EL DÍA EN QUE PERDÍ LA FE

»Mi Poeta sugerido: José Antonio Zambrano

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Yo creía en Dios, que así me lo inculcaron
los curas y mis padres, los maestros,
lo mismo que creían mis ancestros
aquellos que a sus padres imitaron
siguiendo cual tratara de cabestros.

Seguí creyendo en Dios pues que el colegio
en el que me eduqué fue religioso,
rezábamos a un Dios justo y piadoso.
Si alguno iba a gozar de privilegio
sería el desvalido y no el ocioso.

Después perdí la fe decepcionado
al ver que los que a Dios representaban
si había que a inocentes les mataban
hacían que miraban a otro lado
y así fuera cristiano no enterraban.

No pude comprender, que no entendía
a qué venía hacerles tal desprecio,
sabiendo como entonces se sabía,
aquel el que era el malo y se aplaudía
y al bueno se trataba como un necio.

Llegué a pensar de Dios que él era un cuento
al ver que si miraba nada hacía,
pensando en mi razón que no existía
o amén de no mirar que era cruento
y así fue que creer ya no creía.
©donaciano bueno

Malditos curas vascos Clic para tuitear

Mi colegio estaba ubicado en Fuenterrabía, población próxima a San Sebastián en el País Vasco. Los atentados de la banda terrorista, nacida y auspiciada desde los Seminarios, eran el pan nuestro de cada día. Los sacerdotes católicos se negaban a oficiar actos religiosos cuando los muertos eran las víctimas inocentes. Amen.

MI POETA SUGERIDO: José Antonio Zambrano

José Antonio Zambrano

JUEGO DE VOZ

Para Fernando T. Pérez,
después.

Jugando está la noche con la nada;
aquí después de todo, todo ha sido
un duelo de esperanza en lo vivido
y una sed de labores, casi nada.

No es perdón esta voz, es sólo nada,
tiempo de cuna y hambre pervivido
entre la soledad de lo nacido
y la sed de lo ancho por la nada.

Jamás pisó la voz tanto cuidado,
ni jamás la decencia fue tendida
como alma a secar por lo cansada.

Nunca palpar tu luz quiso la vida,
siempre el destino a paso descuidado
y en mi pesar y en tu pesar la nada.

HISTORIA

Un poema se hace
con palabras lentas.

Protegidas por el balbuceo
de una gota de agua sobre el mar.

Hundidas en el refugio
de una rara decencia.

Amparadas por los espejos
que guardan lo que ven.

Ansiadas por el vicio
de dar nombre a las cosas.

Todo lo que ambiciona
el verso de los dioses
que más sabe de amor.

Canto desnudo

Aguja de cristal,
agua que no me ve
por donde va.

Baja despacio
que está la luz soñando
desde mi mano.

Desde mi mano, amor,
cristal adentro,
con los labios heridos
de tu silencio.

Aguja de las olas,
viento que a mí me lleva
sobre las horas.

Sube a mis ojos,
despacio por la luna
que no te nombro.

Que no te nombro, amor,
canto desnudo.
Verderol de los sauces
mi voz sin mundo.

SITIO CERCANO

Mantengo lo que he dicho
celebrando con gozo lo que permanece
en mí.
Aquí nací
y aquí sigo nocheando el aliento
y recorriendo el flujo que me lleva
al corazón de los sitios
y al obcecado acoso de mi voz.

Sea de padres a hijos
esta herencia que nació en los escritos
de los primeros hombres,
y en los murmullos que dormían mi alma
cuando no había otra razón
que las palabras de todos los días.

Apoyo este sentir
como el que mira mudo
la noche y la mañana
mientras espero de este color de marzo
el momento que todavía es.

Mudez de río y luz,
lenta y pura,
tan certera a esta razón de procurar
ser el amante más antiguo de su vida.

