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IDEAS! (mi poema)

Poeta sugerido: ''Rafael Vargas González''

MI POEMA…de medio pelo Lee otros poemas FANTÁSTICOS

 

Ideas son efluvios que insistentes
existen aunque tú nunca las veas,
que brotan de la savia de las mentes
cual rios con geniales afluentes
y un agua del que tú siempre alardeas.

Ideas que aunque ignoras las cortejas
pues son a divulgarse reticentes,
y admiras pues valoras y aconsejas,
resistes a meter entre las rejas,
quisieras que estuvieran más presentes.

Hay otras que andarán por el desván,
las viejas, las que están ya desgastadas,
o esconden por aquel del qué dirán,
dormidas, que esas nunca aflorarán
e incluyo a las que fueron apocadas.

Ideas de la buenas, las fetén,
se cuentan con los dedos de las manos,
¿preguntas quién la tuvo? no se quién,
vinieron al tran tran con su vaivén
de sitios que se cuentan muy lejanos.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Rafael Vargas

Rafael Vargas

El tiempo. Quién nos iba

a decir que el tiempo
nos mataría antes de comenzar.
El tiempo nos ha contagiado
y sometido. Nuestro tiempo
nos ha condenado a vivir
una vida que suplanta a la vida,
una jodida metáfora colectiva.
Los niños mueren por culpa del tiempo.
El ahora, es su ahora
y las miserias del poder
con nuestra mansa pasividad,
han programado para ellos
el ayer del porvenir.
Hay en sus ojos
parte de nuestra muerte.

Tras arrancar setenta calendarios

ya no te engaña el candor de las violetas,
con el éxodo de los sueños
la vida es ya
una muchacha que nos olvidó,
ya ni recuerdas cuándo adquiriste la locura
de gastar la existencia
sembrando fábulas como un dios ebrio.
El tiempo mueve su dolor
Y cuando te haces con él
y lo guardas en los sargazos del alma
como el ruiseñor guarda el suyo
para la ribera, hay que imponerse a la fuga.
¿A dónde ir si no a la vida?
Detrás de la muerte sólo hay más muerte.
Que el mármol no nos corrompa
ni la tramposa inmortalidad tampoco.

Cambio mi vida por el sueño de un niño

o la sombra de las palabras
por el alma de un río
o la flexible gracia del guepardo
por el lastimero gemido del Stradivanus
o la apasionada tinta de la amapola.
Cambio mi vida por el iris de una perla
o la transparente cruz de la libélula
por la honda raíz de la siguiriya
o la angustiosa fugacidad de la mariposa

Cambio mi vida porque no se adonde ir…
¡Decidme, para qué la quiero!
Si pudiera olvidarme de lo visto y oído,
de los dos rostros de la verdad, de tanta nada.
Elegir nos deja más sedientos. Sí. Ya sé:
al poeta sólo le alimenta el hambre.

El paradero de la luz (fragmento)

El sur, éste sur hermoso
y miserable, es una gran herida.
Tierra de paso de razas
y de tiempos, mezclando
saber y barbarie…

Hubo un día en que quise

ser viento.
Vestirme de fina brisa
con incrustaciones de nube,
rodar por los siglos
como el azor se coge del aire,
pero los años me ensenaron
la horizontalidad del agua.
Fundé mi fe en los hombres
y estos se traicionaron,
averigüé su amargura
y la mía se hizo infinita,
quise para ellos el más alto azul
y prefirieron la greda,
pasar los duendes del rocío.
Y reincidieron, una vez y otra,
como perdidos niños.

Las nanas del galeote

Yo, tierra, destinada a ser tierra,
tierra primordial
inocente y sencilla,
de rotaciones incontemplables,
cada día asciendo un peldaño
hacia esa otra tierra de surcos celestes
donde madura la luz […] Por eso, yo, mitad barro, mitad
transitoria carne; tosca arcilla
o mantillo fértil verticalmente alzado
que se nutre en tus pechos de ensueños,
más hijo de tu raíz que de mi sangre,
quiero pagarte en callado verso
cuanto me diste en polvo y alma.

Alto es el cielo

Alto es el cielo
pero no para el que vuela más allá de las nubes,
ni para el que en él encubre su miedo o su [arrogancia,
sino para quien se atreve a mirarlo
con ojos de inocencia, como acabado de nacer.
Alto no es quien desde el promontorio mira
a quienes pasan por debajo
o el que desde la gran muralla observa el horizonte
y juzga que todo está a sus pies,
sino el que nunca baja la mirada ante los hombres
y jamás halla fango en sus manos;
alto es quien por la calle va dejando vivas
y frescas amapolas y la luz de sus ojos
reparte entre los hombres;
no quien habla alto, ni el que a muchos habla,
ni el que imparte doctrina,
sino el que en la sucia taberna
escucha al extranjero o al sin voz,
el que duda y no halla nada sólido,
sino movimiento, tránsito.
Alto no es quien irrumpe en el templo
con voces estridentes,
sino el que en él, ensimismado,
escucha su voz, que surge de una grieta;
no es alto el músico porque al sonar el instrumento
a todos complazca y de todos se sepa admirado,
sino el que al tomarlo siente cómo en él vibra el [mundo
y en sus dedos la nada del aire se llena de sentido,
pájaros que vuelan hacia el norte,
nimbos tejiéndose en la aurora.
Alto el que se entrega, el que se da,
el que lleva siempre a un niño
arrullado en sus ojos, el que se rinde por amor,
el que por amor destruye el palacio,
el que perdona, el que al llegar a casa,
secándose el sudor, exclama,
bien estuvo el día, lo he vivido.

La luz nadie la escoge: llega,

siempre virgen y siempre diferente.
El poema nace de la raíz
del instinto y de la luz.
La luz que lo piensa,
que le da sentido y lo fija.
La luz donada que geometriza
la vastedad del lenguaje,
el ritmo, la música
y los alfabetos de la noche.
La luz que deja pasar el infinito
balido del silencio.
La luz no se ve, es un hecho:
médula, hueso y esencia del poema.
La luz que hace diferente al poeta.

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