REO Y CONVICTO

Poeta sugerido: Renée Ferrer de Arréllaga

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En esta vida, amigo, puedes ser
nacionalista, incluso, si es preciso,
no creas que te quiero convencer,
mas la vida es un tiempo, es un inciso
y pronto ha de llegar tu atardecer
así seas sumiso o insumiso.

Las horas que te pasas en tejer
es posible venga otro y las desteja
mucho antes de otro nuevo amanecer.
Es muy simple. La cuenta de la vieja.
Creer en tu existencia o no creer
y ver que ya esa misma se hizo añeja.

Saber, no tienes tiempo que perder,
y andar sin distinción algo remiso,
que debes de correr y en aprender
sólo puedes llegar al primer piso.
Pues dios es muy dificil de entender,
es algo que es oscuro y muy impreciso.

Reo y convicto, ya en este acontecer
cual llegaste te irás sin hacer ruido,
igual que a todos les suele suceder,
con el deber cumplido o incumplido
mas siempre sin saber, sin conocer
qué pintas por aquí, a qué has venido.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Renée Ferrer de Arréllaga

Renée Ferrer de Arréllaga

Abandono

¿De qué remota lengua desasida
proviene este resabio de abandono?
En cavilosa soledad corono
una imagen de niña estremecida.

¿De qué lejano olvido, que se anida
en las letales naves del encono,
desembarca esta queja con su tono
de brisa a la intemperie amanecida?

¿De qué brazos amantes del despego
zarpó el velamen de mi tierna mano,
la brújula extraviada en el abrazo

confinado a la orilla? ¿Qué hay del riego
de besos en que, cándida, me ufano,
si hurté la dirección de su regazo.
Noviembre de 1993

Agua

Nubes, helechos rumorosos, piedras,
mi cuerpo anticipándose a los goces
en la colcha mullida de la hiedra;
la siesta me sazona con sus roces

y un tumulto de pájaros rehúye
el vasto territorio del desvelo;
extrañamente de mis dedos fluye
un manantial que sorbe el desconsuelo.

Mis piernas, los anhelos, mis caderas
en torrentes se fueron escurriendo;
era absurdo que tú los detuvieras
apenas desatados y muriendo.

Yo bien sé que me pierdo en lechos de agua
sin vislumbrar la lumbre de tu fragua.

Ahora me olvidas

Y ahora me olvidas.

Fui anónimo guijarro
tramontando tu arena
pétalo
que se fue desprendiendo de tu cerco
un canto sin acordes resonando
en sordas caracolas.


ahora me olvidas.

Pero cuando entregue
esta envoltura descartable
y
mi identidad se duerma
desbrumaré mis ojos
te miraré con olvido
ahogaré tus palabras
en el silencio.

Andinismo

Los labios suben;
laboriosos, escalan las uñas,
las rodillas
-andinistas de fuego-,
ávidos, se demoran en los pozos de sombra
que conceden la luz.
La exploración se adentra
entre el follaje hirsuto y la fuente pequeña.
Se someten al hueso de un codo guerrillero,
a la remota axila,
a la nuca en declive;
hacen alto en las manos,
manantial de arcanas vibraciones.
La lengua los retiene
en el desfiladero que aísla los pezones,
morados promontorios que erguidamente gimen.
Poderosos ascienden el risco del latido,
la inminencia de amar.
el tembloroso aliento de las cumbres sedientas.
Lentos, suben los labios
hacia el santuario del deseo,
hasta la sonrosada quemazón que los espera.

Bajel del viento

La complicidad de mi cama
se ha vuelto un campo ingrávido y lejano;
ya no tiene largueros ni pies ni cabecera.
Es una interminable llanura incandescente
donde mi ser se calma.
Desprendida del mundo brujulo entre los astros;
deshabito el incógnito territorio del cuerpo,
destrabando mis jarcias,
y parto
desplegando los brazos,
desamarrada y leve:
bajel de viento.

Brindis

Toma la copa de mi corazón
y bebe.

De su cuenco de sombra
paladea
las centellas airosas que me cruzan,
desde el rojo voltaje de sus nervios,
el sabor de mi centro.

Toma mi corazón,
y sorbe
su resentimiento en las rocas,
la espumosa alegría de la mañana,
el dulzor sentencioso de las despedidas,
al atardecer.

Entre tus labios
toma el borde de mi corazón
y saborea
el astringente bouquet de mi secreto.

Si tan siquiera hubiese algo que beber
yo te diría:
toma la copa de mi corazón,
y bebe.

Cifra

Cómo el dolor me abre el deseo.

