UN PINO Y UNA ROSA

Mi Poeta sugerido: »Nadia Renata Artieda Centurion

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Todos los días igual, la misma hora,
los mismos recorridos, seguimientos,
los mismos niños en la misma ágora
jugando con los mismos reglamentos.

Paseo siempre con el mismo viento
pues noto que a mi él me reconoce,
cada paso besándome el aliento
y rozándome con su mismo roce.

El paisaje es el mismo y solo el tren
de vez en cuando surge y raudo pasa
saludando con su típico vaivén
en tanto que a la sombra va y abraza.

Cada paso que doy voy anotando
en el debe y haber que hay en mi vida,
cada impulso que doy, balanceando,
cada suspiro una emoción sentida.

Y en medio de este mar tengo un amigo,
no sé si éste es naranjo o limonero,
mas sé que cuando paso habla conmigo
y cuando asoma el sol pone el sombrero.

Cuando ya mi paseo vespertino
no pueda realizar, es mi deseo
que planten una rosa junto a un pino,
las cosas que yo amo, en las que creo.

El pino que es recuerdo de mi infancia,
la rosa que yo admiro en mi florero,
de los dos disfruto su prestancia,
ambos son para mi el amor primero.
©donaciano bueno

La similitud entre la vida y el caminar está presente en multitud de poetas aunque uno de os más conocidos sea Machado.

POETA SUGERIDO: Nadia Renata Artieda Centurion

Nadia Renata Artieda Centurion

XI

El punto endeble en que la saliva sabe a agua del grifo, donde la taquicardia retumba y los nervios hormiguean la sien.
Destruir una máscara partida y horarios imprecisos.
el terror ante revolcarse en el fango y quedarse respirándolo
como si eso fuera la felicidad eterna, un sueño hermoso.

Buscándote para la rendición; soy la fiera que combatiste y perdió.

Veo tu rostro entre el presente y pasado
entre un tumulto de fantasmas congelados,
dejo el luto regado en mi sombra como velo
estaré bien y te amaré
ya se acabo el tiempo para este abrazo
que sepas que fui feliz y tuve un corazón hermoso
tuve miedo de lo que pude hacer conmigo,
dañé todo, no pude contenerme,
intenté agarrarme de la cintura y pataleando
halé con fuerza y me zafé de mis propios brazos

corrí hasta el fondo para buscar una brizna que me excuse.

Ahí te dejé las ventanas eclesiales de colores rotas
el telón rasgado y la cama hecha hueco de mí
que fui feliz
y pido perdón gusanito destruido
ahora he emprendido un nuevo viaje de criatura ingobernable…
que me abraces.

