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POETA DE NOCHE [Poema del Editor]
Epifanio Mejía Quijano [Poeta sugerido]

Textos aquí: 1. del Editor, 2. del Poeta sugerido y 3. del Invitado (opcional)
MI POEMA …de medio pelo
Poeta soy que escribe por la noche,
no sé por qué será pero me inspiro
mejor cuando el silencio da un respiro
y empiezo allí a pensar a troche y moche
al ritmo de algún sueño al que le estiro.
Se dice estando a oscuras no se ve
y nunca lo he dudado fuera cierto
mas cierro bien los ojos y, despierto
la linda fantasía la encontré
en medio de la nada en un desierto.
Lo mismo que Jesús entre la bruma
me apresto a ver la luz que, interesante,
seduzcan al lector a cada instante
haciendo malabares con mi pluma
cual ciego al descubrir lo que hay delante.
Acaso es que mi mente atormentada
precisa de quietud y de sosiego.
Si encuentro algo especial en él me anego
después ya me arrebujo con mi almohada
quedando muy contento con mi ego.
©donaciano bueno
MI POETA SUGERIDO: Epifanio Mejía Quijano
Una muestra de sus poemas:
YO NO PUEDO CANTAR
A Gregorio
El solitario ciervo de los montes
no puede como el águila volar;
ni se eleva tampoco como el roble
el triste arbusto que a su sombra está.
Riega sus rayos alumbrando el orbe
el Sol, topacio del abierto azul;
yo, cocuyo perdido entre la noche,
doy a las selvas mi viajera luz.
Decid, Colombia, a la española lengua
que ya el Aures no tiene trovador;
que en sus sombrías, solitarias selvas
la lira de Gregorio se perdió.
Olorosas montañas antioqueñas,
guardad la lira del feliz cantor.
¡Muda quedó la palpitante cuerda
donde la nota del maíz sonó!
LA TÓRTOLA
Joven aún entre las verdes ramas
de secas pajas fabricó su nido;
la vio la noche calentar sus huevos;
la vio la aurora acariciar sus hijos.
Batió sus alas y cruzó el espacio,
buscó alimento en los lejanos riscos;
trajo de frutas la garganta llena
y con arrullos despertó a sus hijos.
El cazador la contempló dichosa…
¡y sin embargo disparó su tiro!
Ella, la pobre, en su agonía de muerte
abrió sus alas y cubrió a sus hijos.
Toda la noche la pasó gimiendo
su compañero en el laurel vecino…
cuando la aurora apareció en el cielo
bañó de perlas el hogar ya frío.
¡CARAMBA!
Hombre, Juan José Botero,
Hombre, caramba, caray,
Casi me turpializaste
Con tu modo de cantar!
¡hombre, caramba, caramba,
Hombre, caramba, caray,
De tu en jaulado romance
¡por poco vuelo turpial!
¡Cinco carambas! ¡Caramba!
Siete carambas van ya.
¡Caramba! Pues sí, ¡caramba!
No más caramba, caray!
LA MUERTE DEL NOVILLO
Ya prisionero y maniatado y triste
Sobre la tierra quejumbroso brama
El más hermoso de la fértil vega
Blanco novillo de tendidas astas.
Llega el verdugo de cuchillo armado;
El bruto ve con timidez el arma,
Rompe el acero palpitantes nervios,
Chorros de sangre la maleza esmaltan.
Retira el hombre el musculoso brazo;
El arma brilla purpurina y blanca;
Se queja el bruto, y forcejando tiembla,
El ojo enturbia… y la existencia exhala.
Remolineando por el aire vuelan
Los negros guales de cabeza calva
Fijan el ojo en el extenso llano
Y al matadero, desbandados, bajan.
Brama escarbando el arrogante toro
Que oye la queja en la vecina pampa,
Y densas nubes de revuelto polvo
Tira en la piel de sus lustrosas ancas.
Poblando el valle de bramidos tristes
Corre el ganado por las verdes faldas,
Huele la sangre… y el olor a muerte
Quejas y gritos de dolor le arranca.
Los brutos tienen corazón sensible:
Por eso lloran la común desgracia
En ese clamoroso de profundis
Que todos ellos a los vientos lanzan.
MEDELLÍN VISTO DESDE EL PAN DE AZÚCAR
Dedicados a mi amigo J. M. Rodríguez
Es una tarde apacible,
Tan fresca, limpia y serena
Cual la primera azucena
Que brotó en el bello Edén.
El sol siguiendo su curso
Muestra sus rayos brillantes
Y en su centro de diamantes
Gotas de sangre se ven.
Por los anchurosos cielos,
Vagan las celestes nubes,
Como alas de querubes
Dispersas sobre la mar,
La brisa en sus blancas alas
Va conduciendo el aroma
Que de la flor de la loma
Tomó festiva al pasar.
