A VUELTAS CON EL HOMBRE

Poeta sugerido: Gaspar María de Nava

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El hombre, ese es el único que mata
al otro al que le dice que es su hermano,
que tiene compasión, tiende la mano
y cuando está en el suelo le remata
mostrando es inhumano.

El hombre, el que se cree que es muy listo,
que sabe lo que dice cuando piensa,
un alma que hacia el bien siempre es propensa
pues dicen bendecido fue por Cristo
y sale en su defensa.

El hombre tiene cara, tiene culo,
dos brazos, dos orejas y dos piernas,
y un miembro al que guarda con disimulo
que quiere ser el rey de las cavernas
huyendo de ese bulo.

El hombre, se dice no tiene abuela,
así tenga tendencia a presumir,
el mismo que se suele desdecir
y hacer lo que no siente por si cuela
y vuelta a repetir.

El hombre, por demás muy valorado,
las flores se las echa él a sí mismo,
bendito es en la pila del bautismo
e ignora que su estancia es de arrendado
ni es dueño de sí mismo.

El hombre es ese pobre que daría
su vida erradicando la pobreza,
y cuando se hace rico pide y reza
a dios que le mantenga su alegría
que no encuentre pereza.

Presume del lugar en que ha nacido
pues lleva en su ADN el presumir,
mejor que se dedique a divertir,
que aquí sin consultar él ha venido
y debe de morir.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Gaspar María de Nava

Gaspar María de Nava

A Belisa

Belisa, ¡cuán hermoso
es ver de rubias mieses coronado
un terreno espacioso,
de arbustos rodeado
y flores olorosas esmaltado!

¡Cuán dulce el arroyuelo,
que con curso apacible retorcido
riega al ameno suelo,
y halagando el oído
convida al sueño con su lento ruido!

¡Cuán gracioso parece
el pájaro en el árbol ir saltando,
que en la rama se mece,
y que está requebrando
a su amada, canciones entonando!

¡cuán grato es ver hinchadas
las velas de un convoy muy numeroso,
y que las aceradas
proas al mar furioso
dividen con un surco prodigioso!

Pero más lisonjero
que el campo, que el arroyo, más que el ave,
más que el convoy ligero,
y a mi alma más suave,
es gozar de tu pecho, que amar sabe,

y en tus brazos preciosos
hallar todos los gustos reunidos;
esos gustos sabrosos,
y tan apetecidos,
que adormecen al punto los sentidos.

Aquí do silencioso …

Aquí do silencioso
corre el blando Guadiana cristalino
sin azotar ruidoso
las piedras de camino,
o encanecen de espuma la ribera.

Tan manso, que creyera
cualquier que lo mirase
que, estancadas sus aguas, no se mueve,
o de su curso leve
la fija dirección equivocase:
aquí que la espesura
de los fresnos y arbustos enlazados
mantiene la frescura,
y ajenos meneados
al dulce soplo del calmoso viento,
nos llaman al contento
del blando meditar, placer süave
que el alma melancólica y sensible
tan sólo encontrar sabe
aquí en la soledad apetecible.

Ven, tierno Ypanco, ven, y tú, mi Anfriso,
fiel Anfriso, venid, venid, sin mora
al lado de Feniso,
que agitado os implora.
Venid aquí y gocemos
la sabrosa amistad tranquilamente
y en su seno clemente
el bullicio dejemos.
La sociedad los hombres olvidemos.

A la furiosa guerra siguió luego
la dura esclavitud. El inclemente
vencedor conservó la triste vida
del mísero vencido,
y juzgando demente
le estaba concedida
facultad para habérsela extinguido.
Sumiólo en servidumbre aborrecible
a que fuera la muerte preferible.
Vergonzosas cadenas
obras de la injusticia más tirana
de vilipendio llenas,
cayeron a agobiar la especie humana.

Así do quiera que la vista tiendo,
sola la humana sociedad me ofrece
un laberinto horrendo
de males que parece
sobrepujan, si bien lo examinamos,
los bienes todos que en aquella hallamos.