Me ha bajado un collar de lentejas…

Me ha bajado un collar de lentejas
lo he colgado en mi muelle corto de mar.
He dejado un sombrero ausente fingiendo por mí.
Busco suerte bajo el brazo.
Flamea el ratón
dejando centavos a los amigos que pegan y pasan.
El puente se ha quebrado y las cáscaras de huevo
se las llevó el burro hacia Belén.
Me iré al amanecer alargando el juego y seguiré mirando de frente
como si todavía tengo derecho.
Ser esto no es fácil.
Dejar rastros agónicos
luces prendidas para que no puedas dormir
y veas cómo la silueta que creías poseer
se te desaparece del brillo que dejan todas las sombras.
Vuelvo a sonreir sin detener mi paso apresurado
y regresas a la esquina de la cama
entre sábanas remangadas
Si vuelvo, ¿dónde queda la crueldad y la ciudad
que me llenan la boca y me parten el labio?
Queda trastornada, trastocada,
se pierde ante el ruego de la vida.
Olvidé donde queda el corazón y Sus palabras lindas,
pero esto es lo más completo que llego a reunir.
Ser esto no es fácil.
Solo me queda seguir mirando de frente,
como si pudiera hacerlo.
¿Donde quedó el amor que es para siempre?
Se fue a las seis,
dejándome con la lengua a tiemblas,
sin lágrimas al respecto y vómitos quemados.
Se me fue la maravilla, la blancanieves
dejándome tatuajes hadas y flores de loto.
¿Acaso me voy a seguir muriendo,
acaso puedo?
Donde esta Seagal y la Historia de amor?
¿Porqué sólo tengo antologías?
Sólo sé que la ausencia es la peor libertad,
que me patearon el bastón.
Sólo pido una monedita de rencor, el puñal con que me coronaron,
una muerte Extra, el gato apaleado
y no volverme a ver.
Porque en el mundo ahora mando yo
y no puedo dormir soñando con libélulas en mi nariz,
por cuidar la angustia cansada
de tanto esperar el fin de la estupidez y vergüenza ajena
Los austeros decimos que el peor pecado es arrepentirnos.
Los dioses se me borraron para irse al cielo de otros,
dictando que esto es tan sólo mi problema
y de los que existen.
Recorro mi rostro entristecido por la alegría de mañana.
Y si nadie llora por mí, me va mejor.
Con los ojos hundidos en el antojo de retener sus nombres
y releyendo sus pecados, gozo el olvido.
Me están buscando para matar.
Ya escucho los cantos,
tienen miedo de mirar atrás.
Relinchan por esperanzas sabiendo que solo perpetúan
el pasado ventivo de mi abuso de poder.
Malditos sean misterios y logros, por ser pocos.
Luzco enferma amarillenta, verdosa, morada,
eso piensan.
Ya puedo ver cómo se van acercando con el látigo por detrás del cuello,
¡a que corro ms rápido, a que los hago desaparecer,
a que me quieren creer!
Mi castigo eterno será mi voz y sus escarabajos
yo no hice nada,
se los dicto desde hoy.
Me voy a primera luz esquinera,
apta para recordar manzanas ajenas,
para estar madura
para saber que tengo y juego con la conciencia,
que sonrío y me visto.

XIII

Viviendo de la ruptura
retomo el camino configurado
a perpetuar mi bondad.

La ruptura en este espacio
para sacar la cabeza a flote,
erguir el cuerpo que yacía,
que se revolcaba entre ácaros
para luego rascarse hasta sangrar
con todo, de cara, de piel arremangada.

This pain is just too real

Quise creer que si estaba contigo,
todo estaría bien siempre
pero regresé con la vida desgastada
agitada de sentirse solita en el mundo
como un bolero desangrado.
La impaciencia…

Perder 10 años por ira
y culpas ajenas.
Encontrar la carta perdida
y verla llorar de angustia
¿hizo todo mal?
Se desespera, contiene mis culpas. Me quiebra.

La ansiedad,
la ruptura
la marea absurda de la esperanza.

IV

Revienta contra los cuerpos el desorden del tiempo y danza.

Un faro naranja a la distancia del destino del compromiso
data 42 días borrosos sobre un papel
certificando la vida
mi salida del huracán,
la reconstrucción de mi hogar
y la movilización en tropa de mis neuronas
a su campo de concentración,
que temen ser vueltas a acribillar.

La covacha aterrorizada por los libros que caen,
me ha llamado a través de su ventana imposible
a pedirme: deje entrar.

Sin decisión llegué al fin y me siento limpia, libre.

Di una vuelta aferrada al lomo de mi fénix blanco,
quemó desde sus entrañas el pasado.

El pueblo calcinado
y mi gente deambula entre las escaleras
barriendo los peldaños renatos
y los temores menores como la muerte.

Una palabra elevada y hecha polvo
cae en tu techo, en tu cabello;
erosiono un volcán y desbordo un río.

Mi paz te acaricia el rostro,
deja arenas en las pestañas
y –como televisor– susurros grises en la madrugada.

Hundes tus miedos en el pozo.
Detrás del árbol, mis piernas ramificaron alucinadas.

