
Si la marea vieran que baja
echan más leña y se regodean.

Y aunque no crean moral no tienen
son de esa mina meros esclavos,
que ellos publican si les convienen.
Y al beneficio sólo se atienen,
simples, son siervos de unos centavos.
©donaciano bueno

Para algunos medios de comunicación las tertulias políticas se han convertido en un estercolero en el que sólo hablan de corrupción, dando vueltas una y otra vez al mismo tema intentando que cada vez huela peor. Ese es su negocio. Así de simple.

POETA SUGERIDO: Pablo Lorente Muñoz

Pablo Lorente Muñoz

TITULARES

Los miembros del G-8 se reúnen, de nuevo,
para hacerse una foto en algún lugar blindado,
tanto, que no pueden ver lo que pasa
en su país, a su alrededor, ni en sus ordenadores
pirateados por otros miembros amigos y enemigos
tan solo amigos del dinero de la foto.
La selección de fútbol gana en algún país en guerra
de cifras, que no gasta sino en balones,
en estadios faraónicos por unos días
mientras la gente se concentra, asalta, se manifiesta
hartos de que los de arriba decidan por ellos, hartos.

Hartos de que la bolsa se desplome y la de la compra
suba y suba hasta casi no poder alcanzarla,
y los recortes se recorten y las becas se acaben
en una primavera árabe, madrileña, brasileña
o de cualquier otro punto del mundo, unidos todos ellos
por el Google espiado, por el Facebook espiado
por espías que luego se arrepienten de sí mismos.
La democracia mancillada una y otra vez mientras
se nos intenta convencer e intentamos convencer
a otros muchos países de que es lo mejor, o lo menos malo.
Algunas inundaciones en un verano invernal que nos salva
del desierto porque “Winter is coming”, porque el invierno
siempre está viniendo, como el rescate a la banca,
o a todo un país con una cuerda convertida en soga.

Para finalizar noticias alegres de pan y circo:
algún jugador se esfuerza y gana,
otro campeonato, otra liga, millones, l
as fiestas de algún pueblo, un concierto,
un cocinero famoso que nunca nos dará de comer…
¿Quién nos salva a nosotros?

ALGUNA GUERRA EN ALGÚN SITIO

Mira cómo se retuerce entre sus cenizas
y mira al cielo mientras cae la lluvia,
sin reconocer nada de lo que ve
porque no siente nada.
Ni las bombas como granizo en los ojos
ni la muerte de sus amigos,
ni los muchos ladridos de los perros en jauría
que vuelven a la carga para apoderarse de lo que quedó.
Ellos son los únicos dueños ya de este mundo infernal
de aspavientos del dolor y quejidos de nada.

Y tú que te piensas y te crees mejor que ellos,
sentado en un cómodo sofá con la nevera a rebosar
de mentiras que te llegan con un mando a distancia
que te da un cierto poder, el mandar en algo.
Pero en ese resquicio de poder una advertencia
mira tu alrededor, lee estos informativos y date cuenta
de que no tienes ni idea de nada,
de que no has entendido nada
porque ese poder es como todos,
terrenal y pasajero, el reloj sigue contando
y tarde o temprano te los encontrarás,
todas esas caras de los informativos
te estarán esperando, tarde o temprano.

¿Y ahora, vas a cambiar de canal?

EL AULA SIN MUROS

Todas las mañanas a sangre y hierro con mucha gente,
con la inocencia absurda de pretender enseñarles algo
y sin la certeza de que tenga validez el día de mañana;
el sentido de la frustración, día tras día, en los muros
siempre aburridos, porque si no,
si fuera divertido, les cobrarían una entrada.

¿Para qué? Me pregunto, nos preguntamos.
¿Para que una mentira se convierta en una verdad?
¿Para continuar el ciclo sin tiempo con otra mentira?
Y así van pasando las horas y los días y los meses
hasta que llega el verano y me puedo mentir a mí mismo,
otra vez con tu recuerdo quizá,
con unas vacaciones en algún país bonito,
porque hasta en esas sucursales del infierno
hay lugares bonitos pagados con billetes bonitos,
bonitos porque la gente de sus sitios no saben ni cómo son,
vedado el acceso, como a tu recuerdo.
Tras tanta mentira podemos hacer que la verdad,
—hasta de eso somos capaces—
cambie de cara, a fuerza de ser tan cara.
Con mis mentiras construyo muros perfectos e invisibles.
Por eso, nadie se atreve a cuestionarlos,
porque al que propone destruirlos lo tildamos de loco.
Aunque en el fondo lo envidiamos,
tanto a él como a su suerte,
un ostracismo mítico y prodigioso.
Eso, si con suerte podemos mirar más allá de los muros.

EL FINAL DEL AMOR

Tú me prometiste un cielo azul infinito
poblado de nubes benignas y vientos de amor.
Yo te prometí que cazaría para ti un dragón
con alas de terciopelo y aliento de sándalo
que tú amaestrarías para nosotros y nuestros hijos,
y que las estrellas dibujarían nuestro nombre,
y nuestros hijos nacerían de pasión de luna llena.

Tú me prometiste que el amor no entraría en nuestro hogar
porque sería imposible que cupiera más.
Yo te prometí que amor sería, en mi limitado léxico,

la única palabra de mi vocabulario todos los días, a todas horas.
DEL LIBRO: En tierra de nadie, Sabara editorial (ebook), Zaragoza, 2014.

