LOS MALOS MODOS

»Mi Poeta sugerido: M. Justo de Rubalcava

MI POEMA…de medio pelo Lee otros poemas de HUMOR

 

Ya pierdo el equilibrio. Con frecuencia
presiento me abandona la mesura.
Quizás sea la edad. Que a la locura
no hay nada que le ofrezca resistencia,
la edad no tiene cura.

Me muevo como puta por rastrojos
pues voy como flotando, eses haciendo,
algunos que me observan sonriendo
provocan que me afloren los sonrojos
y yo voy resistiendo.

Que el tiempo suele hacer malas pasadas
no atiende a las razones, no te escucha,
mas sigue dando pasos y te achucha,
si puede te ha de hacer malas trastadas
cual agua hace en la ducha.

Perder el equilibrio ¡quién se libra!
que es cosa que la pierden los beodos,
diciendo van paridas por los codos,
quien salta hacia el vacío y no calibra,
quien tiene malos modos.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: M. Justo de Rubalcava

M. Justo de Rubalcava

ODA

1
Si cuando te serenas
Y engalanas de risa tu semblante
Desenojas tu amante,
Quitándole sus males y sus penas
Con sólo abrir tus labios carmesíes,
¿Por qué, Roselia amada, no te ríes?

Si mientras más festiva
Llenando de placer la faz graciosa.
Pareces más hermosa,
Siendo del mismo Amor imagen viva,
Ya que no hay quien motive tus agravios,
¿Por qué dejas la risa de tus labios?

Dime, ¿por qué despojas
de todo tu primor tu alegre ceño?
¿Tienes acaso empeño
En aumentar mis males y congojas?
¿Quién a tantos disgustos te precisa
Que así me privas de tu dulce risa?

Deja tu enojo, deja,
Que es cosa que entristece ver airado
Semblante tan amado;
No des lugar a llanto ni a la queja!
Que pues ningún tormento te provoca
¿Por qué ocultas la risa de tu boca?

¿Por qué así, cruel, me niegas
Tu halagüeño reír? Cese el disgusto,
Pues me muero de gusto
Cuando risueño el labio me despliegas:
Vamos, Roselia, alégrate de modo
Que nuestro enojo sea risa todo.

II
Trina el pájaro alegre
Murmura el arroyuelo
Cuando apacibles suenan
Las hojas por el viento
Hurtando de las flores
Los perfumes sabeos.

Resuena la montaña
Y con grato concierto
Si terminan las voces
Después resultan ecos.

Salta sobre la grama
El corderillo tierno,
Silba el pastor, y brama
Por su madre el becerro.

El labrador cantando
Con el arado enhiesto
Apresura los bueyes
Llevándolos de diestro.

Con la luz reverberan
Los más erguidos cedros
Presentando sus rayos
Tornasoles diversos.

Respiran las florestas
Amorosos conciertos
A la voz del adufe,
Al son de los panderos.

Solo Dalmiro llora.
Y, tocado de celos,
Convierte en negra noche
El día mas sereno.

QUINTILLAS

Halla menguas el amor
Con el trato de los días,
Mas tienen con tu favor
Mis amorosas porfías
Mucho más fuerza y ardor.

Nada o poco se apetece
Aquello que más se goza,
Y en mi contrario se ofrece.
Pues mi pasión amorosa
Con el mucho trato crece.

Hambre de amor, sed voraz
Es la que anima mi pecho,
Pues con esfuerzo tenaz
Gozo y jamás satisfecho
Apetezco más y más.

Es el amor en mí un fuego
Que el espíritu me inflama,
Y me juzgo desde luego
Que es quien conserva su llama
El mismo desasosiego.

No te cause novedad
En mí el delirio mayor,
Que si en otros con verdad
Es virtud suave el amor
En mí es cruel enfermedad.

LETRILLA

Busca, Amor,
Quien te descifre mejor.

Niño y ciego con antojos
Te venera el vulgo lego,
Pero mal puede ser ciego
Quien hiere con muchos ojos.

Visibles son los despojos
De tu arco triunfador,

Busca, Amor,
Quien te descifre mejor.

Te comparan al veneno
Por tu mortal frenesí,
Pero admiro que sin ti
No puede haber nada bueno.

Y pues nadie vive ajeno
De tu piedad o rigor.