Extraño la soledad que nos mantuvo juntos
por ser el concepto arcaico de mí
al haberme refugiado e tus peces agitados,
en la ceguera de tu imaginación.

Caída en tablas astilladas,
adormecida en lunas ficticias y persas,
te encontraba entre elefantes de algodón
entre montañas completa y hermosamente verdes,
en brazos ebrios apoyados en mis hombros.

Tus ojos, labios y manos: trío parejo sincero,
extendido como arcoiris,
esfumado y lanzado al fondo.
Ya no soy tu neblina
que sólo espera una leve llovizna
para acurrucarse en tu carretero.

Perdí nuestra canción al amanecer borracha, apresurada,
con candados en las puertas.

La ventana me llamó, pidió que trepe la verja
y corra por las veredas hacia el norte, que corra,
Que corra, corra sin agua,
sin mirar con vergüenza a las nodrizas
que estuvieron a un paso de eliminarme
de mi vía sin parches.

No tengo algo por reclamar, ni promesa por cumplir.
Ayer embarqué tu mano
rumbo al mar de mi felicidad
¡y cómo pesa apretada a mi cintura!

Tú, semidesnudo,
con el abdomen fresco por la mañana
has borrado lo descolorido y ese intenso color vacío.

Aunque estoy desecha,
lamiste todas mis imperfecciones poetizadas
hasta mis mentiras y territorios de oscuros nudos.

Esta noche recorrimos nuestra historia impresa:
primer beso en las escaleras ya barridas,
muros escudados en pasados
y frustraciones del mal cariño ajeno.

Tus primeros pensamientos y la hoja en que me reinventas…

Acepto mi derrota y el amor sobrio, a cada yema de tu piel.

Zarparon 42 días gestados, canciones antiguas,
alcoholes enterrados,
incluso los zarpazos
que rasgaron mi órbita ocular.

Ya es temprano, estoy cansada
y me sobran las marcas
y las sonrisas reventadas.
Pero cedo a la revancha, con piedad,
a mi pedacito de Alemania felpada.

Me montas como gigante,
me arrastras con tus fauces de bestia.
Atrapada entre tus dientes y tu barba,
me llevas por un camino de flores,
violetas y sedosas.
Me haces a la orilla.
Se me destapan los ojos
y miro desde el cielo cómo me ladras entre las piernas.
Me revuelves las entrañas,
hierve tu nuca,
me mezo en tu ritmo con el danzar de tu aliento
entre las ramas de tus costillas.

Te estoy tocando suave.

Perdiéndome en tu lengua laguna
me desentierra con su torbellino,
Desempolvo los sueños.

Trepo a tu boca,
hecha serpiente entro por ella,
avanzo lento para no romperte los huesos:
beso tu hígado,
muerdo tu pelvis –desde adentro–,
extiendo mis brazos que se amoldan a tus piernas.

Tus gotas como lágrimas salpican
sobre todo lo que somos.

I

Lijaré las garras al cerrar la puerta, al quedarnos dentro de tu iris plateado.

Nada es más piel.

Hemos llorado lanzándole besos a un árbol que se aferra al cemento de la ciudad.

XII – A mi padre

Si antes tuve cómo descifrarla,
Esta sola muerte me dejó sin adjetivos

La muerte pierde los adjetivos
de tanto dolor;
y no es verbo ante la inmensidad.

Él no se muere, se traslada;
otros morimos y nos quedamos
caminando en la ciudad
con arena en las uñas de los pies.

Mis ojos escurridizos golpean al sol.

No me sostengo, no me sostienen,
nadie me salva, nadie grita
¿y si lo intento?… Se cubre la vergüenza de la caída.
Sonrisas torpes.

Nadie corre, nadie tropieza, nadie toca.

Camino a la desintegración,
camino al futuro, a nunca y siempre, es igual.

