LOS DESEOS/

Vidaluz Meneses (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Todos llevamos dentro algún tesoro,
aunque algunos jamás lo podrán ver,
la dicha de un placer, fontana de oro,
o el ansia de llegar para volver.

Todos mirando siempre al infinito
así que el firmamento no existiera
ansiosos de esperar la primavera,
del letargo salir y dar un grito.

Todos pidiendo vamos la escalera
para al cielo subir con desparpajo
sintiendo el padecer de estar abajo
cual si en el mismo suelo se muriera.

Y es así, desgranando los deseos
cual dardos por que dios nos complaciera
hacemos de la vida una quimera
de todas sus excusas siendo reos.

Si dios hubiera hecho a los humanos
logrando que estuvieran satisfechos
sin ansias de escalar tantos repechos
cabría el ser feliz en nuestras manos.
©donaciano bueno

¿Conoces a Vidaluz Meneses? Lee/escucha algunos de sus poemas

Vidaluz Meneses

SOLA CONMIGO MISMA

Observo los nenúfares sobre la superficie acuosa.
Su apacible estar me lleva a indagar sobre mis raíces,
no por las inmediatas, la Abia Ayala de mis antepasados,
sino por la planetaria causa por la que estoy aquí.
Por la que el Innombrable que sabe
y me llama por mi propio nombre
me hace sentir esta nostalgia de lo desconocido
de donde vine y adonde sé que tengo que volver.
Vidaluz Meneses
Octubre 2008
“Uno se casa con alguien….”
Uno se casa con alguien
y da la espalda a la pasión
y a su zarpa mortal que cobra
la entrega absoluta.
Uno prefiere ese alguien
con quien se recibe el alba sin zozobra
y se está dispuesta a compartir atardeceres,
la cena y el noticiero de la noche.
Alguien que apaga la luz
cuando se cierra la cocina y los candados
antes de retirarse al plácido ayuntamiento
o al sopor del descanso.
Uno deja a sus espaldas la tormenta, el caos,
el arrebato que un día nos dejó vaciada
y removida el alma desde sus cimientos.
Uno toma la mano extendida
para cruzar la calle
y opta por transitar así.
La muerte entonces ya no sobrecoge
porque es prolongación del sueño
que ya se empezó a vivír.

Poemas del desamor

He visto a la mujer rondar el centro,
el centro de su vida misma.
Ensayar la sonrisa más seductora de Eva.
Descalzarse ante el amado
y poner la ofrenda sagrada de su cuerpo
en las manos del hombre desconcertado ante la abundancia.
En qué momento le crecieron los días,
esa distancia insalvable entre los dos?
Qué trampa les ha jugado la vida
a éstos mil veces sorprendidos por la aurora?
Qué secretos arpegios habrá de pulsar ahora
para conducirlos de nuevo al paraíso?
Qué cantos de sirena? Qué música encantada?
Qué incienso? Qué aliento para convocar de nuevo al fuego?

ANALIZA TU VIDA

Analiza tu vida
que ya está programada.
A lo mejor ya vieja, las canas te pesen
y te hagan bajar la cabeza
porque tu herencia será lastre
y tus descendientes,
indefensos insectos adheridos.

ALGUNA NOCHE INSOMNE

Alguna noche insomne,
sentada al borde de la cama
los pies en mullidas zapatillas
y la tristeza enroscando
como un gato su cola en mis tobillos,
contemplo su tranquilo descanso,
su confinado sueño,
como si aún flotaran
en la acuosa seguridad de mis entrañas.

ÚLTIMA POSTAL A MI PADRE GENERAL

Debiste haber cumplido años hoy
y ya no estás, para tu bien.
Guardo tus palabras
y tu postrera ansiedad por mi
destino,
porque la historia no te permitió
vislumbrar este momento,
mucho menos comprenderlo.
El juicio ya fue dado.
te cuento que conservo para mí sola
tu amor generoso.
Tu mano en la cuchara
dándole el último desayuno al nieto,
haciendo más ligera
la pesada atmósfera de la despedida.
Cada uno en su lado,
como dos caballeros antiguos y
nobles
abrazándose, antes el duelo final,
fatal.

Karla Dolores

Karla Dolores es un poema japonés.
Sus ojos fueron hechos de palabras
rasgadas.
y su piel, de finísima porcelana,
fue robada a Lin Fu, el alfarero.

Karla Dolores, el mejor poema
que tu madre no escribió:
tú te hiciste.

Karla Dolores es un poema japonés
que en su pequeñez mueve inmensidades.

Deseo Federico García Lorca
Sólo tu corazón caliente,
Y nada más.

Mi paraíso, un campo
Sin ruiseñor
Ni liras,
Con un río discreto
Y una fuentecilla.

Sin la espuela del viento
Sobre la fronda,
Ni la estrella que quiere
Ser hoja.

Una enorme luz
Que fuera
Luciérnaga
De otra,
En un campo de
Miradas rotas.

Un reposo claro
Y allí nuestros besos,
Lunares sonoros
Del eco,
Se abrirían muy lejos.

Y tu corazón caliente,
Nada más.

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