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1.UN PIROPO, POR FAVOR! [Poema del Editor]
2.Charo Tébar [Poeta sugerido]

Textos aquí: 1. del Editor, 2. del Poeta sugerido y 3. del Invitado (opcional)
| MI POEMA… de medio pelo |
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Yo he vivido esperando que las damas Cada día soñando, tensa espera, Y hoy las damas se sienten ofendidas Yo que escaso ando ya de mereceres |
MI POETA SUGERIDO: Charo Tébar
Una muestra de sus poemas:
Solo lo escrito
«Está la vega aplanada. Estos días tristes de invierno
la convierten en campo de ensueño…
y la lluvia empieza a caer fuerte y sonora».
Impresiones y Paisajes
Y toda Granada llora,
llora el río y la alameda,
los cipreses tan tristones
y con su llanto la vega.
Y toda Granada llora
y aún a callarse no llega
ni mil años que pasen
desde aquella triste nueva.
Lloran lo pájaros mohínos
y la luna con su vela,
con su afligido ramo de nardos
que inunda de lágrimas la tierra.
Llora el día y la noche
que íntima todo presencia.
Llena, pues, de palabras tanto dolor:
solo lo escrito consuela.
El vestido verde
«Verde, que te quiero verde»
Romancero Gitano
Adela, yo quiero que lleves
el vestido verde.
Que de verde te pongas la piel
y la cintura. Que de verde
te vistas el cuello y el pelo.
Que las flores de tu ramo
sean rojas y rojo tu pecho.
Y en el corral de tu deseo
cumplas tu libertad
como potro libre de su tormento.
Quiero que de novia vistas
el verde de tu velo
con el vestido que no pudiste
ceñir a tu cuerpo.
Porque son verdes las palabras
con las que te liberas,
porque tu muerte es la de todas
y es lamento tu vestido negro.
Porque duele no verte
con el verde puesto,
ver el negro traje de tu sepultura,
flor tierna, carne tierna
y ya toda tan de negro.
Adela, vístete tu vestido,
no aprendas a respetar el luto,
nunca lo tiñas de negro
y la corona de espinas
no rodee tu cabello.
Mírate en el espejo,
el río que llevas dentro
que se refleja
en las aguas de tus anhelos.
Vístete de esperanza
para el retrato,
el que para siempre impreso
quedará en mi recuerdo.
El abanico
«Dame uno negro
y aprende a respetar el luto de tu padre».
Ese abanico florido,
con flores rojas y verdes,
son las cinco hijas que sufren:
rosa, nardo, azucena, clavel y lirio.
Cinco llagas, cinco espadas,
cinco vientres doloridos.
Dibujadas como flores
en el alegre abanico.
Es la alegría pintada
como si fuera la piel
que se despliega y quiere
reír al sol,
la brisa de primavera
que entra en los pechos
para respirar profundo,
la vida de los campos
donde cantan los segadores.
Es el trigo y el prado,
el cielo y las nubes,
el río que canta
y acaricia las orillas
donde las mujeres lavan la ropa
de sus hijos y maridos.
Ellas quieren vivir,
casarse, tener hijos,
un muchacho que bajo la luna
acaricie sus cabellos.
Pero la madre lanza el abanico,
rompe las flores, corta los tallos,
cierra las puertas,
no deja entrar el viento de la calle.
Ahí donde muere el viento
somos todas las que morimos.
Mal sueño
«¿Cómo fue?
Una grieta en la mejilla.
¡Eso es todo!
Una uña que aprieta el tallo.
Y el mar deja de moverse»-
Poeta en Nueva York
Soñé que tú me llevabas
a las afueras de Granada,
a las afueras de tu ciudad amada.
Las cosas que allí vi
ya no puedo referir.
La poesía se hizo sangre,
se hizo agua estancada.
Gente que no ama y desprecia
los cálidos versos
y los trata con el odio
más vil y perverso.
Que solo quiere deshojar
la flor de la poesía
para que su aroma muera
en la noche más amarga.
Y los pétalos rojos se derramaron
uno a uno como las heridas
en las afueras de tu ciudad querida.
La poesía se hizo sangre,
se hizo agua estancada.
Me pregunto por qué entonces
no estabas en Nueva York
aunque la aurora tuviera
columnas de cieno,
negras palomas,
aguas podridas.
En esa noche amarga se oyó
el grito más prolongado
de la mujer, la madre,
el negro y el gitano,
del niño que iba
con la luna de la mano.
Con negra voz alzan su llanto
contra esos malditos
que fieramente han deshojado
la flor de la poesía.
¿Dónde está tu sepultura?
«Por las ramas del laurel
vi dos palomas oscuras.
“Vecinitas”, les dije
“¿dónde está mi sepultura?”».
Casida IX de las palomas oscuras.
Diván del Tamarit
Yo soy una paloma blanca
que voló sobre tus versos.
Se derramaron por mi cuerpo
como agua y sangre,
fueron espina y terciopelo.
Tus versos desgarraron
las alas de mi vuelo,
volaron rotas sobre tus poemas
malheridos.
Yo fui una paloma blanca,
pero ahora
mi cuerpo es negro
como la noche oscura
y como oscuro el deseo.
Soy tan negra que en la noche
ya ni mi cuerpo veo
y mis ojos apagados
ya no ven ni mi pecho.
Fui paloma contigo,
muchacha de suaves eneros
y de primaveras locas
naciendo con un pico nuevo.
Ahora a ninguna veo.
Soy paloma que sobrevuela
la ausencia de tu sepultura,
el rastro perdido de tu cuerpo.
Sobrevuelo y sobrevuelo
condenada a no posarme nunca
en tu querido cuerpo.
De: Llena pues de palabras. Editorial: Averso.







