LAS BODEGAS

Luis Alberto Arellano (poeta sugerido)

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Nadando entre dos aguas las bodegas,
antiguas catacumbas del buen vino,
hoy miran al que cruza en su camino
tratando de penar, sin poner pegas,
conscientes que en su vida ese es su sino.

Se muestran cabizbajas, resignadas,
lo mismo que hace el caño de la fuente
que seco ya de cuerpo está presente,
ni espera ya esas bocas abrasadas
pues sabe que no existe tal corriente.

Aceptan que han pasado a mejor vida,
tras verse hoy deprimidas, maltratadas,
bodegas hoy de llantos anegadas,
antaño dando el cuerpo a la bebida
y hoy, pronto, deprimidas y olvidadas.

Los vuestros, los famosos borreguiles,
acaso ya no tienen ni cerceras;
que alguno volverá de uvas a peras
mas nadie gozará de tus barriles
ni asando la chuleta en las hogueras.

Sin jotas, ni canciones ni cantares,
que el tiempo los mandaron a por uvas,
lo mismo que los odres y las cubas
dejaron de soñar con los lagares.
cual niñas que conviven con sus bubas.
©donaciano bueno.

Qué recuerdos! Toda una infancia en torno a las bodegas Clic para tuitear

Las bodegas de Zazuar (Burgos) forman parte de un paisaje lleno de montículos, como simbólicas setas, en las que antaño se guardaba el vino y en cuya superficie, entre jotas, en improvisadas hogueras hechas con las gavillas de sarmientos, se asaban las chuletas.

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Luis Alberto Arellano

EFECTO NOCTURNO

No mire a sus espaldas/ no hay nadie
No camine a sus espaldas/ no hay nadie
No entienda las voces a sus espaldas/ no hay nadie
No finja conocer el barrio a sus espaldas/ es de Nadie
No mire de frente a los hombres a sus espaldas / se llaman Nadie
No esconda sus plumas en el puño cerrado a sus espaldas/ el muro es de Nadie
No escriba su nombre completo a sus espaldas/ es lectura de Nadie
No escuche consejos de viajeros a sus espaldas/ es tierra de Nadie
No pague con billetes en público a sus espaldas/ nada es el valor de Nadie
No vaya a lugares públicos a sus espaldas/ el festejo es de Nadie
No se quede en casa sólo a sus espaldas/ lo visitará Nadie
No encienda aparatos electrónicos durante el despegue a sus espaldas / el vuelo lo pilota Nadie
No recline su asiento antes de que se encienda la luz roja a sus espaldas / caemos por culpa de Nadie
No registre su teléfono a sus espaldas / es trabajo de Nadie
No espera detrás de la puerta a sus espaldas/ la escucha es para favorecer a Nadie
No intente esto en casa a sus espaldas/ usted vive en casa de Nadie
No discuta cuando le pidan sus objetos de valor a sus espaldas / Todo pertenece a Nadie
No exponga a sus hijos al fuego a sus espaldas / la materia es porosa como Nadie
No se deje al alcance de los niños a sus espaldas / la precaución es objeto de estudio de Nadie
No conteste el teléfono a cualquiera a sus espaldas / su posición en el mapa es saber de Nadie
No camine por calles sin iluminación a sus espaldas / la oscuridad es premisa de Nadie
No finja que sabe la respuesta a sus espaldas / la pregunta la formula Nadie
No negocie con terroristas a sus espaldas / no tiene permiso de Nadie

LA MÁQUINA DE MATAR EL TIEMPO

Sé que ésta es la ciudad / he estado en ella antes
Sé que ésta es la ciudad/ he caminado sus calles antes
Sé que ésta es la ciudad/ he visto fotografías aéreas antes/ he visto la sombra correr por sus calles/ he visto la ciudad antes
Sé que ésta es la ciudad/ he estado en sus calles antes
Sé que ésta es la ciudad/ he oído las balas rozarme antes
Sé que ésta es la ciudad/ he olido sus entrañas calientes antes
Sé que ésta es la ciudad/ he estado en fotografías aéreas antes
Sé que ésta es la ciudad/ he visto sus puños de cerca antes
Sé que ésta es la ciudad/ he visto su sombra aérea en fotografías de antes
Sé que ésta es la ciudad/ he sido su sombra entre las calles antes
Sé que ésta es la ciudad/ me han pateado el cráneo sus verdes botas aéreas antes
Sé que ésta es la ciudad/ he sido la carcajada sin dientes mucho tiempo antes
Sé que ésta es la ciudad/ he visto mi sombra de cerca entre sus sombras antes
Sé que ésta es la ciudad/ he palpado su entrepierna alada como antes
Sé que ésta es la ciudad/ he comido de sus contornos rojizos antes
Sé que ésta es la ciudad/ he visto amenazarme a sus hombres por el cuello antes
Sé que ésta es la ciudad/ he visto a sus travestis apuntarme con su sexo antes
Sé que ésta es la ciudad/ he meado la patrulla esposado antes
Sé que ésta es la ciudad/ he salido a sus bares y vuelto de prisa tantas veces antes
Sé que ésta es la ciudad/ he llorado la mañana entre su madriguera antes
Sé que ésta es la ciudad/ he comprado la droga entre sus pliegues antes
Sé que ésta es la ciudad/ he bebido licor agrio entre sus piernas antes
Sé que ésta es la ciudad/ he renunciado a la ceniza ante sus muros antes
Sé que ésta es la ciudad/ he leído la provocación en sus ojos antes.

