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1º HABLEMOS SIN TAPUJOS (mi poema)

2º El poeta sugerido: ''Marina Casas''

MI POEMA…de medio pelo Lee otros poemas REFLEXIVOS

 

Sentémonos a hablar. Sin cortapisas.
Hagamos, como el resto de la gente
que intenta conciliar cuando disiente,
sin miedos, sin rencores y sin prisas.

Si reo se ha de ser, sea de consenso,
cediendo en nuestras propias convicciones,
incluso con dolor de concesiones,
si así fuera preciso, echando incienso.

Hagamos del disenso un ejercicio
que venga a conciliar las divergencias,
obviando que ha lugar desavenencias,
cayendo así evitando al precipicio.

Echemos los pelillos a la mar
salvando a nuestro amor que es nuestro vicio
e impida que podamos naufragar.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Marina Casas

Marina Casas

Un verano sola es un verano perdido.

¿Por qué los días de calor
deberían tener más sentido
que los de invierno?

¿Quién dijo
que reír con conocidos
en un bar es mejor que llorar
un viernes con una serie de Netflix?

¿Por qué la felicidad se mide
en la cantidad de cuerpos
que pudiste tocar?

Me encierro en el autismo
de mis fantasías
porque nada
de lo que espera afuera
alcanza
las expectativas
de mi irrefrenable
imaginación.

¿Y qué pasa si ahora me voy?

Después de tantos años
pensando que era tarde.
Siempre hay tiempo
para que sea más tarde.

Hablar mi lengua,
pisar mi tierra,
no me adueña de certezas.

Lo conocido
me derrumba.
Los conocidos
me retumban,
sus palabras
en mi cabeza.

¿Y qué pasa si ahora me voy?
Del espacio
sin voz,
el tiempo
sin amor,
un viaje
en un cajón.

A veces me detengo

en el pasillo yendo
del living a la habitación
ida y vuelta, me detengo
me miro en el espejo que asoma desde el baño
para no olvidarme quien soy.
Para seducirme con mi propio cuerpo
con la astucia de mi piel que me resta
la mitad de los años que cargo a mis espaldas.
Quiero todavía sostenerme
poner dos broches en mis hombros
mantenerme erguida
como la ropa nueva en mi balcón
que a pesar de los vientos que la mueven
no se deja caer.

En la adultez enamorarse
se parece más
a una decisión
que a una mariposa
una pastilla
o el borde de una piel
para no enloquecer
la piel
que me haga borde
y sostenga
una espalda contra la mía
advertida
que si uno empuja de más
nos caemos dos.
De Los animales no saben contar.

1.

Yo no hablo con las plantas.
Las riego casi con violencia.
Las cuido descuidándolas.
¿Por qué amar las plantas
debería hacerme buena,
más humana, natural o espiritual,
conectada con algo verdadero?
Me gustan demasiadas cosas
pero las plantas no
que no me hablan,
no se mueven,
son casi como muerte,
que no me tocan
ni me miran.
Si no me das nada
no te voy a querer.

2.

A veces me detengo
en el pasillo yendo
del living a la habitación
ida y vuelta, me detengo
me miro en el espejo que asoma desde el baño
para no olvidarme quien soy.
Para seducirme con mi propio cuerpo
con la astucia de mi piel que me resta
la mitad de los años que cargo a mis espaldas.
Quiero todavía sostenerme
poner dos broches en mis hombros
mantenerme erguida
como la ropa nueva en mi balcón
que a pesar de los vientos que la mueven
no se deja caer.

3.

I.
Un pedazo extirpado,
bola de restos enquistados
de uñas, dientes y pelos.
Instrumentos que tienen impacto
en manos de hombres.
Tengo el ovario izquierdo
cargado de resentimiento.

II.
Hoy incomoda el cuerpo,
siento que mi piel se expande,
que me brota un deseo:
cuidar a un otro,
sólo puedo pensar
en un nacimiento.

III.
Corre sangre,
este no es el momento.
Me mancho de preguntas.
¿Cómo saber si habrá un tiempo?
La ausencia es una herida
sin cicatriz.

4.

Hikikomori
dicen que es un trastorno japonés
como si acá no supiéramos
encerrarnos para hacer
de la soledad un lugar seguro.

Wikipedia describe
que es un fenómeno social
con síntomas de ansiedad, fobia y timidez.
Pero yo no encuentro la palabra
que diagnostique lo que siento
cuando cualquier estímulo externo
se me inyecta como el dolor de una jeringa.

Suele afectar a hombres
pero acá son hombres
los que la mayoría de las veces
me dan miedo.
Dejo de tomar taxis,
dejo lo fallido de las citas,
dejo las amistades
para no hablar otra vez
de los fracasos.
La repetición de lo mismo
me robotiza aún más que encerrarme
con la televisión o la internet.

5.

En la adultez enamorarse
se parece más
a una decisión
que a una mariposa

una pastilla
o el borde de una piel
para no enloquecer

la piel
que me haga borde
y sostenga
una espalda contra la mía
advertida
que si uno empuja de más
nos caemos dos.

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