TERRENO DESESPERANZA

De sus lágrimas de pez
descendía la profundidad del océano,
el frío de los icebergs
y la imposibilidad del perdón.
De su incapacidad de sirena alada,
colgaban algas que descendían
en lugar de cuerdas vocales,
hilos de nácar en su interior.
Su esqueleto convertido
en ramas de sauce derretido,
del color de muerte de grafiosis.
Sus palabras perdidas, ora en perlas,
ora en corales azul infinito,
en palabras sin receptor y sin sonido.
En sus lágrimas de pez,
se leía la incapacidad,
la impotencia
y la frustración negro primavera.
A cada lágrima,
un resquicio desesperanza,
a cada paso,
un anclaje más en el limo del río,
así era su tristeza.

LA FUERZA DEL AMOR

Se dice, se cuenta, se rumorea
que María Laticia Ramolino
besaba todas las noches a su hijo,
Napoleón Bonaparte,
y la furia de su estrategia
no conoció más que el confín del frío.
Se dice que Klara Pölzl arropaba cada noche
a todos sus niños, Adolf Hitler entre ellos,
el mayor creador de imágenes de la Historia,
no las olvidaremos por los siglos de los siglos.
Se cuenta que fue tiernamente criado
en palacio con mimos infinitos,
Vlad III de Valaquia,
durante años y mientras tuvo fuerzas,
bosques kilométricos de empalados
se alzaban en el horizonte.
Se rumorea que el niño soldado
con ojos de selvas impenetrables
y matanzas propias y ajenas,
tras plantar un bosque de minas,
recuerda todavía las caricias paternas,
mientras limpia su AK-47.
Cuánta fuerza el amor.
A Iñaki Ochoa de Olza, Francisco Salgado
Rivera, Antonio Galea Gordillo, José María de
Miguel Renedo, Miriam García Pascual,
Leandro Arbedo, Xavier Ormazábal, Rafael
Guillén, Pablo de Miguel Renedo, Guillermo
Mateo Yeste, Antonio Miranda, Atxo Apellániz,
Félix Iñurrategui, Javier Iturriaga, Manuel
Álvarez, Javier Escartín, Lorenzo Ortiz, Javier
Olivar, Pepe Garcés y tantos otros que murieron
en las alturas mientras intentaban resolver todo
este desbarajuste.

YO HE VISTO

Yo he visto,
salir humo de los campos,
lluvia de cenizas blancas sobre campos
negros,
mientras todo el mundo miraba hacia otro
lado,
donde el dolor gritaba sin saber lo que le
esperaba.
He visto que la luz todopoderosa
de la bomba nuclear, sólo ha servido
para llenar los arsenales de todo el mundo
y gastar más y más de nuestra frustración,
en prepararnos a conciencia para destruirnos.
He visto caer bombas de todo tipo sobre
Sarajevo,
y los efectos en los hospitales, en los
mercados,
en las almas que intentaban salir de su cuerpo
y correr en busca de refugio con suerte
dispar.
He visto destruido el compromiso, destruido el
honor y olvidada la palabra.
He visto una ocupación tras otra,
a los tanques de juguete disparar, destruir,
atropellar,
y la leve resistencia de un alma armada con
nada
y por ello, temiblemente poderosa.
He visto tratados de paz
olvidados antes incluso de firmarse,
como si la foto trajeada de rigor,
pudiera devolver a los hijos la sangre a su
morada,
las lágrimas a los ojos
y detener los ríos rojos con banda sonora de
kalashnikov.
He visto a miles de niños morir de
hambre,
mientras los mayores apostaban sus pieles en
los mercados,
mientras sus gobernantes robaban a manos
llenas
para llenar la cueva de Alí Baba,
y no ser nunca cogido con las manos vacías.
He visto fabricar más y mejores
perfectas herramientas del olvido,
en forma de pastillas, de polvos blancos o
supuestas medicinas,
para facilitar la labor, para hacerlo todo aún
más fácil
y seguir ajeno a toda la existencia del
fracaso.
He visto destruido el compromiso, destruido el
honor y olvidada la palabra.
He visto un asesinato, uno más,
un tiro en la nuca, un fusilamiento
sumarísimo,
un degüello sin gloria y con pena,
un coche bomba hacer añicos una vez más la
esperanza.
Una y otra vez, he visto
a los mejores cerebros de mi generación
fracasar,
una y otra vez,
y levantarse tantas veces como hiciera falta,
cada vez con un golpe en la frente y una
cicatriz en el alma.
He visto a mi pueblo convertido en
hordas de almas en pena,
ilusionados con unas zapatillas,
una televisión gigante o un móvil de última
generación,
buscando elementos que los dignificaran entre
tanto caos,
y equivocándose al desdeñar el caos y no
nombrarlo.
He visto destruido el compromiso, destruido el
honor y olvidada la palabra.
He visto a la mujer más bella del mundo,
envejecida, ajada y desolada por el fracaso,
pensando en sus ancestros, y en sus fracasos
y como tantas otras veces y otras tantas
causas,
no ha importado nada.
He visto, al fin, el final de la luz y la era
sin energía,
iluminada tan sólo por la esperanza de la
palabra.

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