ANDAR, ANDAR Y ANDAR

»Aquí, mi Poeta sugerido: Antonio Arraiz

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Hacer y deshacer, ese es mi oficio,
andar y desandar lo que se ha andado,
sacando a lo que pueda un beneficio,
buscando a cada paso algún resquicio
mas nunca estar parado.

Pararse, si es preciso, a respirar,
volver a andar así tomando impulso,
y vuelta sin cesar a caminar,
tirando hacia adelante sin cesar,
lanzando al tiempo un pulso.

Seguir echando pestes al dudar,
la hierba despejando del camino,
obviando que pudieras tropezar,
y siempre caminando sin parar
cuidando el pan y el vino.

Labrar para vivir o trabajar
para vivir, que esa es la disyuntiva,
y el tiempo que nos queda rellenar,
tirando los pelillos a la mar
y así mientras se viva.

Hacer como lo hiciera un penitente
que arrastra su condena hasta el altar,
sufriendo y demostrando que es creyente,
gozar si es que el gozar no se resiente
y andar, andar y andar.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Antonio Arraiz

Antonio Arraiz

Canto a la rebeldía

Yo era un hombre cuando cierto día
encontré a mi padre parado en mi vía.

Alto como torre, duro como bloque, 
firme como prócer, fuerte como padre. 

– Apártate, padre – yo le dije entonces. 
– Apártate, padre. Yo ya soy un hombre. 
En efecto lo era. Él no lo creía. 

Apártate, padre. Voy a mi deber. 
Él no comprendía. No le vi ceder. 

– Apártate, Padre, – le grité de nuevo. 
– Mucha prisa llevo. Mucha fuerza llevo. 
– Mucha vida llevo. No te tengo miedo. 

Él estaba inmóvil como de basalto. 
Me le abalancé las manos en alto, 
y en la angosta vía rudo fue el asalto. 

¡Oh, qué fuerte era! Nunca lo supuse. 
No encontrara antes tan fuerte enemigo. 
Todo mi vigor en la luche puse, 
hasta que mi padre dio en tierra consigo. 

Y cuando jadeante por la libre vía, 
lleno de entusiasmo continuar quería, 
mi padre, en la tierra, se alzó como pudo, 
y con gran orgullo, ¡oh qué orgullo el suyo!, 
me gritó: 

Hijo mío: ¡Sigue! ¡Sigue! ¡Sigue!

AMÉRICA, DE ÁSPERO

Canto mi América virgen,
canto mi América india
sin españoles y sin cristianismo.
Canto mi triste América.
Tambores de cuero retumban
por los reyes muertos.
Tambores de cuero resuenan.
Tambores que fueron de guerra.
Los musgos, las yerbas silvestres,
retoñan sus manchas alegres
sobre negras ruinas
de viejas, gloriosas ciudades.
América de ritos antiguos.
América milagrosa.
Canto mi América tropical.
En cuyas selvas espesas,
en cuyos Andes, bajo el cielo infinito,
en cuyos ríos venerables,
en cuyos amplios llanos luminosos
quizás se escondió Pan.

EXALTACIÓN

Lenguaje mío:
conviértete en loco tropel
al decir la exaltación.

Más que todos los hombres;
que todos los hombres de todos los tiempos
que vivieron sus vidas remotas;
más que todos los hombres
yo quiero vivir.

Más que los hombres que arañaba
la tierra parduzca,
con todo el cuerpo y toda el alma
apoyando su peso al arado,
detrás del paso de bueyes isócronos,
mientras el sol recorría el espacio.

Más que los hombres
que salían, sonoros de hierro,
agitando las armas
por la senda de guerra.

Más que los hombres
que se propusieron
desentrañar las cosas vedadas,
y poco a poco rasgaron
el velo de dios.

Más que todos los hombres
que han comido y dormido;
más que todos los hombres que amaron;
más que todos los afanes humanos;
más que todas las vidas;
más aún! yo quiero vivir.

Más que todos los dioses.
Más aún que los dioses yo quiero vivir.
Está el cielo sin nubes.
Ahoga tanta azul claridad.
Tres mil quinientas palmeras
se mecen a compás.
Grita el mar sus roncos
quejidos lujuriosos.
Un revuelo de albas palomas
rasga el azul del cielo.
Estoy en el trópico.

y como un ser extrahumano,
como un dios,
como un dios eternamente sediento,
quiero reír y cantar y sufrir
y llorar y vivir y morir.
Más que todas las cosas:
quiero vida! quiero vida!

Que todo lo bueno y que todo lo malo
me caiga!
Como un titán extrahumano,
soportaré todos los dolores humanos,
saborearé todos los goces humanos.

Cómo me horroriza
la insensibilidad de las rocas!

EXALTACIÓN

Oh, bien sé que hay dolor
y dolor
y dolor.
Solamente dolor.

