NIMIEDADES/

Luis Llorèns Torres (poeta sugerido)

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Que no soy de este mundo, dijo Cristo,
y yo que Dios no soy,
hay veces que no entiendo por qué estoy,
y a hacer el paripé no me resisto,
que ignoro por qué vengo, donde voy.

Los jueces que conozco no son jueces,
los hay son progresistas,
los hay conservadores, que en las listas
te juzgan dependiendo si a quien reces
coincide con su Papa. Son papistas.

Hablar de los maestros me incomoda,
lo digo aquí con pena,
sus filias y sus fobias les condena
metiendo en sus cerebros lo que es moda
a niños sin salvarse de su quema.

Mentir en democracia es lo habitual,
mentiras que hacen votos,
después se han de mostrar tan manirrotos
que el pueblo ya para ellos dará igual,
teniendo a sus amigos con sus fotos.

Respeto hoy no se tiene ni al respeto,
mas muchos hay se quejan
al ver si a una mujer la despellejan,
al tiempo que le crean parapeto
pues que ellos el respeto no aconsejan.

Pues cómodo yo aquí ya no me encuentro
con tantas falsedades,
trocando las mentiras en verdades,
que el mundo se ha tornado truculento.
O acaso yo estoy ciego. Nimiedades.
©donaciano bueno

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Luis Llorèns Torres

OJOS NEGROS

¡Ojos tuyos! Ojos negros, que el amor los enfurece.
Pupilas que se dilatan ante la azul inmensidad.
Astros donde la luz se ennegrece
para que haya estrellas en la claridad.

Viajeros en que el polvo de la Vía Láctea florece,
porque vienen jadeantes de la eternidad.
Cosmos en que a un tiempo amanece y anochece,
violadores de la física de la Divinidad.

Cimas que la seda de los párpados cubre de nieblas.
Noches que son luz anegada en tinieblas.
Días que son tinieblas inundadas de luz.

Ojos que son clavos que en ti me sujetan como en una cruz.
Y ojos consonantes, que al mirarme han rimado
su más dulce y armonioso pareado.

A PUERTO RICO

(A Tomás Carrión)

La América fue tuya. Fue tuya en la corona
embrujada de plumas del cacique Agüeybana,
que traía el misterio de una noche de siglos
y quemóse en el rayo de sol de una mañana.

El África fue tuya. Fue tuya en las esclavas
que el surco roturaron, al sol canicular.
Tenían la piel negra y España les dio un beso
y las volvió criollas de luz crepuscular.

También fue tuya España. Y fue San Juan la joya,
que aquella madre vieja y madre todavía,
prendió de tu recuerdo como un brillante al aire

sobre el aro de oro que ciñe la bahía.
¿Y el Yanki de alto cuerpo y alma infantil quizás?…
¡E1 Yanki no fue tuyo ni lo será jamás!

ANHELOS

Oh, los anhelos de ml amor insanos.
Quiero empañar tus límpidos cristales
y ver palidecer esos corales
sobre las perlas de tu boca ufanos.

Quiero que llore, herida en sus arcanos,
tu fuente de rosados manantiales
y que tiemble en tus tiernos maizales
la panoja rindiéndome sus granos.

Yo quiero ser tu vórtice y tu freno;
en el oleaje de tu amor, la roca;
noche en el sol de tu mirar sereno;

sol en la noche que tu trenza evoca;
serpiente en los nidales de tu seno;
y abeja en los panales de tu boca.

EL NEGRO

Niño, de noche lanzábame a la selva,
acompañado del negro viejo de la hacienda,
y cruzábamos juntos la manigua espesa.
Yo sentía el silencioso pisar de las fieras

y el aliento tibio de sus bocas abiertas.
Pero el negro a mi lado era una fuerza
que con sus brazos desgajaba las ceibas
y con sus ojos se tragaba las tinieblas.

Ya hombre, también a la selva del mundo fui
y entre hombres y mujeres de todas las razas viví.
Y también su pisar silencioso sentí.

Y tuve miedo, como de niño… pero no huí…
porque en mi propia sombra siempre vi
al negro viejo siempre cerca de mí.

PANCHO IBERO

(A Antonio Pérez-Pierret)

¡Pancho Ibero! Tronco de honda raíz ibérica
y encarnación de la América española.
Una ola te trajo a las playas de América.
¡Pancho Ibero! ¡Bendita sea la ola!

Tramas la dictadura, pero armas la revolución;
que eres a un tiempo pulpero y soñador.
Y sabes llevar con arte el clac…
pero prefieres tu sombrero de panamá.

Y mientras el Tío Sam en su águila cabalga
acaricias de tu cóndor las alas
y afilas en la piedra el cuchillo y la azada;

porque una noche sueñas en la Vía Láctea
y otra noche en la res que en la pampa destazas…
que no en vano nos vienes de Quijote y de Panza.

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