Tan sólo el egoísmo
a los hombres ocupa y los dirige,
la virtud, la justicia, el patriotismo,
la santa y celestial beneficiencia,
sólo en muy pocos corazones mora.
Sólo muy pocos la verdad adoran.
Y nadie en la violencia
de la opresora esclavitud se atreve
a querer anunciarla,
y sólo puede en su interior llorarla.
Todo es esclavo, todo.

Las ciencias y las artes
gimen, sin libertad y despreciando
el saber verdadero en todas partes,
es tal vez como un crimen condenado:
todo en cadenas mil está sumido
y aún el raciocinar ya prohibido.

Así de nuestra vida
viéramos sin temor aproximarse
el dulce fin; y cuando la homicida
Parca nos sorprendiera
en plácido deliquio
la muerte apareciera.
Y diéramos los últimos alientos
cual en un sueño blando
a el Amor y Amistad himnos cantando.

Gazela XXI

Nada podrá arrancar del alma mía
de mi joven gentil la imagen grata,
ni la memoria del ciprés pomposo
de mi pecho jamás será borrada.

No lograrán el hado enfurecido
ni la fortuna con rigor voltaria
que la miel de tus rojos labios sea
de mi sediento corazón borrada.

Enredado en tu negra ondosa crencha
está mi corazón desde la infancia;
hasta la muerte unión tan agradable
no será deshecha, ni borrada.

Arrebatarme las pasiones fieras
lo pueden todo con ardientes ansias;
sólo no pueden de mi amante pecho
esta agradable llama ver borrada.

Mi violenta pasión con tal impulso
ha sido impresa en lo interior del alma,
que aunque mi cuello dividido sea
jamás esta impresión será borrada.

Si en sus amores mi alma mostró exceso,
es preciso no obstante disculparla;
está enferma, la fiebre que la agita
quisiera, ¡ay triste!, al punto ver borrada.

El que no quiera como Hafiz mirarse
lleno de frenesí, de angustia amarga,
hasta la idea del hermoso sexo
tenga del débil corazón borrada.

Gazela XXX

Llegó la rosa, amigos;
vengan, vengan los juegos;
esto mismo aconsejan
los venerandos viejos.

No hay tristeza ahora en nadie,
pero, ¡ay!, que vuela el tiempo.
Pues bebamos con ansia
mas que el tapiz manchemos.

Dulce el aura es, da gozo;
mas yo apurar prefiero
el rojo vino al lado
de un semblante halagüeño.

Venga la lira; adversa
es la suerte a los buenos.
¿Para evitar su angustia
por qué no enloquecemos?

¡Cómo brilla la rosa!
Agua y vino, que el fuego
de amor, que me consume
quiero apagar con ellos.

Hafiz, ruiseñor eres.
¿Pues cómo tú al aspecto
de las rosas pudieras
mantenerte en silencio?

Retrato de la tristeza del Doctor Young

Sobre la negra tumba recostado
está el anciano Young; contempla atento
bajo la losa todo su contento,
porque nada la Muerte le ha dejado;

Con lágrimas su rostro está bañado,
y temblando su cuerpo macilento;
sólo consta de un ay su triste acento,
que resuena en el techo embovedado.

¡Supremo Ser -exclama-, que, subido
sobre el cerco de las estrellas prodigioso,
ves con tedio al que gusta de esta vida!,

¿cuándo será mi espíritu impelido
de tu potente diestra, y con reposo
hará junto a tu trono su manida?

Si después de la muerte…

Si después de la muerte, todavía
se encuentran nuestras voces dolorosas
y bajo las heladas duras losas
abrasa al pecho el fuego que solía,

prosiga el eco de la angustia mía;
y las verdes colinas que, envidiosas,
dividen nuestras tumbas silenciosas
lo aumenten y repitan a porfía;

para que sea al punto conducido
a Leyla en alas del piadoso viento
hiriendo con amor sus tierno oído.

Así tendré al morir ese contento,
que aunque me halle ya a polvo reducido,
se goce Leyla con mi triste aliento.

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