EL CASTELLANO Y LA MAR

»El Poeta sugerido: Norah Lange

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Mientras trabajando estás,
quitando yerbas a mano,
con los machos de la yunta
los surcos rectos trazando,
en la faena tú estás,
el agua baja soñando
y la tarde gris despunta.

Tú, incansable labrador,
recogiendo la cosecha
haga frío o haga calor
siempre presente en la brecha
austero y gran soñador,
la tierra te da el sabor
que del sudor se aprovecha.

Labriego, en tu caminar,
incansable trashumante,
no mas sigas adelante,
para un rato a descansar,
súbete a tu rocinante,
lanza tu vista adelante
hasta divisar el mar.

Castilla tiene castillos
pero no tiene una mar,
ponte, pues, a imaginar
que es una tierra baldía
que tienes que cultivar
y comienza ya a pensar
las semillas que allí habría.

Marino de la meseta
un bajel te has de comprar
para el futuro en la estepa
aprender a navegar
¡qué linda está la ribera,
qué bonito que es pensar
que el campo es la mar serena,
quién te impide a ti soñar!
©donaciano bueno

Cuando Santander formaba parte de la distribución geográfica de Castilla y León, era denominada como el mar de Castilla. Hoy es una comunidad independiente denominada Cantabria.

POETA SUGERIDO: Norah Lange

Norah Lange

Jornada

Aurora
Lámpara enredada
en un camino de horizontes.
Después, al mediodía,
en el aljibe se suicida el sol.
La tarde hecha jirones
mendiga estrellas.
Las lejanías reciben al sol
sobre sus brazos incendiados.
La noche se persigna ante un poniente.
Amanece la angustia de una espera
y aún no es la hora.
(De La calle de la tarde,1925)

Poniente doble

Oscurece. El silencio
De las cosas ya cansadas
Pone apuro en las tinieblas.

Aguardo –entre las sombras–
Corona de palabras tuyas
Para ceñir la espera.

¡Sueños de otros lugares!
Afuera oscurece. Adentro, en el corazón que es grande
Como el tiempo,
Otro poniente nace.

¡Poniente del corazón!
Cumplida ya la luz
Como mi espera.
Somos un mismo poniente,
Adentro, y afuera…
(De La calle de la tarde, 1925)

Amanecer

En el corazón de cada árbol
se ha estremecido la medianoche.

La noche se desmenuza
en lenta procesión de niebla.

Todas las tardes terminan su cansancio.

Los letreros luminosos duermen
el asombro de sus colores
y anticipan la contemplación de cada pobre.

En toda esquina vigila el sueño
y es tu recuerdo la única pena
que humilla la altivez de las aceras.

Lejos, el primer mendigo,
traiciona el portal donde ha dormido.

Y la ciudad se abre como una carta
para decirnos la sorpresa de sus calles.
(De La calle de la tarde, 1925)

Anochecer

Los brazos del sauce llorón
son serpentinas malgastadas.
El viento simula arpegios
jirones de música entrecortada.
El véspero anuncia la noche
mientras en otro horizonte
el sol delira…

Cada árbol es un país de emociones.
Tú y yo, multiplicándonos de amor. Sumergiéndonos
en nuestros ojos, amplios de azul.

Como un niño llegué a tu corazón.
Tú, generoso, te partiste para darme un pedazo de dicha.
(De La calle de la tarde, 1925)

Versos a una plaza

La tarde muere como una eremita.
Sobre la espalda de la noche
el cielo se estremece apretado de estrellas.

La noche crispada y lenta
se apega a los faroles,
pequeños y suaves como una luna nueva.

Plaza: sobre tu umbral de sombras
su voz sube como una letanía
al silencio verde de tus árboles.

Los caminos son temblores de dicha
bajo la llamarada azul de tanto cielo.
La ciudad se rompe bruscamente
contra el regazo de tus esquinitas verdes.

Ventana

Ventana abierta sobre la tarde
    con generosidad de mano
    que no sabe su limosna.

Ventana, que has ocultado en vano
tanto pudor de niña.

Ventana que se da como un cariño
a las veredas desnudas de niños.

Luego, ventana abierta al alba
con rocío de júbilo riendo en sus cristales.

Cuántas veces en el sosiego
    de su abrazo amplio
    dijo mi pena
    su verso cansado!

La tarde se va

La tarde se va
                     de la mano del sol.
La noche es un largo silencio negro.
La luna es el alma de la noche.
¡Si yo fuese tan sólo tu corazón por dentro!

Tus labios deletreando

Tus labios han deletreado
                                        una sonrisa.
Las palabras declinan
                                        como ocasos
                              sobre los pétalos de los caminos.
Un pajarito
                               se ha dormido
                               con un poco de luz
                              sobre la piedad de tus manos
y se oye palpitar un beso
                    sobre el cansancio
                              de tus ojos.

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