Busca, Amor,
Quien te descifre mejor.

De homicida cruel te trata
Quien se queja de tu herida,
Pero otros de que das vida,
Cosa impropia del que mata:

Y pues ninguno retrata
Tu carácter vencedor,

Busca, Amor,
Quien te descifre mejor.

Fuego voraz diz que eres,
Publícalo necio el mundo,
Como si fuera infecundo
El autor de los placeres.

Ya reproduzcas los seres
O aniquiles su verdor

Busca, Amor,
Quien te descifre mejor.

Con sátiras descubiertas
Te llenan de mil apodos,
Y aunque carezcas de modos
Todo cuanto hay lo conciertas.

Y pues agravios despiertas
A la sombra del favor,

Busca, Amor,
Quien te descifre mejor.

Que te figure el villano
Tan humilde como él es,
Y por su loco interés
Atrevido y cortesano,

Lo mismo es para tu mano
El esclavo que el Señor,

Busca, Amor,
Quien te descifre mejor.

ROMANCE

Roselia, con la porfía
Vuelve a encenderse el afecto.
Pues con el trato revive
Aunque lo extinga el desprecio.

Un halago repetido
Causa con raro fomento
Lo que la gota en la piedra,
Lo que en la pólvora el luego.

Continuas satisfacciones
Son al amor dulce cebo,
Como al ave con la liga,
Como al pez con el anzuelo.

Persuasiones amorosas
Rinden el más duro pecho,
Contimás al que lo tiene
Tan de par en par abierto.

No hay fuerzas para la instancia,
Ni para el cariño esfuerzo,
Pues para antiguas discordias
Inventa amor gustos nuevos.

Pronto cederá tu enojo
A los amigos requiebros,
Como el niño a las caricias,
Y como al halago el perro.

Adiós, esperanzas mías,
Que ya me servís de ejemplo,
Como la espuma en el agua
Y como el humo en el viento.

Decidle adiós a Roselia,
Pero que yo no la dejo,
Sino que miro en su olvido
Un desengaño postrero.

SILVA CUBANA

Más suave que la pera
En Cuba es la gratísima Guayaba
Al gusto lisonjera,
Y la que en dulce todo el mundo alaba,
Cuya planta exquisita
Divierte el hambre y aun la sed limita.

El Marañón tragante
Más grato que la guinda si madura,
El color rozagante
¡Oh, Adonis! en lo pálido figura:
Árbol ¡oh, maravilla!
Que echa el fruto después de la semilla.

La Guanábana enorme
Que agobia el tronco con el dulce peso,
Cuya fruta disforme
A los rústicos sirve de embeleso,
Un corazón figura
Y al hombre da vigor con su frescura.

Misterioso el Caimito,
Con los rayos de Cintio reluciente,
En todo su circuito
Morado y verde, el fruto hace patente,
Cuyo tronco lozano
Ofrece en cada hoja un busto a Jano.

La Papaya sabrosa
Al melón en su forma parecida,
Pero más generosa
Para volver la vacilante vida
Al ético achacoso,
Árbol al apetito provechoso.

El célebre Aguacate
Que aborrece al principio el europeo,
Y aunque jamás lo cate
Con el verdor seduce su deseo,
Y halla un fruto exquisito
Si lo mezcla con sal el apetito.

La Jagua sustanciosa
Con el queso cuajado de la leche
Es aun más deliciosa
Que la amarga aceituna en escabeche;
No se prefiere el óleo que difunde
Porque acá la manteca lo confunde.

El Mamey Celebrado
Por ser ambos en la especie, una amarillo
Y el otro colorado,
En el sabor mejor es que el membrillo,
Y en los rigores de la estiva seca
La blanda fruta del Mamón manteca.

El Mamoncillo tierno
A las mujeres y a los niños grato:
Y pasado el invierno
Topo de los frutales el Boniato,
Y el sabroso ciruelo que sin hoja
Amarillo o morado el feto arroja.

Amable mas que el guindo
Y que el árbol precioso de la uva
Es acá el Tamarindo:
Licores admirables saca Cuba
De su fruto precioso, que fermenta,
Al masico mejor que Horacio mienta.

