GRACIAS, AMOR

Mi Poeta sugerido: »Diana Garza Islas

EL POEMA Lee otros poemas de AMOR

 

Voy a adornar todo el tiempo que me queda
de un tupido manto de besos, de color,
para que sepan en todo el Ecuador
que eres el sauce querido en mi alameda.

Gracias, amor, porque hiciste que lloviera
desde tu cielo el anhelo en mi interior,
degustando de tu cóctel el sabor,
para que al sol y a la luna juntos viera.

Gracias por donarme a mi tu primavera
aunque llegando estemos ya hasta el otoño,
por tan dulce y prolongada sementera.

En estos versos yo agradecer quisiera
haberle hecho disfrutar a este bisoño
sin que una sola gotera apareciera.
©donaciano bueno

Tampoco hay que exagerar! Clic para tuitear
POETA SUGERIDO: Diana Garza Islas

Diana Garza Islas

SI SÍ COLMENAN

Qué tanto nace capullo que no fui y di permiso.
Qué tanto tiene forma oval, color así, dalila en medio,
nombre mío, que no ví.
Y con un calosfrío, por no temblar.
Y con un volado roto, para mí.
Y encontrarlo abierto, en la puerta,
y ya saber.
Que han venido a vernos,
y prender la luz oval, y vernos.
 
Súcubos, cuando quise decir sucios.
Caución, porque no puedo escribir canción.
Campar, porque no puedo cambiar la piedra.
 
Y otra serie de dudosos prestigios
que enseguida, enumeraré:

Carne, destazada lateralmente,
y del lugar de los pelitos;

Carne por la parte superior, y una suavidad
que calificaré de mestiza;

Carne del tamaño de una tecla
o de una mariposa, presumiblemente azul;

Carne toda presionada en los lugares precisos,
y puesta ahí, preciosa sólo para ser por mí vista;

Carne en vasos sin sal y con algo enteramente
derramado

—telescopios, fucos, tal vez alas acoplándose,
entre otras dulzuras.

Tales como

el lugar donde pisé, la tarde,
y su nido. O su a mí me dan el nido.
O su dame la llave del nido.
O su a mí me dan desas fiambres
/ de estuches lucertinas.

O como esa vez, que una abeja picó
y hubo colores
y un calor distinto ví venir.

TAN HUESOLITA QUE TE IBAS

La desnudez esa tan cambiante
que asocias con espigas.
Rejas acaudaladas entre.
Secuencias de pasto
sobre pasto: piezas que devoran
el color de otro río bajo el hueso.

Acariciar su boca es La Dolida. ¿Y
cuántas tienes tú? ¿Cuántos armarios
exclusivos de voz?

¿O era sólo por decir
esto otra vez?

Tu cabeza, ceñida, con cinta negra mate al beso.

Tu maleta.

Tu disponibilidad de sangre. Tu disponibilidad
de azul. —Trasmitiendo

desde el averno, en vivo—.

Y no la certeza de esa calaca contemplativa
sino que el acto

de sugerir que te quedases
tampoco significaba que te quedases.

Como sistematizar el acto de una capa
a medianoche.

A contraluz.
A rompeviento el gas.

El artefacto monolítico, esperanzado en avenir
cuarenta veces por segundo
su río sintomático a desear el sol:

Su lava el sol mi rueda
mi arma
mi andadía.

Su lava el sol contiene

Por decir que: la trama
/ se tensa.

O como localizar ese gesto que uno hace al asir
la mano con ajonjolíes, por decir que ayer
ante una pantalla, roja

era dividida la cara de la cara de alguien más.

O como localizar con una pluma láser un punto en el pasto
para imaginar una cueva.

Mi cueva.

O, por decir algo,

como localizar el modo correcto en que se deben
girar los ojos al ver

los huesos de tus padres en el pasto;
calladitos. 

MATERIAL ROJO

Vente; y yo inserto una sección con mandíbula elegante,
con minoicos sintientes siendo objeto de abducción.

Yo en tres dimensiones

copa de copa
besándonos el ripio.

De vivir ahora yo diría

que se llama Cuando las nubes caen
que eran huevos gigantescamente míos.

Brundlefly.

No hay extrañamiento en el sentido
que quiero aquí decirte.

Que quiero destacar en los tickets
de las casas vueltas todo.

De las casas llevadas en su consecutivo trajinar
de pavos caídos.

Que quiero hablarte.
Que estoy aquí, y que te quiero.

Los poemas de amor pueden copiar esta forma

de quedarse repitiendo
la secuencia de la leche;

de bajar cubetas
sangrientas al proscenio
caras riéndose de madrugada;

de raspar asdrúbales con cuellos
de varias dimensiones;

o de todo lo que inventes para averiguar
si lo que no se quedó dentro, puede llamarse.

HOY NO SE FÍA

De lo que no; entre una madre y su sombra
Rojo dijo antes noctumbra.
Pero lo dicho es, y es casi un pulpo.

No le entiendes.

Más allá en el cuerpo
la entrada de una dama en su vestuario
mira, me mira. Luego morará.

No se sabe dónde. Bebe rooibos.

¡Tantas opciones!

No es de madrugada.
No llueve.
Nadie murió aquí.

