Y UN DÍA TE DAS CUENTA…

»Aquí, mi Poeta sugerido: Ester Bueno Palacios

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Y un día te das cuenta ya eres viejo
pues todo se pasó sin darte cuenta,
que ya te canta las cuarenta,
y empiezas a decir y a dar consejo,
y apenas, siendo de hombre ya el reflejo,
la tripa se revienta.

Y miras hacia atrás y es el pasado
que viene a recordarte que viviste,
y empiezas a ponerte algo más triste
pensando que la vida te ha tratado
muy mal desde aquel día en que viniste,
y es que hoy ya te ha olvidado.

Y buscas en los nietos tu acomodo
tratando de encontrar allí el amparo
de aquellos que te tildan de algo raro
-no bebes más pareces ya un beodo-
sintiendo de los otros su descaro.
apenas ya un apodo.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO:

Ester Bueno Palacios

TODO ERA OTRO

Llegué y la plaza era otra.
La luna colgada en las casas de rosa
no estaba en el alero.
El hombre de Italia, con la nariz funesta,
emigró a otro planeta.
Los niñitos pequeños, de gitanas cabezas,
no llenaban con gritos de loco los balcones.

Llegué y el camino era otro.
El barro lo arrobaba con pisadas informes
y el lodo daba paso a lluvia microscópica.
Caían las cascadas con más fuerza que entonces.
Donde leímos juntos, rebosaba de odio.

Llegué y la gente era otra.
No encontré encorsetado al viejo camarero.
Ni a las rubias chillonas de la esquina del fondo.
Ni a la pareja anciana que se miraba firme.

Llegué y me di cuenta, como lo sabe un sabio, de

que la pérdida horrible de tu vida cerrada,
que la aguja con hilo ensartada en mi pelvis,
que la nube de líos, liada en mi garganta,
que el estaño clorado, estocado en mi frente,
que las mañanas verdes roídas de cansadas,
que los vómitos sordos de panes no cocidos,
que los «ya no me toques» que me salen a veces,

no son más que un río lento de instantes ya vividos.

DESENCUENTROS

Si me separo de ti con el corazón cubierto de ceniza,
y no nos vemos más en mucho tiempo,
y el poso de lo hablado con voz bronca
me sigue palpitando entre los iris…

Si me voy con un reguero de reproches,
colgados en las lunas de los cielos inertes, sin tus besos,
y el reloj de la noche marca el paso
de que debí callar y no he callado…

Si no he sido capaz de ser tu cuna
en la que reposar los malos tiempos,
y las hadas de lo que debiera ser la vida
me abandonan al paso de tu olvido…

Si los ojos se encuentran entre sueños,
pero mis manos no sienten a las tuyas
cuando me asalta el miedo de los niños,
cuando la madrugada se hace día…

Si el silencio me pesa como nunca
en una casa iluminada por las velas,
acompañando mi caminar de paso leve
un rastro de tristeza, sin palabras de nadie…

Si el único refugio es abandono.

COBARDE

¿Eres tú la que está detrás
escondida en los gestos de siempre?
¿Eres quién dices ser?
¿O respondes a un nombre imaginario?
¿Has sido abandonada por ti?
¿O sólo te has dejado por un tiempo?

No quieres responder, no quieres encontrarte.
No quieres asomarte, de nuevo, al vértigo de ahora.
¿No cederás ni un día?

Los demás, sin embargo, parece que te miran
como si aún estuvieras.

Dos caras, dos sentidos,
dos herrumbres clavadas en el cuerpo
a la altura del torso.
Dos latidos revueltos,
infectados.

¿Eres tú la que está detrás
de la voz que conocen los pasos de tu casa?
¿Eres quien dices ser?
¿O has matado a quien fuiste?
¿Has sido relegada por ti?
¿O sólo te has dejado por un tiempo?

No quieres responder, no quieres responderte.
No quieres asomarte, de nuevo, al vértigo de entonces.
¿No cederás ya nunca?

EFÉLIDES

(Para Kev)

Manchas pequeñas en la cara redonda
esparcidas como gotas minúsculas, suaves
enmendadas por el sol de las tardes
doradas de mostrarlas al sur y al norte

Efélides contadas con mis dedos, miradas
Efélides risueñas entre tus ojos grandes
Efélides que sueñan con no serlo, cambiarte
Efélides que buscan emigrar de tu rostro

Años: uno, dos, tres, el tiempo…
espigan en tu cuerpo los miedos de la infancia
Años de dos en dos, en cuatro
ramifican tus venas para hacerte valiente

Ya no muestras tus lágrimas entre efélides pardas
cuando las noches negras llamaban a tu puerta
Ya no enseñas tu risa entre efélides suaves
cuando el fin de los cuentos sonaba en tus pestañas

Años: uno, dos, tres, el tiempo…
han conseguido hacer que algo desaparezca
Años de dos en dos, en cuatro
han podido con eso que era también tan mío

Tus efélides llenas de inocencia cerrada
han dado paso ya al mundo incontrolable

Otoño

Hojas de mi pequeño nogal en amarillo.
Camino inexorable del
que nos hará rugosos y pausados.

Arranqué tus raíces, como el que arranca un alma,
limpiando de rojeces los límites de vida
y te cambié de sitio
para que fueras otro.

Señalé cada nudo de las ramas sin savia
Y dejé que crecieras sólo en algunas partes
ejerciendo de Dios, de profeta y de madre.

Recuerdo los veranos con olor a remanso,
cuando la abuela negra mecía las mañanas
y las tardes olían a nueces no nacidas
y las plácidas muertes de arañas entre trigos.

Me acercas a los surcos con aguas estancadas.
La azada incandescente harta de tanta roca.
El hombre de ojos garzos mirando mi mirada.
El hombre de ojos garzos protegiéndome toda.

Hojas de mi pequeño nogal en amarillo.
Camino inexorable de inviernos mal armados.
Armados de más noes, de mas azules lentos.
Amarillos cayendo en el patio vacío.

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