Un hombre solo

Un hombre solo
se ata los cordones de sus zapatos
y se dispone a salir.
Algo normal que aventura
cualquier corazón.
Pero el hombre sabe
que fuera de su casa
solo está protegido por la mañana,
solo por la costumbre.

Y esto le hace pensar
en otros tiempos,
donde el juego de vivir
marcaba una hora mágica
que rompía las lindes
del juego y de los labios.

Y no hubo respuesta.
Y apostó por saber
si es otro el que busca
el vacío que dejan
las cosas en invierno.

Un destello que invade su incertidumbre
y que le obliga a considerar
la soledad de la memoria.

ASÍ QUE LA VIDA VENGA

Así que la vida venga,
no la muerte,
a verme.

Noche adornada
del sueño,
a verme.

Lenta pasión
de sentirla,
a verme.

Así que la vida venga,
no la muerte,
a verme.

A verme.

PULSO DE VERME

Pulso de verme
libertad y verso,
carezco de la flor y su abundancia
como mayo de lluvia. Oh pasión
de la vida
que me pretendes brote y certeza
de futuro,
preserva navegante tu exilio
desbocado,
y prorrumpe feliz y evanescente
en mi gran alegría
de lirio y de silencio.

TU VOZ ES UN ALIENTO QUE SE AMASÓ EN EL BARRO

Tu voz es un aliento que se amasó en el barro
de las escuchas.

Una fija liana que se unce
a mi aridez de infancia.

Nadie puede detener las jaras que le tiemblan
ni su pureza de arroyo.

Es la oquedad más limpia de mis labios.

PARA QUE NADA SEA COMO ES

Para que nada sea como es
oiré otras voces
silabear en la distancia.

Oiré el murmullo de otro pensamiento
despertar en su quietud
como un agua sin transparencia única.

Pero ¿quién contará a quién
esta consideración definitiva
de las sílabas?

Cuesta volver
a ese lado donde la luz acoge
el instante de una respiración distinta.

Para que nada sea como es
buscaré un gesto del mundo
como diálogo que va
más allá de uno mismo.

CON CONVICCIÓN

Hablando del olvido
queda a veces el trato del recuerdo.
Los sitios que ocultan los mugidos
del aire,
y esa coronación de la esperanza
huyendo de mis pies.

Lo sé, intuyo el gesto
de lo que enciende la vida,
de lo que sube como sombra
y permanece en la intimidad.

Esto sucede y lo que estoy contando
no es vestigio del alma,
sino mirada atrás
que desprende el rumor de lo que dice
que nunca lo olvidado
merece recordarse.

FUERA DE TIEMPO

Lo que parece pero no es
quiebra el sentido de lo escrito
y pacta entre sus líneas
el perpetuo desaire de contar el silencio.

Ahora,
más fuera de los días
y más cerca del dolor,
ando sin rumbo por el milagro de los ojos
que se funde inconsolable en mi gesto.

Escuchad este grito sin brillo,
este abandono de miedo oscuro
y mirada muda,
que intenta comprender la vida
desde el absurdo de la muerte.
Y todo,
porque la poesía no hace que sucedan cosas,
decía Auden,
pero siempre pensamos en su patria.

Vuelvo,
a esta afrenta de los rincones
que adobo como sitio,
mientras ajusto
la huella que pretenden mis pasos,
y que sirve a este final
de su única obstinación:
ser uno dentro del corazón de muchos.

PERDIDO EN LO REAL

Para que no arrumbe mi pasado
dejadme su camino de cañas
y la vasta cordura del barro.
Dejadme, al menos,
la afable sensación de haber vivido,
a la espera de prender
la inquietud de los años
que no subliman los versos,
solo para amigar
la parte más fugaz de su historia.
Dentro de este parco desdén
busco el clamor de unos ojos,
lo que conmueve otra presencia
al compartir con ella
alguna presunción.
Ese sería el sentido
intemporal de este murmullo,
el que celebra su mirar y habla
cuando todo en el aire y nada es el ayer

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