EL TONTO DEL CUENTO

»Mi Poeta aquí sugerido: Miguel Floriano

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Yo he sido un tarambana muy educado,
siguiendo de mis padres las consignas,
cuidando mis acciones si eran dignas
y exentas de maldades y pecado.

Que he sido un inocente adoctrinado
por curas, mercachifles y maestros,
buscando que siguiera a los cabestros,
haciendo lo que siempre han ordenado.

Pues supe y me apliqué a las directrices
dictadas sobre el bien y sobre el mal.
Después cuando ya vi este carnaval
no supe navegar con sus matices.

Cual frasco en que acoger medicamento
yo siempre me adapté a las instrucciones
cuidando no salirme en los renglones
a objeto de evitar cualquier lamento.

Que siempre obedecí, y ahora lo siento,
si al mundo he de pedir, pido disculpas,
pues nunca he pretendido echar las culpas.
Yo solo he sido el tonto de este cuento.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Miguel Floriano

Miguel Floriano

PRIMITIVA ELEGÍA

A Luis Llorente

En esta mansa noche de verano
en que la brisa y su manera de acoger la mirada
acercan el recuerdo, en ti
pienso de nuevo, inquieto niño
de ambiciones furtivas, desarmada
criatura de alas primorosas.

Si miro al horizonte, casi puedo
distinguir tu silueta: estás sentado
al borde de la orilla, con una caracola
pajiza entre las manos, esperando quizá
la caricia gentil de la marea.
En ese ayer, la tarde soleada
e inmortal nunca conserva para tus ojos
ángulos tristes: no es posible
descuidar la alegría si se es
aún enteramente asombro.

Saber quisiera
en qué rincón extinto de mi vida
exhalaste tu último suspiro
para dar paso al hombre que hoy habría
de ofrendar su tiempo a esta inquietud,
en qué recodo
lúgubre se apagó tu maravilla,
discreta y noble como el pulso de los álamos.

Saber quisiera en qué momento,
en qué momento abandonaste
las lindes de mi cuerpo. Ya sin ti
el porvenir es solo una plegaria.
(De Quizá el fervor)

SOLO EL POEMA

¿Recuerdas, después del amor? Pasabas
tu mano por mi frente exhausta
casi como la luz por el crepúsculo.
Luego tu espalda me pertenecía
estricta, despaciosamente: dádiva
era su suavidad para mi tacto.
Más tarde, entrelazados, siempre
leíamos a Celan y a Kavafis,
y bajo la música excelsa de sus versos
la noche se encogía hasta volverse
indecible.

¿Recuerdas, después del amor? Si ahora
estuvieras leyendo estas palabras,
sagaz, astuta, lejanísima,
quisiera que en ellas pudieses revivir
aquellas pocas formas sublimes, aquellas
ciegas costumbres quebradizas
en cuyo hábito aprendimos el coraje.
(De Quizá el fervor)

JUNTO A LAS PALABRAS

Cuando dejo de comprender, me acuerdo
de tu forma de guardar silencio.
Así estabas cerca,
mucho más cerca que un latido.
Después de todo, puedo decir que del único deseo
de ser realmente felices
nos queda todavía
lo que la vida confunde y trae a veces,
despierto inútilmente tras un cuerpo
o acaso delante de los ojos.
Sus rostros, idénticos a nubes.
Igual que ellas, nuestros pasos inciertos.
Sobreviven en cualquier cosa sencilla.
El dolor, sabio en los límites, antiguo como la distancia,
más allá de sí mismo, nos hacía ser iguales
a una música que aún nos huye.

Hoy me miras, pero no me sabes ya
tranquilo y humilde, verdadero.
Cuánto me gustaría haberte acompañado
en tu renuncia, haberme cuidado más,
mientras el tiempo, sucediéndose,
olvidaba su beso sobre los agravios.
Apenas reconozco a quien está conmigo,
no reconozco a nadie, y tampoco estas lágrimas
parecen mías.

Por eso deja que te recuerde
un momento tan solo, ahora que no comprendo,
junto a las palabras que quise para ti.

SUDARIO

De vuelta hacia nosotros, caminamos
dejando atrás un hilo suave,
sobre calles como cuerpos,
casi raíz de selva o nudo extraño
que la sombra aún interroga,
infinidad que la música sublima,
Dios último de los que piensan en la muerte
y dejan de temerla.
Jamás un rito de costumbre.
Tacto para el tacto, labio para el labio,
sed que se prolonga,
una forma de amar
lo bello y lo terrible.
Ah! redevenir rien irrévocablement!

Me pregunto qué habré dicho en otros besos.
Por qué toda palabra las cosas hiere
fatalmente.

Memoria, ¿respirabas?
Cuál es tu puerta, deseo.

RIVER RUNS DEEP

Acaso no comprendas por qué escribo.
Acaso tú, con quien no debo
vigilarme, asir la piel, amordazar
el pensamiento, acaso tú, con quien traspaso
la secreta escala, y una vez
al otro lado del deseo
dejo de conocer admoniciones
y estériles renuncias, y murmuro
el misterio, y desdeño al fin
la servidumbre, y ofrendo todo
el movimiento, y ardo en él,
para los dos, acaso tú
no comprendas por qué escribo.
Poco importa. Jamás será el silencio
lo que amenace con triunfar,
sino la verdad que en él se oculta.

Escribo mejor de lo que sé
para sabernos un poco mejor.
Escribo porque también a ti te tiene
la ciudad y su aurora interminable.
Escribo porque respiras un aire lujoso,
pour voir les diamants élus,
porque tiemblas como un cielo estrellado
y acoge tu tristeza algo de súbito milagro.
Escribo para no tocar tu nombre
y esclarecer efímeras las cosas.
Para este instante escribo, nada más,
mientras laten las frías aguas y esperamos
un dolor indefenso, rectos en la bondad
y en la vehemencia,

para regresar libre y desnudo escribo,
para volver a este oficio, de nuevo verdadero,

dudando entre salvar
el poema o la distancia.

DEBILIDAD DEL MÉTODO

Aún sin la presencia de la luz
que redima los días indistintos,
pongo obstinadamente
rumbo al pensamiento,
único no-lugar
donde de nuevo me prefieres, Diana ingenua
por los mentidos bosques de la fantasía.

Cualquiera te diría que no es este el camino.
Ficción sobre sí misma proyectada,
a saber: el poema,
el vicio de creer o de vivir los nombres.
Desconozco el engaño. Solamente
recojo todo aquello que no existe
y le entrego una forma que el tiempo no castigue.
Habiéndote perdido soy el Otro.
Habiéndote perdido soy el mismo.
Nuestros cuerpos y su historia
—historia de piel sabia, de actos vivos—,
herida a cada hora más pequeña y dócil
y que ya no podré abrir otra vez.

No amanece aún ni lo hará nunca
en este no-lugar
donde de nuevo me prefieres, Diana ingenua
por los mentidos bosques de la fantasía.
Cualquiera te diría que no es este el camino.
Digo todo pero es nunca.
Así para olvidar otro mundo nos cedo,
la materia y la envidia.

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