LA VOZ Y LAS PALABRAS

Leopoldo de Luis (poeta sugerido)

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Se me apagó la voz. Ya las palabras
se encuentran en mi boca prisioneras,
están desorientadas en las eras,
que allí no pastorean ya las cabras.
pues solo hay alambreras.

Inútil de rumiar ni digerir,
ya todo se ha secado, está baldío,
incluso ya ha emigrado el albedrío
de tanto que ha tenido que sufrir
por tanto desvarío.

Las lluvias que han llegado en el otoño
al ver el panorama se esfumaron,
algunos dicen ¡ay!, que las mataron
tan hartas que ya estaban hasta el moño
pues las ametrallaron.

La tinta se ha secado en el gaznate,
los libros ya no tienen quien les quiera,
poniéndose a este mundo por montera
se encuentran a la espera de un dislate
dispuestas a la hoguera.

Pues todo está cerrado a cal y canto,
lo anuncia allí un letrero, que difunto
zanjando el discutir va en el asunto
cubriendo a su cerebro con un manto
y al fin le ha puesto el punto.
©donaciano bueno

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Leopoldo de Luis

CUANDO CIERRO LOS OJOS… 

Cuando cierro los ojos vuelvo a verte
por la dorada sombra. No te pierdo.
Vas por las galerías donde vierte
su triste poso el agua del recuerdo.

Hecha pura verdad recuperada,
sin contornos, sin forma, solamente luz,
pura lumbre o gracia enamorada,
caricia transparente.

No eres dolor. Sólo melancolía
o declinada tarde. Herido beso.
Poniente sol que el vago azul enfría.
Ala que pasa y deja un leve peso.

Te recupero aquí. Si el tiempo suena
aquí deja el sonar, hecho latido.
Hasta aquí arrastra su amarilla
arena el huracán que pasa enardecido.

Su rosa la esperanza aquí cultiva.
Pone el amor su dolorosa lumbre.
La tierra cava la verdad más viva
y va dejando su mortal costumbre.

Detrás de cada día va una estela
de dolor, de cadáveres sombríos.
Los fracasos. El sueño que se hiela.
Los hondos pozos sin amor, vacíos.

Lo que nos huye, lo que fue la aurora.
La lágrima, la voz. Esa ventana
que abrimos a la muerte cada hora.
Todo lo que es angustia cotidiana.

Galería sin fondo, sima oscura aquí,
tras de los ojos, si los cierro,
todo un acervo mundo se apresura.
La memoria me acosa un triste perro.

Aguas abajo de mi vida, se hunde
tu cuerpo, ese pequeño paraíso
en que nos encontramos. Ya se funde
a este doble vivir de amor sumiso,

Sólo aquí existes. Falso sol tus ojos.
Falsa playa tu cuerpo, falsa ola
la del mar de tu voz. Sólo en los rojos
ocultos campos míos vives sola.

Sombra y luz. Barro y nube. Vida y muerte.
Mundo y mundo, mis párpados afrontan.
Se hunden tus alas cuando quiero verte.
Cuando cierro los ojos, se remontan.

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