ESOS BESOS/

Juan José Alcolea (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Los besos, los que un día me negaste
que, ingenuo, te pedí y no me los diste
fingiendo que jugabas al despiste
haciendo mi ilusión se fuera al traste,
yo sé te los guardaste,
pues vi que te reíste.

Seguro es que los tienes bien cuidados
lo mismo que se guarda al oro en paño,
y aireas con frecuencia cada año.
Los besos cuando son acalorados
se comen a bocados.
sabiendo no hay engaño.

Los otros, a escondidas, los robados,
que nunca de buen grado me ofreciste,
aquellos que entregar tú no quisiste,
los tengo a buen recaudo congelados.
Si un día son besados
será porque volviste.

Los besos del olvido no son besos
mejor sería decir son sucedáneos,
cual fueran de otras bocas, son foráneos,
Recuerdo aquellos tuyos tan espesos
en labios bien impresos
y así tan espontáneos.
©donaciano bueno

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Juan José Alcolea

VIENTO

Viento, tú que vas y vienes
de tu rosa en derredor,
viento dime ¿Dónde habita
el dios que cuida el amor?
¿En qué refugio?¿En qué cima?
¿En qué galaxia o que sol?
¿En qué alejado silencio
plantó su tienda ese dios?
¿En qué acabado desierto
tiene su jardín la flor?
¿Bajo qué luna se enfría
la fuerza de su calor?
Si lo vieras, viento, dile…
dile que me busque…yo
llevo en relojes de sangre
su ausencia en mi corazón.

¡AY!

¡Ay! Quién pudiera tener
tras el silencio el olvido
y recordarte después.

¡Ay! Quién pudiera tener…

Sentir la sangre varada
en esteros del ayer
y ser sangre enamorada.

¡Ay! Quién pudiera tener…

Y de nuevo renacer
del desierto de la nada
y en ti saciarse la sed.
¡Ay! Quién pudiera tener…

Y tras la quieta jornada
sentir de nuevo en la piel
el beso de tu mirada.

¡Ay! Quién pudiera tener…

ROBADME DEL PASAR…

Crece el silencio sobre el alma mía
y en ella dulcemente se me posa
cual en la cima leve de la rosa
se duerme el agua cuando viene el día.

Viene tan pura, tan clara la alegría
tan llena de pudor y tan hermosa
que el cáliz de mi cuerpo se rebosa
y añora otra celeste lejanía.

Mañanas que de luz, pausadamente,
me dais la claridad como alimento,
mudadme a una distancia diferente.

Robadme del pasar en que me intento
y, en otro ansiado mar, calmadamente,
levad mi corazón con otro viento.

C L I M A X

El sol en la ventana florecía
una tarde de Marzo, mansamente.
Tu boca era un panal ebrio que urgente
clamaba de mi boca compañía.

El tiempo se paró por si podía
quedarse así de amor alzadamente
y un sueño de naranjas en poniente
cuajó horizontes donde muere el día.

¡Qué denso el palpitar se fue callando!
¡Qué pobre la palabra contenida!
¡Qué plena en su canción la sangre hablando!

El aire era de luz. De luz la vida.
De luz ese clamor que fue granando.
De luz busca mi voz ser tu medida.

ASÍ

Como el monte al albor se va creciendo
ceñido por la luz que le rodea,
así tu viento, amor, en su tarea,
perfila este rumor en que me enciendo.

Así, sin ruido apenas, va puliendo
tu labio este cantil que me rodea
y va mi sangre haciéndose a tu idea
y yo de ti me voy aconteciendo.

Así, como el talud de fina arena
se va del aire cálido besando,
así ya tu caricia por mi vena.

Así, como esa lluvia que serena
va el suelo de sabores aventando,
así tu yugo, amor, y tu cadena.

DESPUÉS

Después, cuando los ojos no acaricien
la rosa en su mirar,
cuando el viento no siembre ya el oído
con su rumor de mar,
cuando el cielo en la noche, transgredido
por el silencio astral,
no pueble de murmullo este latido,
mi sueño…¿Dónde irá?
Cuando el miedo no acucie con su ruido
de llanto por llegar
y cese el corazón su ritmo herido
de tiempo y de lugar,
si el hueco de mi ser ya no lo anido,
mi ausencia… ¿Dónde irá?
Si ya con mi canción no soy el río
que llora en el canchal,
si no lleva en su son la voz mi vibro
ni el verso mi anhelar,
si no siento el calor de esta contigo,
si no te puedo amar,
si no eres tú ese dios a que me inclino
Amor… ¿Qué queda ya?

PARTIDA

Cada día su propio desconcierto,
su propia dimensión establecida,
tablero de ajedrez con la partida
propuesta del futuro en que me inserto.

Tan sólo del final el jaque cierto
y, mientras, despiezándome la vida
jornada tras jornada, trampa urdida
al mar de la esperanza en que me vierto.