Tenderme a la vera de tu cuerpo
sospechando las ansias,
los temblores,
ornar con flores robadas
el puente de nuestro aliento
intercambiando besos,
trozos de tiempo.

El sol se nos metió en los dedos
haciendo borbotar
el caldo del encuentro.

Al instante le crece permanencia.

Tu latido dialoga con mi pena
que sin nosotros notarlo
se ha disuelto.

Todo sucumbe al punto, sin embargo,
y vuelvo a ser
una cifra cualquiera en un cuaderno.

Condena

Húmeda y germinada en el deseo,
extraña ante un perfil que desconozco,
cierro puertas,
clausuro el país de la fiebre.

Las personas que amo me ven partir;
se quedan con mi cáscara baldía.

Soy un navío
con el timón varado frente al risco
desde donde despeño la palabra,
prisionera de muros caducos
que asedia un vendaval estéril.

Detrás del empellón del pensamiento
se yerma mi surco de ternura.
Soy un mármol que niega
el beso elemental,
el dulce instante,
prodigando alabanzas
al verbo:
mi verdugo.

Hacia el país de la alegría

Surca el itinerario de la espuma
mi terco corazón desbrujulado;
un esquivo temblor sus velas suma

al luminoso aroma congregado.
Mi acento entre que calla y que te nombra
va alertando al follaje sobre el vado.

Timon el confidente de la sombra,
la luna pensativa me acompaña:
su rojiza preñez mi pulso asombra.

Cambia una nube su perfil, empaña
la túnica radiante de la aurora
y tu caricia con mi sed se ensaña.

En el eco de la musitadora
respiración del monte que nos mira
celebro tu llamada portadora

de un cierto olor en celo que me inspira
a descorrer mis velos, jubilosa.
La garganta de un pájaro delira

despertando el deseo que me acosa;
un jaguar señorea en su guarida,
y late entre sus dientes una rosa.

Cumple la selva el rito de la vida,
acuchillan el agua los reflejos,
y oriunda de la brasa, estremecida,

comparece mi voz ante su espejo.
Recibe arrebatada mi panera
la miga de tus besos. Hay un dejo

de diosa primeriza, de altanera
urgencia de morir en tu debajo,
libertada y, al punto, prisionera.

Abdiqué del silencio y del atajo:
una fosforescencia victoriosa
empieza a germinarme desde abajo.

Fallece en la ribera la gloriosa
marejada fugaz entre burbujas:
yo te aguardo en su sábana arenosa.

El rumor de la fronda desdibuja
leves palabras de confesionario
que el mástil de tu ardor vence y estruja.

Hay un doble gemido solitario,
la llamarada que el temblor atiza,
el empuje genésico, lunario,
del instante que clama y se eterniza.

Insomnio

Del vasto territorio del insomnio,
de su ilímite páramo de sombra,
traigo hilachas de ausencia entre los labios,
una huella que me hurta y que te nombra.
¿Qué distancias de fiebre y desvarío
por las estribaciones de la aurora
recorro suplicante, pierdo, ansío
destejiendo la trama de las horas?
Cuando estoy por tocarte es ya un vacío
la llama de tu voz. Como las hojas
de un vendaval atónito y tardío
tu fantasma mi sueño desaloja.
Me sorprende el lucero soberano
creando tu caricia con mis manos.

Itinerario del deseo

Anoche tuve audiencia con mi cuerpo,
tu fantasma, mis señas personales:
indagué en el desánimo, en el cerco
de mis fiebres. Obsesos arenales

me circundan y crecen hacia adentro.
Me someten sus dunas, a las cuales
rehúyo, añoro, niego, miento, encuentro,
ofrendando el temblor de mis portales.

Sin que medie la luna te poseo
siguiendo de la sangre los puntales.
Dichoso itinerario del deseo
cuando abrevo mi sed en tus panales.

Cuando el alba se apresta a desvestirse
se despiden tus sombras, antes de irse.

La silla

Cuando salí al jardín entré en un sueño;
imán sin voz, vacío luminoso;
desde tu cuerpo ausente y de mi gozo
la silla me habla cuanto más me empeño

en acallar tu imagen en mis ojos.
Me cercan sus espaldas rigurosas.
ofrendándome el sitio donde posas
tus manos, tus caricias en manojos.

En las declinaciones del cordaje
busqué ansiosa el perfil de tu figura
y trenzando mi sed a tu cintura
soñé ser un navío en abordaje.

Mi sonrisa detrás de un jazminero
vio sollozando un ángel agorero.

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