¿QUIÉN LO DIJO? GAMONEDA

»Aquí, mi Poeta sugerido: Luz Méndez de la Vega

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¿Quién lo dijo? Lo dijo Gamoneda.
Y es el pueblo además quien lo bendijo.
Que la culpa la tiene la moneda
que se mueve y que quieta nunca queda,
la que tiene las llaves del cortijo.

Que el sistema llamado democracia
se asemeja algo más a dictadura,
y parece que al mismo no hace gracia.
Se aproxima algo más a una falacia
a una especie de farsa o de locura.

Pues produce a la vez un sufrimiento,
al saber que el dinero es el que manda,
y se presta a crear resentimiento.
Quien carece lo troca en un lamento
si él no puede tocar en esa banda.

Si eso fuera verdad no es menos cierto
sin mandar si alguien puede no se queda,
aunque fuera que el mismo ya esté muerto.
Todos quieren labrar en ese huerto,
lo diga Agamenón o Gamoneda.
©donaciano bueno

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Antonio Gamoneda es uno de esos gurús que cada vez que habla sienta cátedra para una gran cantidad de seguidores, generalmente de izquierdas sudamericanos. “Tenemos una democracia política que alberga una dictadura económica. Y todos dicen amén al sistema. Eso provoca que el sufrimiento permanezca”. Amén.

MI POETA SUGERIDO: Luz Méndez de la Vega

Luz Méndez de la Vega

Pronto fui expulsada
del coro de las voces claras,
cuando ya había
perdido el derecho
al canto del solo.

Colgué al hombro
mi voz
–agria y ronca–
como un arma,
y me fui
por los caminos
transitados por el grito.

De allí, también,
salí proscrita
por mi voz opaca
incapaz
de alturas y violencia.

Desde entonces,
camino por extravíos
con mi voz
muerta
atada al cuello;

e, inútilmente, trato
–muda para siempre–
de hablar, cantar
o gritar
con torpes gestos.

Anticipo

Porque eres viajero
mi amor siempre tiene
dolor de adioses.

Un día te irás.
Pasajero huésped,
te esconderán otras caras,
otros nombres 
y otros brazos.

Una postal vendrá
desde remotos paisajes.
Retratos tuyos me traerán
un eco de tu mirada azul
que temblará en mis manos.

Te irás porque eres marino
perseguidor de horizontes
en tu alucinada brújula
de nortes imposibles.
Te irás y lo nuestro
será sueño y olvido.

Por eso
no me preguntes,
ahora,
por qué mi amor
siempre tiene
dolor de adioses…

Brujería inútil

Hoy hice la brujería
que me recomendó Marien:
‘Para estar segura de olvidar,
-me dijo- la receta es estupenda,
al momento mismo
lo dejas de amar…’

Yo seguí la fórmula exacta,
paso a paso:
Con precaución vedada de ceremonia,
bajo la luna llena,
y en un sitio solitario,
a las doce en punto de la noche,
di fuego a un mechón de tus cabellos,
diciendo: ‘¡Vete! ¡Vete de mí,
maligno amor que me hieres!’

Y, al instante, la brujería rompí
y me quemé las manos
sacando de las llamas
el trozo medio encendido
del mechón de tus cabellos.

De todos modos ¡Bien sabía!
que era inútil la brujería
del consejo de Marien;
porque a un amor
como el tuyo y el mío
ni brujos ni diablos
ni psiquiatras 
pueden ¡tan fácilmente!
borrarlo.

El gato negro

Ónix y jade.
Lagunas verdes
que fosforecen
en la sombra
del ébano arqueado.
Reposo de terciopelo.
Garra afilada
bajo la nocturna seda.
Elástico resorte
presto para el salto,
desde el perezoso desmayo
de la siesta ronroneante.

Igual que el gato
enroscado
en el sofá de raso
de la alcoba;
en silencio,
ovillado
sobre el tibio cojín
de mi carne,
inesperadamente,
ágil brinca
el deseo,
cuando más dormido parece.

El milagro

Mano,
labio,
sexo trémulo.
Tirano impulso
de imposibles.

La caricia y el beso
-minúsculos prodigios-
certeros quiebran
la dura soledad
que nos circunda.

Y,
bajo nuestra piel
amurallada de silencios
hacen nacer un dios
de cegadora lumbre
que,
a su fugaz dulzura,
borra
la eterna angustia.

Rescate

‘Ya vendrá un viento fuerte
que me lleve a mi sitio’
León Felipe

En el camino de los vientos
espero.
Bajo el ancho cielo,
mar adentro,
con las velas tendidas,
espero.

Porque has de venir
‘viento fuerte’
y yo estaré presta
para el tormentoso viaje
-timonel alerta-
que no pierda tu rumbo
viento rescatador
de inmovilidad de siglos.

