TRANQUILIDAD

Poeta sugerido: Héctor Rosales

EL POEMA Lee otros poemas ESPIRITUALES

 

Aquí la vida pasa lentamente,
con lánguida sordina, y es tediosa,
sólo existe la calma y el presente
se alarga sin cesar eternamente
cual agua que resbala de una losa.

Aquí se escucha el eco en retroceso,
pareciera el futuro se haya ido
tras aura compungida de algún beso
que presiente llegado ha a su deceso
en medio de un espacio adormecido.

Que aquí ahora no se oye ningún ruido
y hasta el viento parece que está ausente,
el ansia por gritar se halla escondido
entre brumas del alma dolorido
para al fin suicidarse en parapente.
©donaciano bueno

Mejor solo que mal... Clic para tuitear
POETA SUGERIDO: Héctor Rosales

Héctor Rosales

PRESENCIA DE LA MÁSCARA

Islas: tanta claridad es misterio.

IDA VITALE

Su mutismo borraba las jaranas, los taconeos
cercanos al traspié, los acertijos que anoche pisaron
adoquines en aquella romana esquina gris.

Apretado y perfecto el carmín, más rojo
que la cabellera de plumas lloviendo sobre el antifaz
dorado, con algo de ese sol a su mañana esquivo;
muy negras, rotundas, las hojas negras
de sus pupilas, la capa bajando
en impecable caída hasta la ausencia de piernas;
mientras una blancura turbadora dibujaba
su cariz contra el tumulto de la calle.

Así la máscara, preparada para oferta,
al lado de la puerta de un comercio que ignoraba
la respiración de tal mercancía.

Indagué al pasar el absorto perfil,
su probable vida, sus sueños de fiesta, su espera,
y lo que habríanle murmurado al rechazarla.

La besé con el disparo de la foto.

Y no le dije adiós al dejarla, casi cabizbaja ante
la inminencia del frío, ante las antiquísimas columnas
que aún soportaban los restos de los restos de argollas,
caballos, carruajes y armas implicadas en siglos
y pretensiones de gloria.

No le dije adiós. Y permaneció sin la menor sombra,
impávida frente a las farsas y la providencia, sin nadie,
sin nadie, con todos nosotros.
Roma, 12 / 2008

EL INCENDIO

Escuché los gritos de los árboles
en el incendio, el reseco bramido
de la humareda, la coral fundida
del bosque fraterno. Quedé solo.
Nada pude hacer. Ni la primavera,
oyente de luto, viuda inesperada.
Años, aves, albas, vientos, todos
fuimos hojas, ojos cerrados, ramas
del esqueleto intacto de la noche.
Barcelona, agosto 2011

CULPABLES

Lo debemos asumir, piedra intratable
horadando nuestro tejado, mano
que desligada del brazo
se vuelve puño contra su pecho
ya vaciado de afán:

Estar es terminar
aceptando
lo que no podemos corregir.

Entonces y ahora cómplices
del viento aborrecido
en los espejos. Encorvados
barriletes en cielos y dedos
y días forasteros.

Las circunstancias
entrelazan el nudo, colocan
los filos, indican la ruta
preferida del veneno.

Lo debemos asumir, quitando
el injusto estigma sólo dispuesto
por cobardes, adocenados
devotos de la incomprensión:

Aquí, en este ciego soplo
donde nos crían los desgastes,
el menor culpable
es el suicida.
Barcelona, 2012/ mayo 2015

Ruptura

el refugio inmune ha dudado

esas pupilas a través de la playa del episodio
interrumpido por las mismas diversas saetas
dirigentes de tu rumbo haciaquí

observabas las aguas dormidas y eran ellas que desde ti
me miraban moribundos rubíes
pautaron en laxitud
nuncasumibles conveniencias

y quedar dentro de aquellas fosas
afiebrados no salir y sin embargo ya fuera
de nos-otros ya el viento en nuestrarena

observabas pero yo no estaba en esos minifundios
que contemplaron cómo los veneré cómo
en medio de aquel sueloxigenado
al que apostamos

quién traería estos oleajes los peces ahogados
las trampas de la repentina medusa

observabas
desde tus dedos apretados de inocencia y de no

rodaba un mañana similar a otoño eterno
y ambos evitando el centro

nos
otros

que teníamos la ecuación del hielo
resuelta con puro abrazo

los que acorralamos desgracias armados de humor y fe

otros

los que habíamos mantenido al sol
desde la orilla

Arbustos al borde de la vía

A Fernando Cabrera

arbustos al borde de la vía fibras del pensamiento
llano llamado esmeralda por cortos cables
verticales luego madejas del baldío avisos
vaticinios
pasto sin más usuario que mi aliento rastro
mío verdemente inmóvil cuando paso inmóvil
sobre carriles extremados a la estación de ceniza

bustos al margen de la huida testigos
atónitos de un pasaporte indefinido cada uno
arriando estrechas lupas que la carestía empaña

siento esas pupilas esas fuentes alcaloides
modificando vegetales dándoles la grave
información que de pronto al viento excita

tos al cabo del temblor en los macilentos conductos
de la tierra tos que trepa hasta mi espalda
verdemente doblada como un tallo un quebrado
cristal mientras me alejo

Semblanza II

cambia la hora su indumentaria de ayeres
mientras el señor se acuerda de los manzanos
aportando turgencias a la siestagraciada

tal vez sea cristal la carretera
que diametralmente atraviesa la estancia
donde un escritorio silla trenzada cirio
lápiz cuartillas grises boina y alcanfor
rifan la suerte de un poema estremecido

de ayeres borra la mano vestuarios
que cruzan asimismo el ámbito sin estufa
y es azul melodía de la edad
lo que quiebran los bronquios contra el sol
apagándose

desde un retrato reducido emana
verdores la miradadolescente desnudando
cincuentaños de chica trigales y altillo
plazas y sábanas como aves
picoteando fuegos y eneros haciatrás

pero nieva
sobre las áridas alfombras que la noche
confunde con la ruina ante las instrucciones
del río al sendero por los abiertos panes
rechazados que contempla la ridícula sonrisa
en el vaso cautiva nieva
entre las cejas del señor
al moverse una muchacha pelirroja
a través de los tatuajes del jardín
y traspasar la pared para detenerse ante
su propio retrato

y delicada lentamente cerrar
los párpados de un hombre que no escribe
ni sueña ni aguarda
ni extraña

Silencio – Octavio Paz

Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.

Te sugiero seguir leyendo...
Que amar no es fácil. Amar, ¿a quién, a dios?,quizás sea mejor amar al diabloque…
Scroll Up