El argos de las frutas
Es el Anón, que a Juno he consagrado,
Fruto tan delicado
Que reina en todas las especies brutas,
De ojos llena su cuerpo granujoso,
Al néctar comparable en lo sabroso.

La Piña, que produce
No Atis en fruta que prodiga el pino,
Que la apetencia induce,
Sino la Piña con sabor divino,
Planta que con dulcísimo decoro
Aforra el gusto con escamas de oro.

El Níspero apiñado
Por la copia del fruto y de la hoja,
En más supremo grado
Que las que el Marzo con crueldad despoja,
Árbol que, madurando, pende y cría
Dulcísimos racimos de ambrosia.

El Coco cuyo tronco
Ruidoso con su verde cabellera,
Aunque encorvado y bronco,
Hace al hombre la vida placentera
Y es su fruto exquisito
Mejor plato a la sed y al apetito.

El Plátano frondoso…
Pero ¡Oh Musa! qué fruto ha dado el orbe
Como aquel prodigioso
Que todo el gremio vegetal absorbe.
Al maná milagroso parecido,
Verde o seco del hombre apetecido.

No te canses ¡Oh Numen!
En alumbrar especies pomonanas,
Pues no tienen resumen
Las del cuerno floral de las Indianas.
Pues a favor producen de Cibeles
Pan las raíces y las canas mieles.

EL TABACO

¿A qué vienen teoremas,
Docta tesis, canónicas secciones
Y el despreciable tema
De formar inconexas objeciones
En contra del tabaco….
Mucho más suave que el antiguo Baco?

Nicocio fue el primero
Que en el suelo encontró la yerba indiana,
Y fue del orbe entero
Llamada, en honor suyo, Nicociana.
¿Quién le ve con desprecio
Teniendo en todos general aprecio?

Ilusión del poeta
Es llamarlo balsámico asqueroso,
Cuyo tronco respeta
El hombre en sus faenas
Lo busca como el oro,
Y mucho más lo cuida que el tesoro.

¿En qué producto alguno
Al tabaco excedió la rica Hesperia?
Cosmógrafo ninguno
Escribió tan acérrima materia,
Como el poeta vano
Contra el arbusto del pensil cubano.

¿Para qué sale ahora
Con modernos y antiguos escritores,
Cuya cita indecora
El nombre de tan celebres autores,
Pues sin venir al caso
Impropera las reglas del Parnaso?

Dioscórides solía
Investigar el reino vegetable,
Sólo el cual merecía
Hacerle en sus escritos espectable;
Pero es caso previsto
Citar autores sin haberlos visto

Patólogo el poeta
Debe de ser, si escribe de las plantas,
Y con pluma discreta
Formar concierto de noticias tantas
Lo útil y lo dulce encadenando,
Al lector instruyendo y deleitando.

Si el celebre Abderita
Autor de la Botánica el primero
En su diascoma escrita
No vio la planta que infamó severo.
Fue secreto negocio
Para honor del invento de Nicocio.

Corrió el descubrimiento
Por todos los extremos de la tierra
Como noble alimento
Mejor que todos los que el vicio encierra;
Propágase el cultivo del tabaco,
Y con mucho placer lo riega Baco.

¿Qué bárbaro inocente,
Allá en los montes del nombrado escita,
No perfuma el ambiente
Con el tabaco, y al placer invita?
¿Qué sordo Catadupa
No le compra. le huele, masca y chupa?

Tanto gusta en la Iberia
Como en la segregada Lusitania;
Es de la nueva Hesperia
Planta medicinal que sin insania
Felicita y alegra
Al chino, al turco y a la gente negra.

Y ¿por qué tanto gusta
La planta nicociana?
¿En qué paraje
su blando olor disgusta
Aun después del opíparo potaje?

Sólo en el orbe por ejemplo saco
Al poeta enemigo del tabaco.

Querer impugnar sólo
Lo que en lo general el hombre aprueba
No son cosas de Apolo;
Veneno en la moral es la luz nueva,
Y en el honesto gusto
Invención criminal y error vetusto.

Pero, musa, detente,
Pregúntale a ese docto cancionero,
¿Qué fue el suave Nepente
Que consolaba a Elena en su mal fiero?
¿Qué sino fue el tabaco?
¿Quién fuera, sino tú, divino Baco?