LA HUELLA

Mañana
olvidaremos
nuestros nombres
y nuestros rostros.

Olvidaremos
el tremendo
ancestral deseo
que ha hecho arder
y resplandecer
nuestros cuerpos
como soles febriles
en la sombra.

Olvidaremos
esta historia
de dulces días
y tibios atardeceres
en los que ha sido
sutil atadura
hasta el silencio.

Ineludiblemente
se perderán nuestras fechas
entre ajenos calendarios.
El recuerdo de paisajes
y recodos íntimos
se confundirá
entre nuevas geografías
de rostros y de nombres
nunca antes pronunciados.

Mañana,
amaremos otras veces y otras.
Mis manos repetirán
sobre otras cabezas
el mismo gesto tierno
con que hoy
acaricio tus cabellos.

Tu boca repetirá
en otros labios
el inédito beso
que puso en los míos
el poderoso olvido
borrará,
y borrará implacablemente.
Hasta el recuerdo se perderá
náufrago sin rescate
en el fondo del tiempo.

Y, sin embargo
cada otra vez,
que tú y yo
amemos
esa pequeña
inexplicable tristeza
de algo que falta
será la invisible huella
de estos días intensos.

VIRTUD SUPREMA

Si yo fuera hombre,
se codearían riendo,
al verme
como un viejo alce
doblada la frente por el peso
y la ramazón
de la cornamenta que
—aunque invisible—
todos miran, puesta por ti,
en mi cabeza.

Pero como soy mujer,
precisamente,
la misma ven y loan
unánimes,
en admirativo coro,
como diadema esplendorosa
o aureola de santa.

Virtud suprema, pues,
que lleva al cielo
a la mujer,
aquello mismo que,
al hombre,
sume en infiernos
de burlas y vergüenzas.
(de Las voces silenciadas: (poemas feministas), Grupo Literario Editorial RIN-78, 1985  y en Antología poética de Luz Méndez Vega, Ayer y Hoy, 2006)

BIOLOGÍA ES DESTINO

a Freud.

Porque mi cerebro pesa
unos gramos menos
y mis músculos no alcanzan
la potencia
de los récords masculinos
dicen:
que biología es destino
(destino al servicio)

porque mis glándulas
me condenan
a desangrarme cada luna
y el olor y el color
de mi sangre recuerdan
mi poca angélica naturaleza
dice:
que biología es destino
(destino inferiorizante)

porque me falta
un protuberante sexo
entre las piernas,
que me libere del compromiso
de pasos lentos
y abultado vientre
tras un fugaz orgasmo,
dicen:
que biología es destino
(destino a pañal, escoba y cocina).

Porque la historia registra
miles de nombres masculinos
y muy pocos de mujeres
que vencieran las flamígeras espadas
de los arcángeles misóginos
de la fama,
dicen:
que biología es destino
(destino a la ignorancia)

Y con tantas evidencias,
deberemos enorgullecernos
cuando nos elogian magnánimos
en los discursos oficiales
diciendo:
detrás de cada gran hombre
hay siempre una gran mujer
y se olviden
—astutos y olímpicos—
de añadir
el calificativo justo
de: frustrada.
(en Antología poética de Luz Méndez Vega, Ayer y Hoy, 2006)

SAFO A CLEIS

Me amo en ti,
y
en tu figura,
me miro,
transformada
con la forma de mi sueño.

Al acariciarte
es mi reflejo
el que acaricio
narciso
en el espejo de tu cuerpo.

Me miro, así,
toda yo
vuelta carne tuya,
belleza que amo,
seda que acaricio
en tus mejillas.

Sabor de tu piel
en la blanca corola
de tus senos
y en la oscura y dulce fruta
de tu sexo.

Lenta y deleitosa
te recorro
con mis dedos
más sabios en formas
que los de Fidias,
y vuelvo
un cinturón de oro

mis brazos en torno
a tu cintura,
mientras
ávidas
mis piernas
—como lianas—
se enredan en las tuyas
al tiempo que no hay límite
entre tu boca y la mía.

¿Tú o yo?
¿Cuál soy?
¿O cuál tú eres?

Fundidas en el placer
todo se borra,
y sobre el lecho, entre
los deshojados jacintos
de las rotas guirnaldas
—con que nos adornamos
para el íntimo festejo—
sólo sé
que soy llama
encendida en tu aliento.

Enajenada en ti
sin tiempo
y sin fronteras.
Perdido el borde
de mi cuerpo,
en las oscuras aguas
del orgasmo,
me entrego hasta morir
en tu belleza.
(de Helénicas, Artemis y Edinter, 1998)

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