TENSA ESPERA

Mi Poeta sugerido: »Luis Raúl Calvo

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Para qué me sirve el amor si ahora estoy triste,
me atenaza el futuro cercano cada día
si abrir ventanas de par en par en mi alquería,
la luz que ilumina, el resplandor se me resiste.

Presumir quisiera presto estoy para volar,
y que en este despegar prestas tengo las alas,
dispuesto y adornado con mis mejores galas
y el futuro es lo mejor que puedo imaginar.

Mas, qué dura se hace la espera en la antesala
tan prolongada y tediosa, ausente de deseos,
llena de dudas, sospecha, angustia y titubeos.

Hoy siento que del bosque ya comenzó la tala,
voy a aproximarme a esa ventana y a otear
si veo que el invierno se acerca. Y a esperar.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Luis Raúl Calvo

Luis Raúl Calvo

POEMA IX

Toda la calma del mundo le pertenecía
a la abuela.
Lo supe desde muy temprano
cuando en esas densas mañanas, de olores
indefinidos, con la neblina del sueño
aún instalada en mis ojos, la espiaba
yendo y viniendo por las amplias
habitaciones de la casa.

Ella le hablaba a las plantas, quienes
dócilmente crecían a us antojo, a la vieja
máquina de coser, quien con su gracia
lograba remendar hasta los pecados
más atroces del alma, a los frescos alimentos
con los cuales acostumbraba crear
un sin fin de sabores, destinados
al paladar de los infaltables parroquianos.

Toda la calma del mundo le pertenecía
a la abuela.
No era la calma habitual
la destinada a los simples humanos
a ella le estaba reservado, el don de la sabiduría.

Generación Abierta: Treinta años

Tal vez acaso, nos reconoceremos
en las imágenes del tiempo
como una vaga sombra que cubrió
los anchos mares del Atlántico.
Una cruel ironía: las páginas amarillas
serán sólo eso, un reflejo certero
de que hemos vivido el ocaso
de un sueño, la fragmentada realidad
de una vieja utopía, el deseo recobrado
en las antiguas musas del Olimpo.
Muchos ya han partido para reencontrarse
en otros ríos, en otras regiones del alma,
la pasión de la sangre no invade territorios
que separen lo que la belleza une en el silencio.
Quedarán las palabras, sí, al menos
las palabras, desoladas voces de la memoria,
de la fugacidad, del olvido.

Casa tomada

Es la historia de siempre, los intrusos
se apoderan hasta de nuestros miedos
más infantiles.
Nada dejan librado al azar.
La consumación del sueño, el asesinato
de Trenton deslizado en la silla vacía
del primer morador, las constelaciones
de los primitivos enamorados
que alguna vez pernoctaron por las
raídas habitaciones.
Por allí no pasaron ni arquitectos
de medio pelo, ni ingenieros con la
lengua doblada por el derrumbe
del edificio contiguo
ni la mano de obra desocupada
por las atroces muertes del pasado.
Alguien se equivocó de paradero y confundió
la humedad de los cimientos con la barrendera
de trenzas doradas, la ironía del tuerto
con los rojos zócalos de la intemperie
la pasión del amor con la seguridad del hastío.
¿Quién es quién en este desamparado
aguantadero
sin rosas ni madreselvas para ofrecer
a las visitas hospitalarias?
De algo estamos seguros: no habrá abogado
capaz
de aplicar la consabida ley de desalojo.
Si han tomado la casa, es hora de partir
hacia otro lugar.

La vida real

La vida real es un desgastado
sacerdosio.
En las altas ciudades, miles
de fieles confinan sus almas
para apaciguar el fuego de la carne
la dorada caridad de la limosna
el religioso orden de los días
por venir.
Habíamos dejado todo en manos
de los dioses, la deidad de la
cuaresma y los santos evangelios
éramos buenos y santos y la tierra
del paraíso nuestro más preciado
bien.
Pero tú, que renegaste de dogmas
y costumbres y elegiste la libertad
a ciegas a los prometidos reinos
de la sabiduría, hoy deambulas por la
espesa niebla del ocaso
con la cabeza gacha
y las manos atadas a un dudoso banquete.

La Estrechez del Mundo

En el límite de todo, tú adorada mía
ahora que la sal del hierro no corroe
los ligamentos del esperma, vienes a mí
blanca etérea, elevando tus ojos rojizos
por las gargantas del océano.
Condenado amor, la estrechez del mundo
se interna en los mares ultrajados
allí donde la luz del ciego y las camas
de alquitrán ya no alcanzan para contener
la esclavitud de los siervos.
Bella amante de fin de siglo, tu mirada
me precipita al abismo y así permanezco
acosado por la esclerosis de los cuervos
que soplan en mi nuca una sentencia
de antiguas verdades.
El hechicero que besó la horca por última vez
aplaudiendo a su verdugo, las calaveras de trapo
galopando en los caballos de la muerte
y ese terror acumulado en la falsa renguera
del enano mestizo.
Esta visión endemoniada de las cosas
es la furia reflejada en tus caderas de agua
Hoy, que los muros han caído y las alcobas
muestran su miseria de lana
estamos juntos en la región deshabitada del fuego.

La otra oscuridad

La otra oscuridad es este pacto labrado
con los sórdidos impostores.
¿Quién transformó los harapos calcinados
en la ensoñación de los dementes?
La rebelión de la piel es un atenuante
a la mentira.
Nosotros, los blancos atrincherados
en las bujías de plomo
descosemos las blusas amarillas
de la mujer amada y reciclamos su aroma
así como otros reciclan las miserias
más humanas.
Este es el estado de las cosas
la fragmentada disolución del alma
en la carne de los desenterrados.
Quizá por eso, este amor con gangrena
sacude a los amantes y nos traslada
a Notredam, allí donde el viejo jorobado
se recompone en los campanarios de plata
y vislumbra enajenado las cuentas pendientes
que en algún momento se ha de cobrar.

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