PADRE, YA SÉ QUE TE MUERES

»Mi Poeta aquí sugerido: Carlos Cociña

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Padre, ya sé que te mueres,
y que, a tu pesar, nos dejas
tal cual hacen las madejas
deshaciendo las mujeres.

Mas sé que tú nos quisiste
aunque a veces lo ocultaras,
y que a escondida lloraras
si a alguno nos viste triste.

Que aunque dudes de que existe
dios, tú a él te aferrabas
y al mismo te encomendabas
cuando hundido ya te viste.

Padre, juro si hoy pudiera,
si yo fuera dios te juro,
quisiera hacer un conjuro
que a la vida devolviera.

Mil veces mi vida, mil,
y una y otra vez daría
por verte aquí cada día
presidiendo nuestro atril.

Verte gozar en abril
y soñar en primavera,
sentirte reír quisiera
tan amable, tan gentil.

Mas, cual sabio que tu eres,
puedes marcharte tranquilo
dejando, fiel a tu estilo,
muy bien hechos los deberes.
©donaciano bueno

MI POETA SUGERIDO: Carlos Cociña

Carlos Cociña

Se acerca el tren;

sus luces van sobre las lomas.
No son los carros del tren,
es un gran gallinero extendido sobre los árboles
del cerro.
Ese tren va a las tierras cardinales.
En sus ventanas iluminadas se refleja
el gran transatlántico,
entre los valles de maíz, encendido
entre los insectos que vibran en vuelo.

12c

Con la fuerza de la luz en los vidrios, la imaginación se ubica
en territorios cercanos a valles inexistentes. Las aguas, en sus
múltiples estados cercan las montañas, los ríos y el mar
y hacen de las extensiones un espacio apenas vislumbrado.
Como islas donde ha desaparecido todo vestigio de uno de los
colores primarios, la inexactitud de las referencias afecta
cada paso. Frente al mar se elevan a baja altura algunos pájaros
que no alteran en nada el paisaje percibido sólo con algunos
de los sentidos más evidentes. De las escalas musicales
conocidas, sólo una es la existente y aunque se escuchen otras,
su identificación es negada por el solo nombre de los valles
interiores.

10a

El blanco que se observa en las grandes montañas y edificios
no es nieve, sino la luz que toca extensiones de piedras y arena.
La sombra de la luminosidad parece agua en estado sólido,
extendida en los contornos de los objetos. Luego aparecen
Cetus y el Pez, desde la luz.

JARDINES

(fragmento)

En medio del sendero una jauría se disuelve en desbandada.
La forma de expandirse no tiene como referencia el lugar
desde donde comenzó. Las carreras, aparentemente erráticas
entre los arbustos, también pueden ser por la copa de los árboles,
incluso en otro lugar. El sonido no se produce determinado
sino en todo el cuerpo que se desplaza moviendo ramas y hierbas.
El aire se deshoja en muchos puntos apenas determinables
y a su vez vibra en otros provocando efervescencia en las
direcciones de la luz. Vendavales produce el paso
entre las pequeñas agrupaciones de agua, alterando otra vez
la luminosidad. Abierto queda el aire.

De Tres canciones, 1992:

Se acerca el tren;
sus luces van sobre las lomas.
No son los carros del tren,
es un gran gallinero extendido sobre los árboles
del cerro.
Ese tren va a las tierras cardinales.
En sus ventanas iluminadas se refleja
el gran transatlántico,
entre los valles de maíz, encendido
entre los insectos que vibran en vuelo.
*
Como una cadena de montañas que nace en el
mar del sur
y se despeña hasta las aguas antárticas,
la cruz de los andes atraviesa la selva
y los valles
con el ruido de las nieves y las mareas del oeste.
Como una cadena de montañas,
de sur a norte, que
se eleva hasta la bóveda de la cruz
de las estrellas,
la cordillera sostiene el mar que se va sobre
la pampa
como una única ola.
La montaña de los andes se estrella en el cielo
cubierto de sales marinas.

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