MI PUEBLO

»El Poeta sugerido: Rosario Ferré

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Mi pueblo es un remanso de paz en la meseta,
de Castilla la Vieja.
Rodeado de encinares, enebros y pinares,
casas de adobe en la explanada asceta,
del río los andares
y calles -antes de tierra, ahora asfaltadas-
y siempre recoletas.

¡Cigüeñas que bailan al compás de las sotanas!
-en lo alto de la torre las campanas-,
a un lado dormidas las bodegas,
oasis de paz de los labriegos,
¡qué duro era un día de trabajo!
¡qué descanso para el sudor y qué relajo!
templos del vino, lugar donde no coexisten egos.

Es un pueblo chiquito, bonito y remolón,
atravesado en medio del corazón
por la carretera que va de Aranda a Salas.
A mitad del camino entre Aranda y Peñaranda,
y anda que te anda, en su linea vertical,
por la senda que conduce a Vadocondes,
de la que se cuenta y es real
que en la misma no habitaron nunca condes.

Zazuar es el nombre de la Villa,
¡es una maravilla!
Quemada, San Juan, Clunia, Salas de los Infantes, Arandilla y Alcubilla,
y Peñaranda de Duero, su palacio, colegiata y su botica,
y su más renombrada rebotica,
la más antigua de España, ¡tierra mítica!.

Y su humilde riachuelo,
el Pilsen o Arandilla ¡revoltoso y bullanguero!
un afluente del Duero,
donde los niños a la hora de la siesta íbamos a “pescar a ojete”*,
¡qué maravilla de cangrejos, qué ingenuos petrimetres!.

Tierra por donde otrora vagaban las ovejas trashumantes,
-las churras y merinas- y tratantes
de ganado. Solar de cazadores
-de gentes del país vasco y de otros pobladores-
en busca de conejos y perdices.
Presentes los lagares,
representantes de las viñas y los vinos de estos lares.

Zazuar con sus cinco placitas empinadas,
-carrehontoria, la cuesta, la villa, Tenerías y la encina-
desafiantes en el centro el pozo, ¡el agua era una mina!
con arcos -un caldero de zinc y una soga- y sus brocales,
lugar de citas de los mozos y las mozas, los pozales.

Y su plaza principal,
arropada de casas con arcos, ¡un pimpollo!,
al sur desafiante el caño de una fuente
-ayer de agua bendita, ahora dormida, antaño sonriente-
presumida, adornada en el centro por el rollo
y la picota que Felipe II le otorgara,
y la subida a la iglesia por la calle de adoquines empedrada.

¡Oh, la coqueta iglesia casi catedral!
¡Cuantos recuerdos me traes en otoño!
-unida a la plaza por el cordón umbilical-
la misma plazoleta, el lugar donde jugamos
al salir de la escuela de niño a moros y cristianos,
al inque, a la peonza o a la tuta
¡la plaza reclinada y diminuta!

Testigo permanente
de pequeños inocentes pecadillos,
-alguna mentirijilla, una indecencia-.
perdonados por el señor cura con una penitencia,
un avemaría y algunos padrenuestros,
¡qué traiciones a lo que nos enseñaban los maestros!.

De faldas, secretillos,
de susurros, cuchicheos y chismes de parejas en la fiesta
-los gaiteros, las dulzainas, las orquestas-
Santa Isabel, siempre dispuesta
y mil y uno detalles siempre pillos.

Poblado de labriegos, caballos y de aperos de labranza
de tierras de secano, vegas de regadío.
Siempre sigues presente, ‘pueblo mío.
¡tu si que me traes la añoranza!
©donaciano bueno

* expresión que se utilizaba para indicar que se hacía metiéndose en el río desnudo.
Zazuar es una localidad, un municipio situado en la provincia de Burgos, comunidad autónoma de Castilla y León (España), comarca de La Ribera del Duero, partido judicial de Aranda, ayuntamiento del mismo nombre.

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Rosario Ferré

Envío

a mi madre, y a la estatua de mi madre,
a mis tías, y a sus modales exquisitos,
a Marta, así como también María,
porque supo escoger la mejor parte,
a Francesca, la inmortal, porque desde su infierno insiste
en cantarle al amor y a la agonía,
a Catalina, que deslaza sobre el agua
las obscenidades más prístinas de su éxtasis
únicamente cuando silba el hacha,
a Rosario, y a la sombra de Rosario,
a las erinnias y a las furias que entablaron
junto a su cuna el duelo y la porfía,
a todas las que juntas accedieron
a lo que también consentí,
dedico el cumplimiento de estos versos:
porque canto,
porque coso y brillo y limpio y aún me duelen
los huesos musicales de mi alma,
porque lloro y escribo en una copa
el jugo natural de mi experiencia,
me declaro hoy enemiga de ese exánime
golpe de mi mano airada
con que vengo mi desdicha y mi destino,
porque amo,
porque vivo y soy mujer, y no me animo
a amordazar sin compasión a mi conciencia,
porque río y cumplo y plancho entre nosotras
los mínimos dobleces de mi caos,
me declaro hoy a favor del gozo y de la gloria.
De su Antología Personal: 1992-1976

Cordura

Has perdido, me dicen, la cordura
óyeme bien
cuando vas por la calle
todos apuntan con el dedo a tu cabeza ladeada
como si te la quisieran tumbar
solo apretar gatillo y plaf!
la frente se te hunde como una lata de cerveza

no saludes a nadie
no te peines, no brilles tus zapatos
cruza la calle de tu propio brazo
date la mano, ciérrate el cuello
mantente atento

ahí va el loco, dicen

tú pasas bamboleando la cabeza polvorienta
como un santo de madera sacado en procesión
los pies clavados a la tarima carcomida
mirando más allá
no dejes que tu carne florezca
déjate apedrear

has perdido
escucha bien

amárrate fuerte al mástil
átate a la polar
no desgonces ahora los tablones antiguos
no alces los remos de sus pivotes
clava a la estrella tu mejor ojo
mantente fiel
no pestañees sino de hora en hora
duerme tranquilo sobre tus puños
no tengas miedo de recordar
cierra tus dientes cristalcortantes
jaula tu lengua
no tragues más

has perdido la cordura, amigo, ya es ahora
corta la cuerda
súbete al viento
endura tu corazón.

El caballero de la rosa

En su abrazo yo abrazaba todas las rosas:
las rosas de la piedra y las del sueño,
las rosas del torrente y las del vino,
las furibundas rosas cinceladas
sobre el cráneo del sol, en ajetreo continuo;
las de apretada nieve, rosas, con que ciño
mi frente en un círculo de llamas;
y las implacables que coronan
la espina de la rosa;
las que disgrega el éxtasis en torno
a los banquetes del amor, y las que llueven
ceniza y agonía
sobre la faz del moribundo;
las rosas del poema y las del humo,
las rosas del rosario y las del tigre,
las invisibles rosas de mi sangre y las azules
que hará brotar mi muerte,
mi terraza barrida y la brisa de las rosas
entrando por los balaustres de la tarde;
las rosas que treparon la escalera,
y la que se prendió a la cerradura
al él cerrar la puerta;
las rosas de su sexo y de su pie
restañadas y aún tibias sobre el lienzo
alimenticio y lechal de la mañana,
las rosas del que llegó y aún no se ha ido;
en sus brazos yo las abrazaba:
la lacerante rosa aún no podada
que balancea su olvido sobre el tallo;
y la incomparable que perdura
en todo lo que fue, o pudo no haber sido;
la rosa desnuda de la rosa.

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