LA VIDA, ESA BENDITA FLOR

Mi Poeta sugerido: »Dennis Avila

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La vida, esa bendita flor, la vida,
dichoso el despertar cada mañana,
respirar y asomarse a la ventana,
feliz al mundo dar la bienvenida.

La vida, es esa alfombra divertida,
que se exhibe vestida de torera
su gracia y su belleza placentera,
sobria a veces y alguna vez bebida.

La vida es esa niña que atrevida
tan linda, tan alegre y pinturera
inunda a nuestro hogar en primavera.

Aunque pudiera haber otra mejor
me gustaría guardarla en alcanfor,
me llena de dolor su despedida.
©donaciano bueno

Una flor al alcance de tus manos Clic para tuitear

De la vida se ha escrito de todo, bueno y malo. Cada uno la pinta como le place. Este es un humilde canto a la misma.

POETA SUGERIDO: Dennis Avila

Dennis Avila

Ausencia

Pensar que uno es el hombre
que un día despierta a la par de una mujer
y ella está más humana que nunca
y uno está más despierto que vivo.

Saber que éste es el instante
en que las miradas chocan
y ahí las paredes indecentes de luz
y por allá las ropas.

Volver a las estaturas a lo largo de los cuerpos
y otra vez estas pieles descalzas
estos mismos aparatos digestivos.
Hombre y mujer
de pronto dos ríos arrancándose las aguas:
a esto se le llama dos ángeles caídos.

Se hace el amor, se hace el odio
pero antes del amor
todo un mundo de cosas aburridas
que después se lloran a solas en un cuarto.

Prehistoria del deseo, post aniversario
de la culpa
dejemos las cosas en paz, estos son
los tamaños.

Y pensar que uno es el hombre
que otro día despierta a la par
de lo que llamaremos ausencia.

Paz

Te declaro la Guerra
porque la paz no se define entre tecnología
entre edificios y corbatas.

La paz se siente cuando llegas a tu casa
y te conduces a tu desorden
– por los momentos
hermoso
donde nadie reclama las perchas
de tu ropa herida.

La paz es la dificultad de palabra en tu cólera
el temor a que una estupidez te co:
conformarte con arrancarle
las alas a una mosca.

La mano, instrumento de la piedra
no se compara a la paz de tus sentimientos
en buen estado
ni al color de tu sangre
fluyendo a patadas del corazón
aquella tarde que por fin pusiste el amor
en otra parte.

Por eso te declaro la paz.
Que gane el mejor perdedor.

Al derecho del espíritu

Me preparo para ver tu acontecimiento
y ver tus ojos: evolución
de párpados prehistóricos
y ver la sombra sobre las paredes: anda cerca
/la luz
pero es mucho pedir viniendo de tu ausencia.

Me presento con mi tristeza a tiempo incompleto
porque tropiezo con amables esquinas canadienses
a pesar de que el día acabe con los ojos abiertos
y una noche no pueda ocupar todo tu cielo.

Pero déjame contarte: he recibido todo tipo /de amenazas
heredero del futuro, mi piel dice mi raza
digo estrellas
constelación con mis lunares.
Cosa mejor: ya no tengo un lugar en el espacio
soy del tiempo
un lugar en el tiempo
el otro día el otoño me arrancó unas hojas.

Me gusta decir agosto
me gusta decir aquel abril
¡qué prohibido otoño el del trópico
de mis recuerdos paisanos!

La historia es el cementerio
de los sobrevivientes.
Me paré sobre un glaciar
y me dolió un dinosaurio.
Vivir es el único pretexto para evitar la muerte.

Este no es un libro de amor.
Es un libro de vida.

MUTACIÓN

Los poetas no se van:
su destino es un grillo
que raspa las paredes de la noche.

Al abandonar un país
creen dejar su infancia,
y lo que sigue
son pasos de niño sobre el mundo.

Alguien les niega un algodón de azúcar,
y no hay nada más triste
que la luz extinguida de un poeta
veinte años después
frente a un juego mecánico.

Inclinan la balanza
por un lugar en el camino
y cada regreso
es un volver mamífero.

Su maquinaria de hormigas
abre un sendero de hojas.

Los poetas son árboles en fuga
queriendo echar raíces
en un planeta propio.

FRONTERA

Traigo –en el fondo de mi encuentro–
dos mitades.

Vienen de un lejano verano,
inmersas en su hora necia,
y antiguas
como la edad misma de los acantilados.

Arrastran dos ganas de llegar,
intentan huir a lo deseado;
han escuchado que es ahí
donde las cosas viven.

Una quiere quedarse;
la otra, solo quiere cumplir un sueño,
para que dos mitades
en un bus, en una calle, en un cuerpo
no tropiecen.

En esta cábala de esperas
seguirán buscándose.
cada una se quemará por dentro.

Soy mi ciudad. Soy mi país.
Soy un pedazo de tierra.

Traigo en el fondo de mi encuentro
las mitades de un río
que juntas se apedrean.

VEINTE MIL LEGUAS DE VIAJE PERSONAL

El Nautilus
fue una mantarraya de hierro
que me seguía por las noches.

Cansado del capitán Nemo,
de un pulpo gigante
y otros hechos literarios,
decidió habitar mis pesadillas
con los hilos de agua
que dejaba tras de sí
cuando salía de mi cama.

Lo recuerdo
como el papalote de Neptuno,
saliendo del océano
–hasta nublar el sol–
para caernos encima.

El Nautilus fue un submarino
que dio color
a la oscuridad del mar.

Vuelvo al libro de Verne
para repetirme:
es una máquina buena,
pero algo de este miedo
aún enciende sus motores
en el agua de mi pecho.

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