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LA LEY DEL ESFUERZO [Poema del Editor]
Pilar Sanabria Cañete [Poeta sugerido]

Textos aquí: 1. del Editor, 2. del Poeta sugerido y 3. del Invitado (opcional)
MI POEMA …de medio pelo
Trabaja joven sin cesar trabaja:
la frente honrada que en sudor se moja,
jamás ante otra frente se sonroja,
ni se rinde servil a quien la ultraja.
Elías Calixto Pompa
Nació para vivir y disfrutar
y pronto comprendió que sin esfuerzo
difícil iba a ser el superar
su estado de indigencia y mejorar
cual liebre que dejó de ser escuerzo.
Fue así que se afanó por aprender
tratando de labrarse un buen futuro
cuidándose al saltar si hubiera un muro,
curando las heridas si al caer
se hiciera ese trayecto más oscuro.
Recuerda nadie a ti va a regalar,
tendrás que tropezar y resistir
-distinto es trabajar para vivir
que solo aquí vivir pa´trabajar-,
sin que ello te reprima el divertir.
La vida es un constante caminar
que debes en la misma recorrer,
si lo hacer nada tienes que temer,
en cambio con tu esfuerzo has de lograr
gozar en cada nuevo amanecer.
©donaciano bueno
MI POETA SUGERIDO: Pilar Sanabria Cañete
OFICIO DE CIUDAD
Yo aprendo tu oficio encendido
y las palomas exaltadas
que se desangran en tu cintura.
Yo soy tus ojos
resucitando tus silencios de cobalto,
envenenando tu artificio prometido.
Yo soy tus escorpiones aromando el río
y urdimbre frutal para tu acento.
Cera de gozo que tu mirada acoge,
tu naturaleza muerta
que también desprecias
en el ocre instinto de las fachadas,
en la fila azul de un cine de verano.
Que en Córdoba esta luz del recuerdo no tiene fondo,
lastre son otras huellas viviendo en las nuestras,
un zoco en los labios aferrado a la pureza
caza, depredador de calles,
el cuerpo de las adelfas.
Yo aprendo tu externo Abril
por tus últimos párpados incendiados,
aprendo tu licor intimidada en tu quietud
y espero, como tu piel dictada que soy,
que me claves una metáfora
en mitad del corazón.
INCONSCIENCIA
Dentro de mi lejanía quedé muda,
las historias galopaban en mi afuera
pero mi mente era un molino, una sala de techos deslizantes,
un gotero de jaulas tempestuosas.
El vecindario carnicero de unos cuervos
que picoteaban mis venas
como un país secreto y minado.
En espiral un traje de yodo
como un estandarte de amarillas lunas.
Los túneles más trepidantes de Dios
embaucaron mis arterias, era un azogue taciturno,
el enjambre de un sueño de adoradores,
una patria de arañas custodiando mi saliva.
¿Qué contar de aquella siniestra tregua
que me impuso la corona de mi impostura?
BIOMBOS
Parecían salvarme de infinitos blancos,
apartarme, retirarme del flagrante desnudo del dolor, de las eróticas flautas de los termómetros,
del reino de las islas de algodón,
del temblor de los pulmones al otro lado,
de la épica de los intensivistas doblando turno, del crujido de un corazón de treinta y cinco años explotando en la tormenta de las sábanas.
Del entubado anciano que solo quería despertar al lado del río de su pueblo
y volver a ser buscador de oro en el Far West.
Toda esa alegoría traspasaba al débil centinela del biombo, ése que pretendía separarme
de mi imagen y semejanza,
de un volcán inflamado de ansiedades
JARDÍN BOTÁNICO
Y anduve
del verde pasión
al verde dolor del linneo
dando más complicidad
a la lentitud de los olores,
Por entre parterres
y lianas
sucumbí al peso del silencio.
En mi soledad
un laberinto de lluvia
dejaba desnuda la anatomía de las plantas,
dejaba ensombrecido mi tacto
y supe también
que algún día las rosas son mortajas.
LISBOA
Quisiera en realidad defenderme del tiempo
que no estuve con el océano,
colgada de las piedras
y tus barandillas tan azules,
amando las palomas
que beben en los charcos del Chiado.
Quisiera, Lisboa,
Cometer todos los pecados capitales
en tus calles,
tener el corazón montado en cada tranvía,
latiendo en sus dulces asientos de madera.
Quisiera todos los veranos
desde el puente de tus ojos,
encontrar tus fantasmas
en cada café donde me invitaste
a conocer el pasado de tus noches,
vestirme en vez de alcoba
de tus barcos en mis sábanas,
hacer el amor en tu abandono
y bailarte en el olvidado color de los fados.
Dormitar junto a Pessoa
porque se marchó y no escondió su sangre.
Y fingir, fingir que te he soñado
pero que te siento verdad
por lo mucho que me heriste.
De, “La Cercana Lejanía”