Mil ojos llenos de gozo
Miran un valle florido,
Por los placeres mecido,
Mecido por el amor.
Un Edén, un Paraíso,
Hermoso jirón del cielo
Que Dios arrojó a este suelo
Para alivio del dolor.
Eso eres tú, rica tierra
De Colón, flor deliciosa,
Los perfumes de esa rosa
Eso eres tú, Medellín.
Por ti entonaré mi canto;
Por ti pulsaré mi lira,
Porque mi alma no suspira
Mecida allá en tu jardín.
Por ti que guardas los goces
Más puros y verdaderos;
Por ti que arrullas luceros
Bajo el ala del placer.
Son tus hermosas mujeres
De América las estrellas;
Vírgenes, puras y bellas
Como la primer mujer.
Sus labios son las corolas
De las más fragantes rosa
Y en sus mejillas hermosas
Sólo hay tintes de pudor.
Cada cual lleva en su pecho
De caridad la azucena;
Cada cual vive serena
Bajo el árbol del honor…
De aquí de este inmenso cerro
Yo contemplo tus llanuras:
Miro tus frescas verduras
Como esmeraldas lucia.
Y en cada flor que la tierra
Brota para darte grano
Mis ojos ven un arcano,
¿Sabes cuál? —Tu porvenir—.
De aquí miro tus arroyos
Como lucientes diamantes,
Como las aguas brillantes
Que Dios le mandó al Jordán
Y ese río silencioso
Que sin detenerse rueda,
Cual blanco fajón de seda
Tendido en la inmensidad.
Me arrepiento, me arrepiento
De haber osado cantarte,
De haber querido pintarte
Sin colores ni pincel.
Bardos tienes que inspirados
Te regalarán cantares,
Te regarán de azahares
Tus campos, limpio vergel.
EL CANTO DEL ANTIOQUEÑO
I
Amo el Sol porque anda libre,
sobre la azulada esfera,
al huracán porque silba
con libertad en las selvas.
II
El hacha que mis mayores
me dejaron por herencia,
la quiero porque a sus golpes
libres acentos resuenan.
III
Forjen déspotas tiranos
largas y duras cadenas
para el esclavo que humilde
sus pies de rodillas besa.
IV
Yo que nací altivo y libre
sobre una sierra antioqueña
llevo el hierro entre las manos
porque en el cuello me pesa.
V
Nací sobre una montaña,
mi dulce madre me cuenta
que el sol alumbró mi cuna
sobre una pelada sierra.
VI
Nací libre como el viento
de las selvas antioqueñas
como el cóndor de los Andes
que de monte en monte vuela.
VII
Pichón de águila que nace
sobre el pico de una peña
siempre le gusta las cumbres
donde los vientos refrescan.
VIII
Cuando desciendo hasta el valle
y oigo tocar la corneta,
subo a las altas montañas
a dar el grito de alerta.
IX
Muchachos, le digo a todos
los vecinos de las selvas
la corneta está sonando…
tiranos hay en la sierra!
X
Mis compañeros, alegres,
el hacha en el monte dejan
para empuñar en sus manos
la lanza que el sol platea.
XI
Con el morral a la espalda
cruzamos llanos y cuestas,
y atravesamos montañas
y anchos ríos y altas sierras.
XII
Y cuando al fin divisamos,
allá en la llanura extensa,
las toldas del enemigo
que entre humo y gente blanquean
XIII
Volamos como huracanes
regados sobre la tierra,
ay del que espere empuje de
nuestras lanzas revueltas!
XIV
Perdonamos al rendido
porque también hay nobleza
y en los bravos corazones
que nutren las viejas selvas.
XV
Cuando volvemos triunfantes
las niñas de las aldeas
rinden coronas de flores
a nuestras frentes serenas.
XVI
A la luz de alegre tarde
pálida, bronceada, fresca
de la montaña en la cima
nuestras cabañas blanquean.
XVII
Bajamos cantando al valle
porque el corazón se alegra;
porque siempre arranca gritos
la vista de nuestra tierra.
XVIII
Es la oración; las campanas
con golpe pausado suenan;
con el morral a la espalda
vamos subiendo la cuesta.
XIX
Las brisas de las colinas
bajan cargadas de esencia,
la luna brilla redonda
y el camino amarillea.
XX
Ladran alegres los perros
detrás de las arboledas
el corazón oprimido
del gozo palpita y tiembla…
XXI
Caminamos… Caminamos…
y blanqueas… y blanquean…
y se abren con ruido
de las cabañas las puertas.
XXII
Lágrimas, gritos, suspiros,
besos y sonrisas tiernas,
entre apretados abrazos
y entre emociones revientan.
XXIII
Oh libertad que perfumas
las montañas de mi tierra,
deja que aspiren mis hijos tus olorosas esencias!




