LAS CUATRO ESTACIONES

»Aquí, mi Poeta sugerido: Ernesto Mejía Sánchez

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Yo he venido del sol en una tierra
donde clava su espada en el verano.
Y el gaznate alimenta del paisano
con el vino y la mies que en campo encierra
su vientre soberano.

Y vengando con saña va en invierno
de chuzos rellenando a los tejados,
los nidos van penando arrebujados,
deseando a los filios sueño eterno
de chopos desgajados.

Esperanza que nace en primavera
cuando empieza a lucir todas sus galas,
sale el sol ¡vive dios! vuelan las alas,
y empieza a despertar la sementera,
la vida y antesalas.

Y un otoño será, no sé qué otoño
cuando el sol se interponga tras la sierra
que deba retornar, aunque me aterra,
a cumplir mi promesa en matrimonio,
ese punto final que nunca yerra.
©donaciano bueno

MI POETA SUGERIDO: Ernesto Mejía Sánchez

Ernesto Mejía Sánchez

LA POESÍA

1
Este desasosiego, esta palabra que desde el corazón
me llega y se detiene en mis labios, no es nuevo en mí,
sino que permanece, vive desde cuando mis padres
en amorosa lucha concretaron la carne de la muerte
para darme al mundo; y me crece como un mar en el pecho,
siempre cambiante, furioso y sin consuelo.

Ha de llegar un día en que tanto afán madure
y se desangre, y esa ignorada palabra detenida
en mis labios rompa el aire como un canto y
me haga feliz y duradero el nombre.

2
Le pusimos cadenas, la libertamos
con sólo nombrarla. Infeliz,
para este ritual suplicio la elegimos.
La hicimos inmortal, le dimos eterna
muerte encadenada a un nombre no
escrito. Qué no sacrificara, inaccesible,
porque le dieran muerte en una sola noche,
o por borrar un nombre por no escrito
implacable; virgen, peor que virgen,
qué porque el mismo cielo le cobrara
rencor y le lanzara un rayo
de funesta, perecedera memoria.

El gozo inmerecido es más temible que el más
injusto castigo. Ya no puede morir
aunque quiera morir. Su miseria está en pie,
alta, definitivamente como los ángeles.

3
Más que a mí la aborrezco.
Hinco los dedos en la espalda
del leopardo y me lame
las manos. Intento la bondad
(de suyo menos bella) y la cree
humillación, y da zarpazos.
No encuentro el punto donde pueda
ofenderla o apaciguar su furia.
Humillada, soberbia, amante,
rencorosa, desnuda la
inundo, y de nuevo el amor
vence todo aborrecimiento.

4
Si la azucena es vil en su pureza
y oculta la virtud del asesino,
si el veneno sutil es el camino
para lograr exacta la belleza;

engaño pues mi amor con la nobleza
y confundo lo ruin con lo divino,
hago de la cordura desatino,
de la sola mentira mi certeza.

Nadie sale triunfante en la batalla,
ni angélica promesa en que me escudo
ni humana condición que me amuralla.

Contra toda verdad he de quererte,
equilibrio infernal. Nací desnudo:
sólo contigo venceré a la muerte.
La impureza, 1951.

A LOS POETAS EN EXILIO

No envidiamos vuestra comodidad
ni vuestros insultos al dictador
ni vuestras epopeyas a Sandino;
eso bien puede hacerse fuera de las fronteras.

Preferimos estar aquí, hasta
que el dictador convierta nuestra
cobardía en heroísmo, cada palabra
que no hemos dicho, en certero proyectil:
queremos que Sandino renazca entre nosotros.
Vela de la espada, 1951-60.

A UN POETA DEL RÉGIMEN

Cuando estabas chavalo celebramos
tus gracias y vaivenes; de hombrecito
tu ingenioso buen gusto y osadía.
Ahora que utilizas tu Cervantes,
tu francés, tu Péguy, todo lo que antes
aprendiste, oíste y has escrito
en alabanza de la tiranía,
deja que celebremos tu delito.
Vela de la espada, 1951-60.