Pero hay quien se atreve, aún, a relinchar.
Hay quien se atreve, aún, a dibujar en verde
la susodicha sangre del susodicho sol.

Brachichitaárbol botella
cuerpo
, ya sé que así le dices
a la cabeza roja a la que ahora llamas

tuya. 

Pero escucha: yo sembré
yo sembré
yo tendí primero heces ahí.

¡Desearán tandas!

(Heces, sí, que significa:
para siempre.)

Para siempre-siempre
aunque nunca me escribió:

Querida, las cosas están
tan y tan así; estoy podada.

Y tuve que saberlo por mí misma:

que aquello
inclinándose a la sombra

no era un flamboyán.

Que no fue el mayordomo.
Que no eras un jardín.
Que no fuimos el monstruo
del Lago Ness.

¿Rojo Quién?

Me fui a dormir
por tiempo indefinido.

Me dejé una breve nota
por si acaso:

Dina, Hoy vi a Escocia entera
entrar por mi ventana.

Dina: Hoy un hombre vino; echó gotitas
me dio una planta que al crecer
va a llegarme a la cintura.

Dina: Hoy con camafeos, a palos,
dejé mi carne ahí a friatirizar.

Dina: Hoy no vienen más caballos, con listones,
de cuatro brazos, a verme.

Hoy al fondo en la alberquita
nos espera ya el vestido
del que aquí no sé hablar yo.

—Llegas tarde—.

Nada se destruye, pero todo
por servir se acaba.

¿Y el poema se titula? ¡Vuelva Pronto Hermoso y Huevo y Muerto y Retenido!
Y el poema se titula: Soy feliz.

QUE NO SE LLAME ASDRÚBAL

Delegar cabezas puestas a dormir
(cereza de por medio)
en bocas elegidas, ya saciadas
ya moradas de ese ser que suelen invocar.

Y la levedad sinestésica, post-humana
de los

            cenicientos albores.

(Tú, bajo las ruedas del tren.)

Trenecitos de papel picado   
sobre cabezas abiertas manchadas de mí.

Dije mí, comí de los mangos;
llegamos a oscuras.

Y machacar
machacar cabezas.

Cambiar

el nombre de los animales
para preguntarte que

                        Y a ti c
ómo te va.

(Se me escapó un pedazo
piernas puestas

sobre el tablero de damas.)

Activar así los botones de expulsión:
míos, viejos, mejorados
           
—y uno más

que si sabes que si viene,
ya se vino.

Al punto que alzas el mantel
destacándote los miembros.
                        *
Las que vamos a estar, viéndonos
una a la otra, para siempre.

La carta. La lámpara. El ojal.

No me vinieron a decir mi escaparate.
No me vinieron a colar la cosa hueca.

Cama. Coágulo. Buril.

Con las manos ñejas, meco.
Con la cara dentro, mijo.
Muchas veces, a mí misma.

Dos rayitas:
desde, para y porque sí.
Trajo la pastilla: falsa hamaca.
Trajo la pastilla: ya me fui.
Corazón con lama destop, yo venir
casi a decírmelo.

Que estaría más colma sin mi monidad.
Que estaría más maja.
Que estaría más morra sin mi colibrí.

            —Mueve la colita—

Casa mía, voz que no te odia.
Si sí te dije polvo rosetón
chivita ahumada.

—Ven te extraño no cabe este poema

Si sí te dije polvo rosetón
quédate lento.

Corte a: cuatro manos
en los restos de la flor

cementera, tan saquito:
reputada.

Nombres dados;
negativo.
                        *
Vamos a fijar una fecha para

a) abrir este condadito
b) las ancas plenas.

(No
no me vine a acá
para abc ni visitarte.)

Hoy vienen diez damas
con qué cara a la oficina.

No imprimen tópico, no oral:
refrigeran y auscultan,
firmes al morir.

Llevan telarañas, no hay pasteles;
sí hay ollas ahí desde hace un mes

con muy hermosos restos
del huevo retenido.

(Hice un poema
de esa gala mía.)
                        *
Para darme una verdad pequeña
fuera de aljibes caricaturizados.
Para llegar a Corea
de norte a norte hasta ti hablar.

A veces “besar” implica estas cosas.

Acostado en el diván
un pequeño dolor revisionista
con pechos, con espaldas, con brazos.

Mojar, ahí, la boca entre dinteles
para llegar a un museo más
o menos distinto

de mi cosa ésta hacia ti
colgada en la pared:

una alberca con los cuerpos dados
a morírseme dentro.

                        Se llamará Arnuria.
 
Su cara no que fuera parecida
a ninguno de los dos.

Poder así extraer de diez a doce líneas para calcular
qué fuera propiamente esa cosa:

Piedras
sobre la espalda
relevantes como un código de sal.

Sangre
contaminada
en el intento de multiplicar al aborigen
para ya nunca decir el aspecto de sus colas:

ese remolino que de niña oí.

O muérdagos que en la diagonal
ella me sacaba

hacia el agua misma tono homúnculo
aguantando el peso

de algo que no he visto,
yéndose de mí.

Te sugiero seguir leyendo...
De qué sirve, quisiera saber, cambiar de cama si ésta ya me conoce y, amable,…

Busca poemas entre más de 3000 poetas sugeridos

X
Scroll Up