MATAR PARA VIVIR

Poeta sugerido: Jorge Medina Vidal

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Matar para comer. Nunca entendí
por qué para vivir hay que matar,
si acaso no pudiera él inventar
otra forma mejor de subsistir.

Vivir, vivir, vivir, vivir, vivir,
y encima y sobretodo respetar,
amar y amar, amar, amar y amar
y nunca en ningún caso zaherir.

La sangre que hoy es roja desteñir
echándola en un barco a navegar
y aunque sepa el peligro de soñar,
que nada tenga nunca que morir.
©donaciano bueno

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Siempre me he revelado contra esa forma que tenemos los seres de este mundo, carnívoros, de tener que matar para sobrevivir. Quien fuera que hizo este mundo, aquí no se lució.

POETA SUGERIDO: Jorge Medina Vidal

Jorge Medina Vidal

Historia de amor

Para brillar con idéntica luz los amantes se encierran,
porque no saben si el mundo ha terminado
su destino de lluvias y de niños,
o si el mundo es un No opuesto a la integridad
de sus deseos,
o si el mundo no existe y entonces conviene
apartarse de la nada.

No son el hombre y la muchacha nocturna
que buscan sótanos húmedos y oscuros para entrar y salir
furiosamente. La fruta caída entre los desperdicios
es tan sólo el memento de un estío pasado,
y de una tierra fabulosa
como las entrañas de un toro.
Pero el amor hace que los amantes sean vicarios
de potencias altísimas,
que los mueve a la ira y a romper la pepita de los gameros
ávidos de unidad,
a pisarlos después con asco
porque abren la senda a los números infinitos.

Los amantes necesitan encerrarse,
y cada uno de ellos, que se aman tanto,
cuando se encuentran solos en una ola o en un palacio
-penetrado de silencio- donde ninguna mano
puede violar la intimidad fastuosa,
comienzan a descubrir el tórax, su cintura,
la risa, la cabellera criada entre delicias
y se lamentan.
Sí, pide la historia del amor
el llanto. La risa cumo un grito retorna
a la garganta
y el gracioso la escucha sobrecogido
y ríe, sigue riendo ante su noche.

Qué ver sino los labios unidos. Luces idénticas
que poco a poco dejan de ser lo totalmente otro,
y en el cabello, en la cintura, sienten
que allá infinito
arroyo bajo el valle
nada lo asible puro de la amada.

¿Adónde has visto luego que fueran los amantes?
¿Se apartan y mientras uno habla
el otro llora?
O se dedican a la muerte
en ese día en que pensaron: “Las mariposas vuelan para nosotros”.
¿Quieren burlarse del insigne fracaso?
Es por eso reconfortante saber que todavía se muere la juventud,
no llegados aquí, a la precisa madrugada,
preparada, en que el hastío los deja cínicos
o rompe el vuelo de su pensamiento.
Felices los necios y los sabios,
los engañados totalmente
que mueren en la fe primitiva
y los que arengan con la conciencia de un gran fraude,
mirando más, mirando más.

Noche transfigurada

Ni hablo ni escucho
como la dalia en el tintero.

Abiertas las ventanas de mi casa
en el campo
se sentían llegar cosas al mundo,
extrañísimas cosas,
cargamentos.
Y se sentía aquel drenaje oscuro
la emigración de lo que se moría
hacia todo el espacio
de las nubes.

Solo sé una palabra,
una pregunta
para ustedes señores ocultísimos
que parecen vivir todo en el campo
y despedís al borde de la noche
materias del olvido.

Pero no hablo.

Situación anómala

Amar es vivir despreocupado. Punto.
Es una posibilidad que debió ser jueves o explosión o sonido de una guitarra que el luthier nunca se atrevió a construir. Punto.
Situación anómala que todos confunden con Felicidad y se enorgullecen al descubrirla entre sus amistades.
Puede ser un gato que en las estrecheces de los hogares modernos repasa las masacres de sus abuelas ENTRE LOS HELECHOS GIGANTES Y LOS DINOSAURIOS.
Siempre está perdido en el sueño próximo al delta pantanoso.
Basta que toque un rayo de luz en su plumaje para que surja Amor, como una novia etíope de su blanca litera.
Los raquíticos no saben del amor. Entonces sí, corresponde: Punto.

La vida ya da su olor

No sé por qué destino moriré esta mañana
cuando todo esté virgen y el sol apenas llega.
La hiedra siente el rudo abanico del Este,
y el mar es todavía un posible misterio.

Ya no soy necesario. El día que mi infancia
fue un furor de aventuras
quedé mudo en la orilla.
Se han quebrado en la espuma
y los restos prosiguen su pálido reflejo
delante del abismo.

Llevo una mano roja para siempre en mi espalda
y entregado a las horas desando mi camino.
Puedo morir sin causas también esta mañana,
como ocurre en silencio la muerte del anciano,
debajo de un arbusto al borde de un camino,
mientras el río pasa.

Esta noche, más tarde,
cuando ya todo sea de nuevo un limo oscuro
que el tiempo arrastra al vasto refugio
de las sombras,
conoceré mi tumba:
las tres paredes negras y la otra brillante,
el techo sin estrellas ni pájaros
y el aire,
una forma nocturna caída sobre el piso.

Ni un deseo, ni un gesto, me moveré indeciso
por la frágil canoa donde ayer me detuve
para vivir de nuevo los aires que me rozan.
He de hacer las tinieblas en mi breve dominio,
yo el padre de mi carne reposaré a mi lado,
me reflejo en mis ojos,
y el viento en los jardines
recordará en silencio que muero,
y eso es todo.

Oración fúnebre para los héroes

Ahora no es posible descansar las fatigas,
ni secar las axilas ni arreglarse la frente,
ni dejar que la mano repose en las rodillas
hasta el último verso
como un solo naufragio.
Ahora que se inician sombrías procesiones
rompen el libro sus tapas y se esparce el poema,
ahora los caballos funerales renacen
y los últimos bronces de la torre olvidada
y cubren ya los cielos las crines del sollozo
como un mar encendido y escombros de montañas,
ahora es doble el mundo
las máscaras se irritan,
porque un sólo cadáver ha enlutado
la tierra silenciosa.
Pero puedo decirme que yo sólo persisto
que la muerte se nombra
detrás de los suspiros,
que estando entre la tierra bajo nubes de sangre
las armas y el acero tumbaron mis estrellas.
¿Acaso no es posible decir que eres la muerte?
tú y ella con los ojos se aplican al misterio,
¿acaso no comprendes tu palio de banderas
tus voces, tus caminos, tu misma sombra enferma?
La vida de los hombres quiso honrar esta muerte,
ceñirla de imposibles andanzas por la estepa
decir que se ha vencido la vida con su muerte
y andar sobre las rocas buscando el gran silencio.
Ahora mientras cruzan los enormes cortejos
la muerte se retrata besando a los mancebos
y en todo el universo la boca desdentada
repite las estrellas
Cadáver
el cadáver
tenaz y solitario
se arrastra lentamente con las fuerzas del pasmo.
La gloria lo cobija con sus telas de vidrio
debajo de las alas que alargan silenciosas
la lluvia azul de talco
que desprende el Olvido.

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