Enuma Elish

Amanecemos tan pronto
en un delicado vergel de amatistas
en la égida insolemne de la tromba
Amanecemos tan de prisa
así de frágiles, marchitos
redondos en la mácula sombra de la investidura
desierta en el costado que nos profundamente nombra
Y nos desnudando vamos
silentes y ajados como la sordera que les precipita
a tramos recorremos de los días
el pesado fardo, la incompleta calma de la lluvia
De un pasado que nos inventa es que huimos
de la ceguera que nos antecede, de la caricia que se nos pierde:
todo lo que nunca hemos sido
En la cuenta de las fracciones
de este cuerpo creador de sangre
que crea cuerpo que crea sangre que crea cuerpo
nos miramos, gota a gota, en las solvencias de la carne
en la disminuida llama que lentamente se apaga
en el pesado humo de cada miembro en su caída
Y corremos fragmentados al coro de voces
que nos solitariamente llama
al sonido de ropajes que sigue presuroso
Evitamos de tarde en tarde responder
al silente canto de las aves
Quién grita mi nombre
Quién señala el verde prado, la limpia cizaña
Quién reclama de su dueño, su amo
una tunda, un azote por mediodía
Es la suerte que está echada
Es la mano feroz que nos encierra y nos arroja sin daño
Es el rebote de dados que nos bendice
Despacio caímos al pecado
silentes somos ante el azar incontenible
de ser hombre, ser mujer, ser gato
Tiramos con ambas manos de este cordel
desvencijado, amuleto indescifrable que nos une
tiernamente a nuestros padres
Los hábitos de la ceniza
el sílice crucifijo que cabalga porcelana
las habitaciones donde hemos amado
Un hombre es tierra y agua
sólo arena que se funde al contacto
cristal y cicatrices, augurios en la piel
por cada año en silencio que admiramos los prodigios
Era todo mirabiliis factum:
el luminoso eco de un andar por otra avenida
la torrente lumbre que despedía el polvo sobre los objetos
El milagro, la piel airosa, ventolera en su cima
de águila enardecida
La corriente móvil, el río —el mismo—
sus pausas que no terminan de suceder
éramos torrente de cinco mil años
una suma de talentos, un salobre vestigio de esmeraldas
refulgentes en la palma de la tromba
(En el cristal de tu divina mano
de un punto a otro de mi destierro
más osado, pero más perdido
En la crujiente calma de tu mirada
de un todo fulgurante a uno oscurecido
me solitariamente lleva el arcano
En el inminente recorrido de mi yerro
del desierto a la lluvia anegada
por la mirada contenida de la sombra)
Y ha pasado nada, el polvo —el mismo, las aves
el viento y sus pétreos aromas, todo lo mismo
una epidermis de cansancio nos cubre pacientemente
para evitar la ruina, la desgracia de ser inmóviles
en los líquidos restos del día

Cuando en lo alto solitario sol
se pierde, es que el lento animal
que somos se inclina recóndito
y termina de nombrar
aquello que juiciosamente no alcanza:
una tortuga que entre risas corre
a la destemplada orilla de la ola
(De Erradumbre, Mantis, 2003)

Escrito con ceniza

Lo feliz me viene del lado materno:
Todas esas charlas al filo de la mesa
dieron para un hijo y ciertas noches,
en que, por temor a la oscuridad,
escondía mi cuerpo desnudo en los límites
de una mujer desnuda (creía que la luz llama
a la luz, por tanto frotaba hasta encenderla).
Con el resto de las cosas tengo problemas:
Mi memoria no sirve, recuerdo todo una sola vez
y luego olvido hasta las letras del alfabeto.
¿De qué color es la moneda que sostengo en mi mano izquierda?
¿Qué es color, qué es izquierda? corro a preguntarme en voz alta.
Tampoco sé volar.
A veces bebo y bebo,
hasta que el orden vertical del mundo
se altera: lo bajo por lo alto, o los costados en el cielo.
Entonces el mundo es de agua y corre vertiginoso
en espirales que se hacen más grandes.
No controlo mi risa en lugares públicos
y mis palabras ofenden a las colegialas.
También desconozco mi nombre o el significado
de estos papeles.
Olvidaba, es cierto, ya lo dije, que estoy loco
y tengo un miedo personal a los aviones.
(De Plexo, Fondo Editorial Tierra Adentro, 2011)

Una roca por mitades

Tiembla
cielo
han llegado
son los bárbaros que asoman
al horizonte de la acrópolis.

Han venido de tan lejos, distinta tierra
a la que nombramos madre
con sus batallas deslizándose en la niebla
con sus caballos de formas extrañas, sus magos que todo
lo crean, con sus cacharros y sus vicios
con el cruel hábito de los vientres unidos
en mutua soledad
hembra y macho olvidando
en otra boca.

Son ellos, los bárbaros, después de tanto desenlace
ellos sabrán qué hacer
con nuestros dioses, mudos y furiosos
los desbocados augurios
y el silencio sospechoso de las aves.
Ellos podrán, lo sabemos, aliviar
los despojos de nuestra ruina.

Ha ya tiempo que nuestros hombres
solo miran placer en otro hombre
que las féminas se desquician solitarias
como la roca partida por mitades
llorando agua
como los avisos
de líquidos minerales que se dejan escuchar
en boca de los ciegos o las vírgenes.
Ellos, los otros, vendrán cargados de sus hijos y sus madres
llevando a cuestas el hogar y las cenizas
sus muertos, la peste, el fuego.

El vigía en torre grita paciencia
que no son ellos. Los harapos y el desánimo
son nuestro viejo rey y la corte
el polvo que les cubre es de esta tierra
por muy lejano que haya sido el viaje.

Él partió a su encuentro siendo joven
hubo quien juraba haberles visto.
Ahora regresa y la ciudad tiene puertas selladas.
Creímos que eran ellos, lo juro
pero es sólo la maldita costumbre de esperarlos.

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