BENDITO SOL/

Teresa Martín Taffarel (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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¡Bendita luz, el sol y su ventana,
cristal que transparente en mi se asienta,
que impide el firmamento a mi me mienta
tan dulce, tan alegre y sin desgana.

Bendito sea el placer de esa herramienta
que mima nuestra piel como hace el ama
que al bebé sus caricias le derrama
esperando que el niño lo presienta.

Gracias te doy, ahora, aquí, que siento
tu agradable calor, viendo contento
traslúcida y diáfana mirada.

Felicidad de un alma enamorada
repleta de nostalgia y sentimiento,
gracias dándole a dios, de amor sediento.
©donaciano bueno

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Anoche cuando dormía
soñé, bendita ilusión,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Antonio Machado

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Teresa Martín Taffarel

Este juego inaudito de los días

Este juego inaudito de los días
ya no puede atraparme en su engranaje.
La estrategia del tejo que se pierde
es el signo de un tiempo sin rescate.

Como el niño que elige los reflejos,
coloreo las copas de los árboles,
una casa, las nubes, los caminos,
y modelo las flores de la tarde.

Evoco incomprensibles retahílas,
converso con la sombra en las paredes,
camino sin salirme de las rayas.

Las estatuas del patio no me miran.
El cielo del dibujo se ha borrado.
Sólo queda la luna de la infancia.

Yo dije mis palabras
con un temblor que contenía
esa pena honda que siempre me acompaña
estaba sola entre mis signos
pero yo sé que todos me escuchaban

Y sí, tuve miedo
de quedarme esencial y desolada
frente a la mirada interrogante
de quienes esperaban
leerse en mis imágenes
en los nombres que para cada uno
tienen las cosas habituales
y en aquellas otras
las que no se dicen
porque cualquier palabra las empaña

Aquel día
yo dije mis palabras
y supe que mi tiempo
era un canto sin dueño
que volaba entre lluvias y neblinas
para anidar en otros campanarios.

La primera palabra

La primera palabra se anuncia en el silencio.
Es un pliegue del aire, un resquicio del tiempo
y no sabe si es agua, o pájaro o estrella,
y si nombra, si llama, si se niega o espera.

La sustancia del viento se resuelve en un signo:
las farolas, el libro, la cuna, las estatuas.
Y el mundo que se inventa de nuevo en la mañana
para hacerse y rehacerse como ilusión de río.

Hilandera de nubes en la arena impasible,
se cierra la escritura como azul entramado.
Los anillos de savia intentan un suspiro
en los leños que arden en la tarde apacible.

Las palabras se pierden en decires lejanos
Y vuelve la tristeza que acumula artificios.

Escribir el instante

Escribir el instante
que no es poco.
Inventarlo, intentarlo
con palabras indóciles.
Acomodar los signos
en desacuerdo con el día.
Saber un poco más
o un poco menos.
Y adivinar que mañana
habrá otro borrador indescifrable.

De qué hablamos cuando hablamos del tiempo
De qué hablamos cuando hablamos del tiempo
De qué hablamos cuando decimos
esto, aquello, lo otro, lo que siempre regresa,
lo que se va y no vuelve.
Las palabras se dicen aquí, en este momento
y retornan a su eterno sistema de silencio.

Y qué es el silencio…
el silencio es un brazo que se aleja,
la llama que se extingue,
las cenizas del fuego.

Y también es la tierra y el cielo,
el árbol y la lluvia,
cuando aún no han sido nombrados
y esperan existir en los labios humanos

Y hablamos y decimos
tiempo
y esto, aquello y lo otro.
Y al renacer en nombre
enmudecen las fuentes,
y se callan los ríos…

En el fondo del alma
hay un mar de silencio.

A QUIEN SE FUE Y NO VOLVIÓ

Y cerraste la puerta.
Ibas a buscar,
ya no recuerdo,
manzanas o el periódico,
y olvidaste el camino de regreso.

Parecía irreparable,
pero ha sido un alivio,
y al cabo de los días
la casa respiraba otros deseos.

Ahora te rescato del olvido
para decirte
que encima de tus huellas
se fueron escribiendo otras historias.

Y te devuelvo al olvido,
de nuevo
y para siempre,
único sitio confortable
para quien como tú
no conoce los caminos de regreso.

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