MORIR DE EUFORIA

»Mi Poeta sugerido: Mario Míguez

MI POEMA…de medio pelo Lee otros poemas REFLEXIVOS

 

(De cuando yo me comía el mundo)

Parece que fue ayer y es que ha pasado
este tiempo tan raudo, tan furtivo
que acaso no sé ya si sigo vivo
o aun vivo sin vivir, abotargado.

Pues más bien pareciera que un suspiro
sacado del papiro de una imprenta
se hubiera traído aquí sin darse cuenta
así que alguno piense que deliro.

Y así que fuera breve en la memoria
dejó clavado el aura con su dardo,
que el mundo era una presa, yo un leopardo
dispuesto a hacer el signo de victoria.

La gloria. Se decía que a la gloria
había que subir, que darla alcance.
Yo casi la toqué. Y en ese trance
gocé lo que es vivir, morir de euforia.
©donaciano bueno

    De jóvenes todos nos comíamos el #mundo, tú no? Clic para tuitear

MI POETA SUGERIDO: Mario Míguez

Mario Míguez

Un poema para abrir fuego:

Dios dispuso la mesa: está en 
penumbra…
Hay luz de atardecer que ya es escasa
y se hace insuficiente: cuanto alumbra
lo ha cubierto como una ajada gasa…

Niega el tiempo un reloj ya detenido…
Una máscara, y una partitura:
Mi rostro que está oculto y está herido,
la música que en mi alma se hizo impura…

Y una espada partida…Y laurel seco…
Sólo tristes emblemas de este mundo
que me dicen que es breve toda espera
y que arderá mi voz sin dejar eco…
Casi es noche, y son brillo moribundo
flor, libro, crucifijo y calavera…

Sum qualis eram

Qué mal me amaba yo cuando era joven
pues no sabía aún ser el que yo era.
Cuánto he tardado en aprender a amarme,
en aprender a ser el que fui siempre.
Soy por fin el que ya era, el verdadero,
el que estaba ya en mí desde el principio,
y puedo amaros ahora como me amo
ofreciendo este amor que en mí sentía.
Y todos decís no reconocerme…
No… Es que nunca me habíais conocido.

FORJA

Son golpes silenciosos: nada se oye.
Uno es la incomprensión, otro el desprecio,
otro la humillación, otro el maltrato,
repetidos con ritmos desiguales.
Mi sufrimiento se ha hecho incandescente.
Cómo siento el martillo, y cómo vibra
este yunque, la dura soledad,
y duelen las tenazas del Herrero.
E ignoro cuál habrá de ser mi forma…

EL CAZADOR 
No era yo el cazador
aunque entraba en los bosques interiores 
que creía ser míos, 
altivo y orgulloso. 
vanamente, seguro. 
 
No era yo el cazador, 
aunque quise atraparte como al ciervo o la liebre 
cuando huyen por los sotos. o en el aire a la garza. 
 
Así, grácil y rápido,
te mostrabas de súbito un instante 
brevísimo, dejando tu belleza, 
tu sorpresa fugaz, 
al ojo fascinado, al corazón 
inquieto de aventura. 
No era yo el cazador. 
Fue un error cada intento. 
Perdí todas mis flechas y mis fuerzas. 
Jamás me fue posible 
saber tus escondrijos o guaridas. 
Y cómo me engañaba así buscándote. 
 
Eras tú el cazador, 
paciente, cauto, 
oculto desde siempre, 
 
y yo la presa esquiva que acechabas. 
Eras tú el cazador:
porque fuiste el arquero transformado en saeta 
que llevaste el veneno de la vida 
de un disparo infalible a mi costado; 
porque fuiste el montero transformado en lebrel 
que clavaste los dientes en mi carne, sanándola; 
porque fuiste el cetrero transformado en halcón 
que me hincaste las garras en los ojos 
para darme los tuyos, 
y que en mi corazón hundiste el pico 
haciendo que sangrara, 
vaciándome de sangre para darme la tuya. 
 
Eras tú el cazador: 
el Señor de los bosques. 
Tú que siempre eres pobre y desnudo y hambriento 
me estabas vigilando a mí, tu presa, 
con ojos invisibles 
desde toda mi vida 
y morías herido de amor entre el ramaje. 
JONÁS
¿Por qué si nada espero del futura 
arrojo hacia él mis versos tercamente? 
Yo lo ignoro. No sé cómo no hacerlo. 
Pues juro que de haber sido posible 
siempre hubiese evitado el escribirlos. 
De eso es testigo Dios. Él sabe cómo 
a solas y en silencio, cuando surgen 
de improviso palabras que me buscan 
y yo intento olvidarlas, la memoria 
me muestra la figura asustadiza 
de Jonás que se aleja, pobre inútil, 
negándose, ridículo, a ir a Nínive. 
“Trabaja pues”, me digo, “tú ¿qué sabes?” 
Dolorosa e ingrata por extremo, 
acepto ciegamente la obediencia 
que exigen los poemas: darlo todo 
sin poder reservar para mí nada; 
lo demás de mi vida se hace nulo. 
Qué difícil dar forma a su misterio, 
cómo eligen su tema y me sorprenden: 
yo, que soy frustración y desaliento, 
dejo en ellos un fondo de esperanza, 
y la alegría pone por encima de mí 
y de mi miseria mis palabras.
Si te gusta #Mario Míguez... Clic para tuitear
También te puede interesar...
Nieva en Soria. Invierno. La galbanase apropia del…

¿Poetas sugeridos?

X
Scroll Up