AL HAMBRE NO HAY PAN DURO I

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Al hambre no hay pan duro se decía
cuando era yo pequeño.
Mejor es perecer en el empeño
que hacer del abandono, no hay tu tía,
pensando eres un leño.

Mi madre que era experta en esas lides
de panes y los peces,
mi madre que entendía de almireces
hacía distinción en lo que pides
y si es lo que mereces.

¡Mendrugo me espetaba, eres mendrugo!
frunciendo el ceño y hosco,
mas siempre me guardaba a mi el corrosco,
fingiendo que mi hermano era el besugo
yo me comía el rosco.

Las madres ya se sabe son capaces
de al hijo dar su vida,
y empiezan desde el punto de partida
a urdir la trama que aúne a los rapaces
sin dar una estampida.

Después los hijos pasan y le ignoran,
tienen otros amores,
los hijos cual avispas con las flores
con polen de otros órganos afloran
y expanden sus olores.

Mi madre era una santa en su ceguera
y el pan era mi llanto,
que estaba prohibido a cal y canto
dejarle que él al suelo se cayera
besando igual que a un santo.
©donaciano bueno

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