Lo persigo pálido y destruido
en un laberinto por el barrio;
se adelanta, me atraso, espera. -Él espera; él. Él siempre espera.-

Con el rostro verdoso entra a la madriguera,
ahí están las madres, las ollas brillantes
y la oscuridad fría desde la cocina limpia.
Qué bello es vivir, el dolor me fortalece.
¡No!

Camino al futuro, camino al barrio
y desaparezco en el laberinto
me agrieto en sus paredes grises.
No me veas. Soy un soplo. Soy silencio.

I
Lijaré las garras al cerrar la puerta,
al quedarnos dentro de tu iris plateado.

Nada es más piel.

Hemos llorado lanzándole besos a un árbol que se aferra al cemento de la ciudad.

II
Los infaltables persignadores,
y yo gritando muda:
¡leí que no tengo pecados,
tampoco voy al cielo,
lo he visto desaparecer!

III
Me ha bajado un collar de lentejas
lo he colgado en mi muelle corto de mar.
He dejado un sombrero ausente fingiendo por mí.

Busco suerte bajo el brazo dejando centavos a los amigos
que pegan y pasan.
Me iré al amanecer alargando el juego
como si todavía tengo derecho.

Ser esto no es fácil.

Dejar rastros agónicos
luces prendidas para que no puedas dormir
y veas cómo la silueta que creías poseer
se te desaparece del brillo que dejan todas las sombras.

Vuelvo a sonreírte sin detener mi paso apresurado
y regresas a la esquina de la cama
entre sábanas remangadas.

Si vuelvo, ¿dónde queda la crueldad y la ciudad
que me llenan la boca y me parten el labio?
Queda trastornada, trastocada,
se pierde ante el ruego de la vida.

Me olvidé dónde queda el corazón y las palabras lindas,
pero esto es lo más completo
que llego a reunir.

Ser esto no es fácil.
Sólo me queda seguir mirando de frente,
como si puedo hacerlo.
¿Dónde quedó el amor que es para siempre?

Se fue a las Seis,
dejándome con la lengua a tiemblas,
sin lágrimas al respecto y vómitos quemados.
Se me fue la maravilla, la blancanieves,
dejándome tatuadas hadas y flores de loto.
¿Acaso voy a seguir muriendo,
acaso puedo?
¿Dónde está Seagal y la Historia de amor?
¿Porqué sólo tengo antologías?

Sólo sé que la ausencia es la peor libertad,
que me patearon el bastón.
Y pido una monedita de rencor, el puñal con que me coronaron,
una muerte Extra, el gato apaleado
y no volverme a ver.
Porque en el mundo ahora mando yo
y no puedo dormir soñando con libélulas en mi nariz,
por cuidar la angustia cansada
de tanto esperar el fin de la estupidez y vergüenza ajena.

Los austeros decimos que el peor pecado es arrepentirnos.
Los dioses se me borraron para irse al cielo de otros,
dictando que esto es tan sólo mi problema
y de los que existen.

Recorro mi rostro entristecido por la alegría de mañana.
Si nadie llora por mí, me va mejor.

Con los ojos hundidos
en el antojo
de retener sus nombres
y releyendo sus pecados,
gozo el olvido.
Me están buscando para matar.
Ya escucho los cantos,
tienen miedo de mirar atrás.
Relinchan por esperanzas sabiendo que sólo perpetúan
el pasado vengativo de mi abuso de poder.
Malditos sean mis sueños y logros, por ser pocos.

Luzco enferma amarillenta, verdosa y morada,
eso piensan.

Ya puedo ver cómo se van acercando con el látigo
por detrás del cuello,

¡A que corro más rápido, a que los hago desaparecer,
a que me quieren creer!

Mi castigo eterno serán mi voz y sus escarabajos,
yo no hice nada,
se los dicto desde hoy.

Me voy a primera luz esquinera,
apta para recordar manzanas ajenas,
para estar madura
para saber que tengo y juego con la conciencia,
que sonrío y me visto.

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Tengo un ojo clavado en mi cerebroque me busca, me observa y me persigue,allá donde…

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