Sin embargo:
con mi ingenua alegría,
con mi franco entusiasmo,
acojo al dolor.

Como un buitre monstruoso,
con furioso deleite
morderé en el centro del pecho
del dolor,
y la sangre más íntima
chuparé.

Tengo un ansia insaciable
de dolor.
Como un ser extrahumano,
como un dios eternamente sediento,
más que un dios.

Oh, Señor!
Con tu mano fatal
los más duros obstáculos
opónme a mi paso.
De modo,
que mi paso,
acostumbrado a salvarlos,
se haga más firme y alado.

Oh, Señor!
Que la lucha sin tregua,
la miseria,
el desengaño inclemente,
como dogos de blancos colmillos,
se me planten al frente.
Me siento con fuerzas,
con este sublime vigor inicial
para afrontarme a cada nueva derrota
con nuevo entusiasmo.

Oh, Señor!
y que caiga,
de bruces contra la tierra, muerto,
cuando aún la meta esté ante mis ojos
como un espejismo divino
que hasta el segundo final
sostuvo en mi pecho el deseo de luchar.

EL HAMBRE

Poco antes del alba
de risa rosada,
hay un preciso momento
en que algo fatal
flota en la selva;
algo inquietante y secreto;
es el hambre,
es el hambre que flota en la selva.

Se nos crispan los vientres vacíos.
El aire palpita de miedo.
Se apagaron los ruidos alegres,
y las miradas se hacen perversas.
El hambre va flotando en la selva.
Detrás de los árboles,
detrás de las peñas,
detrás de la sombra,
se presienten: las garras agudas,
los ojos de torvas miradas,
los dientes,
las fieras hambrientas
de vientres vacíos,
acechándonos.
El aire palpita de miedo.
Olvidamos los ruidos alegres
y andamos con pasos astutos
y ojos perversos
buscando la presa.

Es el hambre,
es el hambre que flota en la selva.

DESCANSO

Ya cayendo la sombra sobre el suelo.
Yo estoy sentado aquí divinamente.
A mi lado tengo a mi mujer.
Mi mujer es suave y bella y dulce
y tiene un raro aroma raro.

Los dos callamos,
mirando el rojo ocaso.
El río arrulla su rumor.
La brisa barre su rumor.

El ocaso
es rojo y es violeta y es blanco y es azul
y es divinamente bello
y es divinamente dulce.

Mi compañera
tiene grandes ojos soñadores.
De repente la miro:
¡Hay un rojo fulgor de ocaso en sus pupilas!

LA VOZ VANIDOSA

Yo soy rico de bárbaras cosas.
Quiero dar. Puedo dar.
No te pido nada en cambio,
ni un aplauso.
Quiero dar mis bárbaras cosas.

He aquí que soy imperfecto.
Imperfecto como trozo de hierro.
¿Quiero acaso ser norma?
¿Indiscutible norma perfecta?
Heme aquí como soy:
imperfecto y potente.
No te pido tu aplauso.

MAGIA

Cuando ella canta:
ella no me dice nada.
Su voz no tiene palabras de consuelo.
Su voz no tiene palabras dulces.
Ella no me dice nada.

Y a pesar,
su voz,
desnuda de palabras,
es suave y dulce y triste,
y dice lo que quiere.
Ella no me dice nada,
pero su voz es bruja,
y me seduce lentamente,
y yo entiendo todo lo que quiere decirme.

Su voz bruja!
Parece que viniera de muy lejos su voz.
Se escapa ténuemente
de su garganta larga
y es suave y dulce y triste.
Su voz no tiene palabras de consuelo.

Su voz no tiene palabras.
y a pesar,
heme aquí de rodillas
sediento de beber la magia de su voz.

Heme aquí de rodillas,
con los ojos abiertos,
inmóvil,
como si la vida me hubiese dejado.
Ella no me dice nada.
Su voz sale desnuda de palabras.
Y yo entiendo todo lo que quiere decirme.

Música, maga música,
que me ha hechizado.

FÚNEBRE

Desfallecía.
La cara era siempre más lívida.
Tenia los ojos cerrados. Sin duda
le pesaban los párpados lacios.

La tarde era violeta.
El estaba intensamente pálido.
y entre el corro de amigos solícitos,
fue muriendo suavemente.
Exánime quedó el bravo guerrero.
Mudo el hermoso rostro.
Frío el potente cuerpo.
Era violeta la tarde.

Solícitos,
nos inclinábamos sobre él.
Tenía en el costado la herida.
Un punto apenas visible,
una herida ávida y maligna.
y al ver como se iba la vida,
toda aquella vida noble,
aquel sublime valor
del amigo querido,
por un punto apenas visible,
nos llenaba una sorda ira
impotente.
Violeta era la tarde.

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