MÁS QUE AMIGOS

»Mi Poeta sugerido: Delmira Agostini

MI POEMA… de medio pelo Lee otros poemas de AMOR

 

Anoche soñé contigo
y vi que me sonreías,
y aún recuerdo me decías
que querías ser mi amigo.
A Dios pongo por testigo,
que aquí yo no me lo invento,
no repitas que fue un cuento
que eso no es digno de ti,
que es mucho lo que sentí
para que lo lleve el viento.

Si me quieres, no me quieres,
si conmigo quieres algo
has de ver si yo lo valgo
si a los otros me prefieres.
Pues que en esto de quereres
no tiene nada que hacer
el dudar, que es menester,
y no valen medias tintas
ni se ayuda con las fintas,
que el amor pueda crecer.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Delmira Agostini

Delmira Agostini

Sobre una tumba cándida

«Ha muerto…, ha muerto…», dicen tan claro
que no entiendo.

¡Verter licor tan suave en vaso tan tremendo!
Tal vez fue un mal extraño tu mirar por divino,
tu alma por celeste, o tu perfil por fino

Tal vez fueron tus brazos dos capullos de alas
¡Eran cielo a tu paso los jardines, las salas,
y te asomaste al mundo dulce como una muerta!
Acaso tu ventana quedó una noche abierta

¡Oh, tentación de alas, una ventana abierta!
¡Y te sedujo un ángel por la estrella más pura
y tus alas abrieron, y cortaron la altura
en un tijeretazo de luz y de candor!

Y en la alcoba que tu alma tapizaba de armiño,
donde ardían los vasos de rosas de cariño,
la Soledad llamaba en silencio al Horror

El intruso

Amor, la noche estaba trágica y sollozante
cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura;
luego, la puerta abierta sobre la sombra helante,
tu forma fue una mancha de luz y de blancura.

Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante;
bebieron en mi copa tus labios de frescura;
y descansó en mi almohada tu cabeza fragante;
me encantó tu descaro y adoré tu locura.

¡Y hoy río si tú ríes, y canto si tú cantas;
y si duermes, duermo como un perro a tus plantas!
¡Hoy llevo hasta en mi sombra tu olor de primavera;

y tiemblo si tu mano toca la cerradura;
y bendigo la noche sollozante y oscura
que floreció en mi vida tu boca tempranera!

Boca a boca

Copa de vino donde quiero y sueño
beber la muerte con fruición sombría,
surco de fuego donde logra Ensueño
fuertes semillas de melancolía.

Boca que besas a distancia y llamas
en silencio, pastilla de locura,
color de sed y húmeda de llamas…
¡Verja de abismos es tu dentadura!

Sexo de un alma triste de gloriosa;
el placer unges de dolor; tu beso,
puñal de fuego en vaina de embeleso,
me come en sueños como un cáncer rosa…

Joya de sangre y luna, vaso pleno
de rosas de silencio y de armonía,
nectario de su miel y su veneno,
vampiro vuelto mariposa al día.

Tijera ardiente de glaciales lirios,
panal de besos, ánfora viviente
donde brindan delicias y delirios
fresas de aurora en vino de poniente…

Estuche de encendidos terciopelos
en que su voz es fúlgida presea,
alas del verbo amenazando vuelos,
cáliz en donde el corazón flamea.

Pico rojo del buitre del deseo
que hubiste sangre y alma entre mi boca,
de tu largo y sonante picoteo
brotó una llaga como flor de roca.

Inaccesible… Si otra vez mi vida
cruzas, dando a la tierra removida
siembra de oro tu verbo fecundo,
tú curarás la misteriosa herida:
lirio de muerte, cóndor de vida,
¡flor de tu beso que perfuma al mundo!

Con tu retrato

Yo no sé si mis ojos o mis manos
encendieron la vida en tu retrato;
nubes humanas, rayos sobrehumanos,
todo tu Yo de Emperador innato

amanece a mis ojos, en mis manos.
¡Por eso, toda en llamas, yo desato
cabellos y alma para tu retrato,
y me abro en flor!… Entonces, soberanos

de la sombra y la luz, tus ojos graves
dicen grandezas que yo sé y tú sabes…
y te dejo morir… Queda en mis manos

una gran mancha lívida y sombría…
¡Y renaces en mi melancolía
formado de astros fríos y lejanos!

Cuentas de fuego

Cerrar la puerta cómplice con rumor de caricia,
deshojar hacia el mal el lirio de una veste
-La seda es un pecado, el desnudo es celeste;
y es un cuerpo mullido, un diván de delicia.-

Abrir brazos…así todo ser es alado;
o una cálida lira dulcemente rendida
de canto y de silencio…más tarde, en el helado
más allá de un espejo, como un lago inclinado
ver la olímpica bestia que elabora la vida…

Amor rojo, amor mío;
sangre de mundos y rumor de cielos…
¡Tú me los des, Dios mío!

Tu boca

Yo hacía una divina labor, sobre la roca 
Creciente del Orgullo. De la vida lejana, 
Algún pétalo vívido me voló en la mañana, 
Algún beso en la noche. Tenaz como una loca, 
Seguía mi divina labor sobre la roca, 

Cuando tu voz que funde como sacra campana 
En la nota celeste la vibración humana, 
Tendió su lazo de oro al borde de tu boca; 
 
Maravilloso nido del vértigo, tu boca!
Dos pétalos de rosa abrochando un abismo… 

Labor, labor de gloria, dolorosa y liviana; 
¡Tela donde mi espíritu se fue tramando él mismo! 
Tú quedas en la testa soberbia de la roca, 
 
Y yo caigo sin fin en el sangriento abismo! 

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