CREER O NO CREER

Jesús Cárdenas (poeta sugerido)

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¿Creer? Eso es absurdo. Yo no creo.
¿Creer algo sin ver? ¡A qué creer!
Quisiera alguien me diga lo que hacer,
por qué debo creer lo que no veo,
si ciego yo no soy, y en mi paseo
en todo lo que encuentro me recreo
y luego yo les digo hasta más ver.

Creer o no creer, es la cuestión,
lo diga quien lo diga, el aldeano,
el mismo que presume de cristiano
y dice no hacer caso a la razón,
el santo, el que es sincero, el que es bribón,
que insisten en tocarme el corazón
diciendo dios me agarra de la mano.

Creer pues nuestros padres lo creyeron,
creer en la conciencia, en la moral
que dicen que está bien o que está mal,
comentan que interesa, que otros vieron,
ancianos del lugar que ya murieron,
los falsos, los profetas que insistieron
la fe para otro mundo es un aval.

Yo creo que creer es un engaño,
un arma que utilizan los farsantes,
que tratan de atraparte en sus estantes
diciendo que el creer no te hace daño,
y ayudan a evitarte un desengaño
llevándote al redil de su rebaño
lugar donde te aplican sus sedantes.
©donaciano bueno

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Jesús Cárdenas

LA TARDE

Algo extraño me dice que la tarde no avanza,
una lenta granada, sin prisa arde el crepúsculo.
Las luces de tu rostro así me lo confirman.
A tus pies veo sombras exánimes del tiempo
–hechas su cautiverio-, que han venido a posarse
como un pájaro negro, aquí sobre estos muros.
Abajo, las antenas torcidas, y, a oscuras,
todos los bulevares; abismo agonizando.
Mis párpados abiertos y todo lo que nunca
quiero ver en la tarde teñida, este final
con un golpe de frío sobre mi frágil rostro.

Yo pude ver aquella tarde estando en silencio.

De Algunos arraigos me vienen (2006)

PRINCIPIO

En el principio
lo soñado pervive de momentos
que son como una doble vida,
como fotos que pueden ser retocadas
en el ordenador de un niño.
En el principio, todo es corazón:
dos labios que otorgan cierta
belleza a las palabras,
miradas que se detienen, y forman
lejanas melodías, esos presentimientos
que a lo mejor no todos se consumen.
En el principio
se apagan soledades con vivo ardor,
máximas y sentencias se repiten.

Es irresistible la tentación
como vino a mí de tentadora
la dulce naranja en invierno,
el sol en el espíritu, locura;
querer penetrar de verdad lo ajeno,
devolverle a la sombra su universo.
En el principio
los crepúsculos arden, late barro profundo,
pisan el umbral decididamente
mis pies descalzos, corazón en mano.

FRUTA PERECEDERA

Las uvas que se convierten en pasas,
unas brevas picoteadas
y pisadas por un pie involuntario.

Esto que apenas dura es lo que soy.

La alegría que sube dos instantes,
la casa limpia al abrir la ventana,
lo negro de una vida insuficiente,
el amor entre adolescentes
y el cielo descargado,
apenas nada,

como una manzana ya abierta somos.

EL ÓXIDO DE LA MEMORIA

Si miro todo aquello, vuelta a funcionar
el raro mecanismo que nos devuelve casi
distorsionado, a veces, envuelto de tul negro,
un sedimento ciego de imágenes, palabras
que nos costó decir, seguramente
donde el presente se desvía lejos
y el vapor del consuelo se dispersa.

NIVEL DE APRENDIZAJE (Primera parte)

Si vieras cómo crecen las raíces,
cómo plantar se llena de rencores,
al no precisar una única respuesta,
un extremo de ti mal calculado
o tan sólo la voraz mansedumbre
con que aceptas algunos comentarios;
palabra libremente traducida.

Fijar el encono es fruta podrida,
detrás de un reducto agrio que no pasa.

Si vieras cuán rápido se consumen
esos felices pétalos en marchito desdén.

LAS PALMERAS

No logro reconocerlas en estos
alrededores de un verano crítico:
lo mismo cortas que altas, en su feliz desidia
sin voluntad de alineación,
con su presente sequedad en las hojas.

Las palmeras se las llevará el viento.

A los paseantes de mi ciudad
necesitan sentir esa especial gratitud
de tomar las sombras alineadas
que descienden rendidas a la tierra.

El deseo de levantar la vista
y encontrarlas siempre ahí arriba,
dignas y doblegadas por el viento,
provoca la aventura de verlas
sin sus brazos alargados, desnudas.

El viento no se lleva las palmeras.

DÍAS GRISES

Habrán de ser distancia, eco lejano
que suspende en los hilos del ocaso,
cada flor, cada sutil cosquilleo
cada brillo de amor, una mirada
sin corresponder, casas solitarias
y unas calles sin nombre ni cartones.
Serán engaños de la soledad
del hombre, de la misma incomunicación,
de esa turbia marea,
que borra las señales en la orilla,
y del tiempo que borran los relojes.
Ahora, hechos de viento y nubes bajas,
se alojan en desvanes y rincones.
Son cuadros carcomidos, erosión
del relieve, icebergs desmoronados.
Habrán de ser distancia aquellos brillos.

DÍAS GRISES

Fragmentos de Cadencia del mar

… y un mar que no es el mar ni su recuerdo
llamando está llenando mi presente.
Como es el mar ¡tan lento! no se apura…
Emilio Prados

I
Volveréis al mar que guarda dentro
el enigma infinito del ser y la materia,
allí por donde discurre el olvido.
entre sombrillas, toallas y hamacas,
de ligeras lecturas de bolsillo,
de tendidos paseos por la orilla,
el vuelo risueño de las gaviotas,
de risas y de costales de arena.
Volveréis al mar, siendo angosto el verano,
distinto a como os lo imaginasteis,
o como esa imaginación agrietada en la vida.

VI

Hoy la mar en tus ojos, sin soplo ni baladro.
Quemaréis la rutina del sueño
de sueños imposibles. Como imposibles son
las horas de ocio detenidas,
el nado hasta la otra orilla,
los recuerdos inmortalizados, siempre.
Un día habréis de volver al mar,
llevando el corazón en la mano, sin prisas,
con la conciencia en toda su desnudez;
regresaréis al refugio mismo del que partiste.
Negadle a la boca el desorden del estío,
la salvación definitivamente amarga.

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