EL AMOR QUE NO SE OLVIDA/

Marcela Duque (poeta sugerido)

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Aquello que yo amé hoy ya no es mío,
se lo ha llevado el viento,
con hojas del otoño en el estío,
solo queda decir cuánto lo siento,
a qué vino ese hastío.

Se fue como las hojas van al río,
y arrastran la corriente,
con pena, con tristeza, a su albedrío,
se fue muy despacito, lentamente,
dejándome un vacío.

Hoy mismo he recordado, el calendario
me ha dicho que te olvide.
No puedo soportar ya ese calvario
penar, si he de penar, lo que me pide,
ni en el confesionario.

Mas sigo cada día por si acaso
y observo que no existe,
al tiempo que se acerca ya el ocaso,
no acierto a comprender por qué te fuiste,
la causa del fracaso.

No creas que me olvido, que en el cielo,
me ha dicho un pajarito,
que allí podré cumplir con este anhelo,
lo espero apaciguando el sambenito,
calmando el desconsuelo.
©donaciano bueno

Amor que no se olvida Clic para tuitear

Tener el baile de sambenito se decía del niño que estaba nervioso ante un acontecimiento y lo exteriorizaba mediante el constante movimiento de las piernas.

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Marcela Duque

(Premio Adonáis de Poesía 2018)

QUÉDATE

QUÉDATE. Ya se hace tarde. Anochece.
El crepúsculo viene sin estrellas.
La penumbra va a ser impenetrable.
En el camino abundan los ladrones.
Se te nota en los ojos el cansancio.
Estás lejos de casa y hace frío.
Prendamos una hoguera complaciente.
Hay leños abundantes en el sótano.
Nuestra conversación no ha terminado.
Ya se estaba poniendo interesante.
Tenemos un buen vino en la bodega.
Aún tienes que probar el pan que he hecho.
¿No ves lo que ha supuesto tu llegada?
Arde mi corazón al escucharte.
Te quiero para siempre aquí en mi casa.
Ya no sabré qué hacer cuando te marches.
Quédate, por favor, que es noche oscura.
Necesito la luz de tu mirada.

Don y oficio

Es bueno que se te resistan las palabras,
que no sean acuarela sino mármol,
obra de cantería.
Que tengas que percutirlas con escodas,
esperar a escuchar el ritmo en tus oídos
y volver, con más empeño, a dar el golpe.
Que sientas el rigor de trabajar
en las entrañas recónditas
del universo,
donde yace la pieza que deseas.
Tu trabajo es, entonces, desbastar, pulir, lijar
hasta que el roce con la piedra
te abra heridas.
Cuando tengas que empezar el acabado,
la finura de los últimos detalles,
recordarás que también con un buril
se grabaron las primeras formas de escritura.
Es bueno que te canses,
que se te oponga tozuda la materia
y a veces sufras
la monotonía de labrar en vano.
Así cuando el poema, ligero, emprenda el vuelo
y lo veas palpitar, sabrás que en él
está presente un soplo que no vino
de la sola pericia de tus manos.

EN UN ESPEJO

MIRA esos tulipanes.
No sé tú,
pero los miro y quiero ser mejor persona.

¿Por qué si son pedantes, presumidos?
Levantan sus narices por los aires.
No bajan la mirada para nada.

Míralos, míralos
qué altos y qué esbeltos,
rectos como quisiera hacer mi vida.

Pero qué pose antinatural.
¿Cuándo has visto un tallo tan erguido?

Quizá se empinan, sí, pero hacia el cielo
y mira lo vivaz de sus colores
cómo llenan los caminos de alegría.

Qué despliegue de pigmentos tan pomposo,
Su derroche es tal que escandaliza.

Si es así, entonces, que así sea.
Que mi vida escandalice a los apáticos.

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Os cuento que yo un día vine aquícomo tú, como aquel y ese que pasa,sin saber para qué, ¡menuda guasa!,y hoy son tantas las dudas…

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