ARTE POÉTICA

Un poema
que no más
se llame
la vida.

«Serie menor», en Poemas temporales, 1952-83.

VITA ARSQUE POETICA

Bautizo las palabras, pongo
nombres a los nombres. Digo
la noche y significa una
paloma. Imagino el leopardo
y tus ojos lloran. Sufro la luz,
el día y gano la impureza.
Dibujo un rostro más ¡Dios
mío! sobre el tuyo. Escribir
un poema es como recordar
el futuro. Es engendrar un hijo
en la tumba. Grabo tu nombre
y se confunde con el mío.
Qué repentino padre soy
en el mismo instante. Qué
dios sobre este muro que
emborrono desde que nazco.
Éste es mi testamento, mi
bautismo, tu imagen y semejanza.
Contemplaciones europeas, 1957.

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Las 4 estaciones de Vivaldi

LA PRIMAVERA

Llegó la primavera y de contento
las aves la saludan con su canto,
y las fuentes al son del blanco viento
con dulce murmurar fluyen en tanto.

El aire cubren con su negro manto
truenos, rayos, heraldos de su adviento,
y acallándolos luego, aves sin cuento
tornan de nuevo a su canoro encanto.

Y así sobre el florido ameno prado
entre plantas y fronda murmurante
duerme el pastor con su fiel perro al lado.

De pastoral zampoña al son chispeante
danzan ninfa y pastor bajo el techado
de primavera al irrumpir brillante.

EL VERANO

Bajo dura estación del sol ardida
mústiase hombre y rebaño y arde el pino;
lanza el cuco la voz y pronto oída
responden tórtola y jilguero al trino.

Sopla el céfiro dulce y enseguida
Bóreas súbito arrastra a su vecino;
y solloza el pastor, porque aún cernida
teme fiera borrasca y su destino.

Quita a los miembros laxos su reposo
el temor a los rayos, truenos fieros,
de avispas, moscas, el tropel furioso.

Sus miedos por desgracia son certeros.
Truena y relampaguea el cielo y grandioso
troncha espigas y granos altaneros.

EL OTOÑO

Celebra el aldeano a baile y cantos
de la feliz cosecha el bienestar,
y el licor de Baco abusan tantos
que termina en el sueño su gozar.

Deben todos trocar bailes y cantos:
El aire da, templado, bienestar,
y la estación invita tanto a tantos
de un dulcísimo sueño a bien gozar.

Al alba el cazador sale a la caza
con cuernos, perros y fusil, huyendo
corre la fiera, síguenle la traza;

Ya asustada y cansada del estruendo
de armas y perros, herida amenaza
harta de huir, vencida ya, muriendo.

EL INVIERNO

Temblar helado entre las nieves frías
al severo soplar de hórrido viento,
correr golpeando el pié cada momento;
de tal frió trinar dientes y encinas.

Pasar al fuego alegres, quietos días
mientras la lluvia fuera baña a ciento;
caminar sobre hielo a paso lento
por temor a caer sin energías.

Fuerte andar, resbalar, caer a tierra,
de nuevo sobre el hielo ir a zancadas
hasta que el hielo se abra en la porfía.

Oír aullar tras puertas bien cerradas
Siroco, Bóreas, todo viento en guerra.
Esto es invierno, y cuánto da alegría.

Los cuatro conciertos que escribió Antonio Vivaldi y que conocemos hoy con el título de Las Cuatro Estaciones, están escritos originalmente para violín, orquesta y declamador, pero muy raras veces los sonetos, que según algunos autores creó el propio Vivaldi, se escuchan en las salas de conciertos. Esta es la versión al español de los sonetos, originales en italiano, que realizó el escritor y poeta cubano David Chericián. 

http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=cherician-david

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