El tabaco divierte
En cualquier lugar al afligido,
El humo espeso de su boca vierte
Ya en círculos, ya en ondas dividido,
Y con blando donaire
Balsama el cuerpo, purifica el aire.

La virtud tiene toda
Que no le pudo dar el sabio Sueco,
Si al mundo le acomoda
¿Por qué declama su contrario hueco?
¿Pretende hacer su estimación malicia
Para seguir de Zoilo en la milicia?

Pero suspense un tanto
¡Musa, lo irascible de tus sones,
Mientras que dulce canto
De Cuba las amenas producciones!
¡Mas no! primero la verdad entona
En honor de la Patria y de Pomona.

CALIDADES EN LA MUJER…

Que sea noble, virtuosa y entendida
Porque la necia, loca y sin talento
Podrá hacer amarguísima mi vida;

Mas si quiere ostentar entendimiento
Con los falsos resabios de doctora,
Más la quiero en brutal predicamento,

Que es más fácil sufrir lo que se ignora
Que presumir de altísima ralea
No habiendo en qué llenar la cantimplora.

No la quiero muy linda ni muy fea,
Que aquélla no es un bien, sino un cuidado,
Y ésta me asustara cuando la vea.

Mas entre ambos extremos colocado
A la hermosa por fin elegiría,
Que no quiero fantasmas a mi lado.

Tener yo que guardar la misma arpía
De quien muy lejos existir quisiera,
Es cosa dura, bárbara e impía.

No la quiero tampoco de manera
Que sea rica ni pobre, mas dotada
De una herencia, aunque poca, verdadera.

Pues yo no busco ni mujer comprada,
Ni que sea de mí la mercadora,
Sino con mi peculio equilibrado.

Entre triste y alegre y decidora,
Antes de genio alegre que villano,
Con que temple mi humor en cada hora.

Porque al fin en lo propio cotidiano
No faltarán los males de costumbre,
Y de los acre entonces se echa mano.

El tener una esposa pesadumbre,
Mas que las telarañas escondida,
Es todo de pena y de herrumbre

Es pintarte un marido de por vida
Con un consorcio tétrico y adusto,
O con una mortaja entristecida.

Galana debe ser para mi gusto,
No para que la aplaudan los ociosos
Que hasta el mismo deber llaman injusto.

Vistiéndose de trajes decorosos,
Sentarla ha lo que decente fuere,
No lo que inventa el sexo vaporoso:

No ha de hacer ella lo que alguna hiciere,
Mas aquello que deben hacer todas,
Y lo que a todas la virtud sugiere:

Ni sea rigorosa de las modas,
Ni en modo de vestir vituperable,
Sino medio entre duelos y entre bodas.

Más que pródiga sea miserable,
Pues se debe a lo uso tener miedo,
Y es el contrario extremo utilizable,

Me gusta más señalen con el dedo
Menos por liberal que por mezquina,
A la mujer a quien mi pecho cedo.

El que sea morena o blanquecina
O pelinegra o rubia sin salero
Nada de esto me para ni amohína;

Lo que me agrada más y sólo quiero
Es que no se haga blanca si es tezada,
Ni se cubra las canas con sombrero.

En chica o grande no reparo nada,
Ni menos en la magra o mantecuda,
Sino entre hueso y grasa entreverada.

Si pongo en paralelo a la huesuda
Con la más grasa para ser mi esposa,
Yo a la primera tomaré sin duda.

Ni la quiero muy vieja ni muy moza,
Porque ni a cuna ni a ataúd convido
En caso de tomar cualquiera cosa.

Ya los arrullos los eché en olvido,
Y los responsos ni los he cantado,
Ni menos a solfearlos he aprendido.

Bástame una mujer hecha a mi agrado,
Que no me obligue, me confunda o muela
Con su origen de Alfonso derivado.

Que tenga poca y buena parentela,
Mas no tías, ni ahijados, ni nodrizas,
Ni demás sabandijas de cazuela,

Pues para tantos no ha de haber camisas,
Y allá en el purgatorio mis libranzas
Las tiraré de preces y de misas.

Yo daría a mi Dios mil alabanzas,
Si muda y sorda mi consorte fuera,
Para ahorrar tertulias y privanzas.

Si la natura una mujer me diera
De estas prendas y de otras adornada,
Con ella al justo, justo me volviera.

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