Cada día los cuadros del tablero
con ciega exactitud, calladamente,
me ofrecen la distancia en la que muero.

Cada día, latiendo más urgente,
mi ronco corazón, por compañero,
arriesga otra jugada indiferente.

PULSIÓN

Labio insistente del mar
que en el talud de la arena
dejas un beso y te vas.
Débil huella que se queda
en su destino a esperar
el labio que la condena. .
Vaivén que viene y se va
y marchándose regresa
para volverse a extrañar.
Y así por la eternidad
tú, ronco son, y en la arena…
en la arena hambre de sal.

NOCHE

La noche planta jardines
de oscuridad. Cementerio.
Las muertas niñas deshojan
-¿qué sí?… ¿qué no?- crisantemos.
La luna afila despacio
su redondez con el sueño,
mientras recorta a las niñas
trenzas – ¿No?…¡Sí! – del tiempo.

VELEIDAD

Me vienes y te vas,
tu rastro por mi cieno
mi rostro por tu altar.

Me vienes y te vas…

Mis límites más ciertos
invades y, al pasar,
hambre y dolor de tu verbo.

Y sin embargo te vas…

DEJADME LA VOZ

que quiero
más que cantor ser cantar
más ser música que tiempo
más que sangre, libertad

Dejadme la voz que quiero
palabra ser
y volar

PARA PONERLE NOMBRE

a lo que el corazón me grita
esa inaccesible pulsación de sombra
ese oscuro batir del sentimiento
para robar palabras que sólo escucha el aire
para alumbrar auroras que rompan sobre el tedio
para que
herida ronca que al callar supura
sepáis del hombre que en mí derrama el tiempo

DEJAD QUE OS COJA LA MANO,

que mi piel con vuestra piel
descanse de su cansancio.
Dejadme que de la miel
del dulce calor humano
me sacie de tanta sed
y dejadme, terminando,
que peregrine después.
Hay manos que están buscando
el calor que yo les dé.

ESTÁN LLOVIENDO MARIPOSAS MUERTAS

por un otoño de árboles inmenso
La levedad alcanza cotas imposibles
y la nostalgia adorna el alma de recuerdos
Todas las memorias se agrupan convergentes
y sopla irreverente por el alma el viento cierzo
Mas pasará este tiempo dorado de angostura
y pasará la luna frígida de invierno
y en las abiertas colinas de la aurora
para otro sueño
el sol de marzo renacerá de nuevo

LA NIÑA Y EL ÁRBOL

Las mariposas adornan
cerezos: Es primavera.
¡Qué triste si no se espera!

Y el agua, la luz y el viento
saltan, refulgen y vuelan.
¡Qué triste si no se espera!

La niña se desabrocha
de pechos la botonera..
¡Qué joven la primavera!

Si no tuviera mil años
ni mis altas ramas yertas…
¡Qué triste la primavera!

Que triste el árbol, que alegres
manos que por ti crecieran.
¡La niña su blusa abierta!

NO MÁS TARDE

¡Ahora!, no más tarde ni más lejos,
¡Ahora es el momento y es el lance!
silencio puro que está presto a la escucha
o voz cual brizna
fugaz que cruza el aire.
¡Ahora ya sin más o siempre nunca
derrámese mi voz hasta entregarse
derrámense los hondos argumentos
que máscaras se obstinan en cerrarle.
¡Ahora o nunca más! Este es el tiempo,
en esta herida rota de la sangre,
en este desguazarse de la vida
por muelles acostados de la tarde.

FE DE VIDA

Eres,
no puedes evitarlo,
esa es tu herencia, tu límite, tu afán,
tu contenido.
Eres,
con toda la extensión de la palabra,
con toda su dureza y con su estría.
Eres.
El ser es tu noción, tu fe, tu sueño,
tu terca sensación, tu sola herida.
Eres.
En río, en transición, en esa espera
del qué serás el día en que no fueres.
Futuro hacia un pasado eres.
De tiempo encarcelado, malherido,
de luz, de oscuridad, de amor
de muerte eres.
Y ser es tu pasión, tu voz, tu vida,
tu pálido rumor, tu peso inerte,
la sangre que te fluye y la partida
que juegas con tu Dios.
Suerte pues eres.

TE ME VAS

Te me vas,
hoja que el viento corta y leva
cual rota percepción de viva imagen te me vas.
Cual bronce que diluye en un silencio
su tránsito de vibro y de campana te me vas.
Cual ala de una voz que no es pregunta,
cual ansia de un pecado desgastado te me vas.
Te me vas,
música fue mi labio en tu presencia y te me vas.
Tacto de sed mi lengua en tu respuesta y te me vas.
Te me vas
Árbol que ayer tejió penumbra y cielo y te me vas.
Calladamente luz, callado empeño,
puntada de intención en lo imposible
e, impunemente, ahora, te me vas.
En plena oscuridad,
por noche ajena,
heridamente ausente
y te me vas.

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