UN NIÑO DURO DE PELAR (mi poema)

''Humberto Fierro'' Los del Poeta sugerido

MI POEMA…de medio pelo

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Tan duro era ese niño de pelar
que puesto a hacer perder la compostura,
-si adulto se diría un caradura-,
dejaba sin aliento al verbo amar
pues no paraba nunca de incordiar
uniendo una locura a otra locura.

Conscientes que debían de educar,
-saliendo a torear al niño, un miura
que tanto les hacía de rabiar-
los padres se tuvieron que aplicar
con riesgo a les pudiera cornear
poniendo hasta en peligro su cordura.

Inquieto era ese niño, tan travieso,
tan lleno de inquietud, tan inconsciente,
-diría se reía de la gente
o a veces la quisiera dar con queso-,
que aquello remataba con un beso
feliz con su mirada sonriente.

Mas cuentan Dios les quiso compensar
del hecho y su paciencia con la gloria.
Yo hoy traigo a colación de la memoria
los ratos que debieron de pasar.
El niño es hoy un joven a imitar,
los padres los championes de esta historia.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Humberto Fierro
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Humberto Fierro

TU CABELLERA

Tu cabellera tiene más años que mi pena,
Pero sus ondas negras aún no han hecho espuma…!
Y tu mirada es buena para quitar la bruma
Y tu palabra es música que al corazón serena.
Tu mano fina y larga de Belkis, me enajena
Como un libro de versos de una elegancia suma.
La magia de tu nombre como una flor perfuma
Y tu brazo es un brazo de lira o de sirena.
Tienes una apacible blancura de camelia,
Ese color tan tuyo que me recuerda a Ofelia,
La princesa romántica en el poema inglés,
Y a tu corazón de oro… de la melancolía
La mano del bohemio permite, amiga mía,
Que arroje algunas flores humildes a tus pies.

EL FAUNO

Canta el jilguero. Pasó la racha.
Entre los mirtos resuena el hacha.
La rosa mustia se inclina loca
Sobre su fuente, cristal de roca.
El fauno triste de alma rubia
Tiene en sus ojos gotas de lluvia.

LA NÁYADE

Me creía orgulloso
Y un corazón muy seco,
Viviendo en mis dominios
Como un hidalgo tétrico.
Juzgaba que mi gusto
Fragante a tomilleros,
Era matar la corza
Batida por los perros.
Y al deshojar un día
Las rosas del Deseo,
Bañando las distancias
En luces de oro viejo,
La sorprendí en un claro
Que hacían los enebros
Y entre las rubias frondas
Los céfiros traviesos
Mecían el columpio
De un Fragonard de ensueño…
Yo la llamaba Náyade
Por sus marfiles griegos
Y por su talle lánguido
Como los juncos tiernos.
Me sonrió unas veces
Con un silvestre miedo,
Como la sensitiva
Que va a plegar sus pétalos;
Mas ¡ay! no era un espíritu
De encadenar con besos:
Temía despertarme
Pues sé que siempre sueño.
Y al fin, un dulce día
Se hundió en el lago eterno
Dejando entre mis manos
Los círculos concéntricos…
Y fuimos desgraciados
Y siempre lo seremos.

DILUCIDACIONES

Quizás la bondad única que recibí del Orbe
Es la de ver muy claro mi propia pequeñez.
El Ocaso de mi alma ni una mirada absorbe,
Ni una mejilla fresca baña de palidez.
Desvanecióse el ansia de la sabiduría
Desde que me visitan la Noche y el Dolor,
Yo no creo que un sabio pueda con su alegría
Borrar la certidumbre de un simple trovador.
Y todo lo que ahora conozco de la vida
Es que me encuentro triste de ser y de pensar
Mi Musa es una sombra que guía mi partida
Con la fatal ceguera de una ola de la mar.
¿Qué escrutas, alma mía en esta eterna esfera
Si fuera de ti misma no tienes qué perder?
¿Por qué tornas los ojos, insólita viajera,
Si el llanto que tenías ya no te ha de volver?
Mis viejas ambiciones durmieron incoloras,
Mis sencillos afectos y mis odios también;
Y lejos de la playa de creencias sonoras
No sé mentir consuelos, ni quiero que me den.
Queda entre los recuerdos mi juventud amada
Que no ha de acompañarme con la desilusión,
No quiero buscar glorias ni quiero buscar nada,
¡Porque en cualquiera senda me pesa el corazón!
Me han familiarizado los días de fastidio
Con la idea rosada de tener que morir …
Yo no tengo Pegasos … Voy cansado al Exilio
¡Y no cantaré nunca la dicha de vivir!

NUESTRA SEÑORA LA LUNA

La luna vertía
Su color de lágrima.
Por una avenida
De espesas acacias,
Llegaba a la orilla
Del agua estancada
La desconocida
Pareja que hablaba
De días pasados.
Una historia maga
De citas y besos,
Una historia clara
De alegres sonrisas.
Los cisnes soñaban…
La luna vertía
Su color de lágrima.
Hasta la avenida
De espesas acacias,
Llegaba otra noche
La voz apagada
De otra pareja.
El interrogaba,
Ella respondía…
Era una lejana
Historia de amores
Ya casi borrada,
Una historia turbia
Que tenía clara
La angustia presente,
El interrogaba…
La luna vertía
Su color de lágrima.
Otra vez de luna
La avenida blanca
Estaba desierta.
No turbaba nada
El tedio infinito.
Ni la historia maga
De citas y besos,
Ni aquella lejana
Historia de amores
Ya casi borrada.
Estaba desierta
La avenida blanca.
La luna vertía
Su color de lágrima.

(De Poetas parnasianos y
modernistas. Puebla: J.M.Cajica,
1960. Colección Biblioteca
Ecuatoriana Mínima)

SUEÑO DE ARTE

Blanca estela dejaba el cisne blanco
En las mágicas aguas andadas

Y en gallardas y suaves balanceadas
Me mostraba la seda de su flanco.
Desde el césped frondoso de mi banco
A la Milo de mármol enlazadas
Trepaban las volubles lanceoladas

A ocultar el divino brazo manco.
Armoniosa la tarde descendía
Paipadeando su luz con agonía.

Ya la estrella de Venus fulguraba.

Y mirando unas flores abstraído
De repente salté muy sorprendido:
Impaciente Pegaso ya piafaba.

LA TRISTEZA DEL ANGELUS

En la puerta de piedra que le musgo lento cubre
he descansado viendo que se deshoja el día,
en las puertas de piedra de donde a fin de Octubre
veíamos Ponientes de equívoca alegría.

He aguardado el Angelus que su sonrisa abría
para Nuestra Señora la eterna Poesía.
Y he sentido el perfume silvestre, como antes
en el paisaje humilde que Mollet firmaría,
y mi corazón y mi alma delirantes
se dan sin condiciones a la melancolía…

A la melancolía, que invita a esta hora
a oír largamente el agua y el ruiseñor que llora.

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