EL CIELO Y LA MAR

Poeta sugerido: Camila Evia

EL POEMA Lee otros poemas ESPIRITUALES

 

El cielo amaba a la mar
mas la encontraba tan lejos
que un día se echó a llorar,
vino el viento a consolar
y dejó de echar los tejos.

Que el cielo quiso bajar
y ver a la mar de cerca
y así poderla abrazar.
Quien no se acerca a la mar
se piensa que ella es muy terca.

Soñaba ser marinero
para al mar echarle un pulso
como hiciera un buen remero.
Y fue por el mundo entero
prisionero de ese impulso.

Que el cielo le tiró un beso
y a la mar se fue a parar,
que acogió con embeleso.
Después volvió de regreso
para al cielo emocionar.

No saben los que no han visto
una aguja en un pajar.
Yo a observar no me resisto
pues la miro y la desvisto
y me anima ella a soñar.

Y es que la mar es mi cielo,
y el cielo es mi fantasía
que apacigua y da consuelo.
El cielo sacia mi anhelo
y al mar vuelvo cada día.
©donaciano bueno.

La mar es muy grande...o no? Clic para tuitear
POETA SUGERIDO: Camila Evia

Camila Evia

Nos dimos cuenta

Only in the segregated angles of Lunatic Asylums
Do those who have strained to exceeding themselves
Break on our edgeless contours
– Mina Loy

Nos dimos cuenta
empezando por fuera
de esa piel por donde
nos escapamos

Nuestra elasticidad
camina por el techo
y las pestañas se
contaminan de estrellas

En el joven crepúsculo
de nuestra cruel descendencia
dejamos nuestras pasiones de lado

Habiendo tragado su hambre
satisfecho de ira
nos disuadimos en nidos de ratas

Viejos aposentos nacidos
de nuestra inmortalidad
estancados tan rápido
en una vida de impalpables dimensiones

Estamos al revés de la mentira de las ciudades
que se digiere en nuestros estómagos
mientras las luces de la calle
se desvanecen ante nuestros ojos

RIDÍCULOS

ahí tienen al ridículo
jadeando el escupitajo
del genio postizo

tragando siglos
pulverizando ángeles
a niveles efímeros

el cielo derrama su verdad
y permite a los pájaros
volar en su bostezo

GNOSSIENNES 

Encadenados dientes
Relieve de cristal
Bajo el claro de luna

Rugidos afónicos surgen
Entre blancas melodías
Abominables tentáculos

La exquisita ala de un cisne
De carácter melancólico

Salpicada por el hueso del infierno

LÁGRIMAS DE AMAPOLA

en la hora ciega de la costa sin sol
la lluvia ahoga las flores mientras las hijas
del océano cantan a la gris espuma

el viento sacude y golpea
a las amapolas que encogen sus hombros

en la difunta escena del letargo

las plantas se inclinan por su propio peso
y las moscas sedientas rodean los capullos
de semillas inmaduras para beber sus lágrimas 

INCENDIO

Cuento las pestañas
quemadas por la oscuridad
de tu indiferencia
despojada de toda realidad

Garras de tormento
te absorben                 derriten

las capas de tu espada

Triunfaron los bufones

quemando la seda
por la cerda satisfacción

de la ira

Por orden maligna
arrancaste la hierba
cubierta de estrellas

OBSIDIANA

Silicatos despegados del suelo

verde oscuro óxido teñido
de estima alumínica

Rumores de viento estático
sonámbulos reglamentos de
rojo veteado en blanco y negro

La luz blanca del cielo alumbra
las cenizas que giran en los viejos

sueños enterrados en lápidas cristalinas.

Piedras heladas

los tábanos infectados en luna
dormitan entre heladas piedras
mientras se hunden quietos
en su reducible adolescencia

las polillas hacen eco
en los ángulos de la noche
donde todo quedará despejado
en la primera respiración

los perros de gritos ásperos
rodean el estático algodón
donde la mañana espera en
la pesada bruma de la luna vieja

Ridículos II

escupen sobre la verdad
para mantener un orden

no hay exilio
no hay duda

permanecen los nombres
y los números

y nosotros

bostezamos sobre su diario
cumpliendo sus leyes

fumamos sus marcas
riendo a escondidas

Avena silvestre

cuando las finas gotas
se ocultan en la tarde
y las estrellas apagan
el brillo delgado del sol

los cardenales lentamente
se alejan mientras se hunden
las melodías del viento que arde
en sus envenenadas lágrimas

linternas se encienden
entre avena silvestre

pálida especulación
que destruye el universo.

Te sugiero seguir leyendo...
Al sabroso, regordete cochinillo, con su hocico y con su rabo y tan sumiso, tan…
Scroll Up