LAMENTO POR MIS VERSOS

»Mi Poeta sugerido: Manuel Lozano

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Mis versos son igual que las cloacas
frecuente es que se muestren pestilentes,
se dejen arrastrar por las corrientes
que allí donde se encuentren se embarrancan,
de cienos repelentes.

Mis versos son presente sin futuro,
conmigo morirán cuando yo muera
tirados como un perro en carretera,
por ellos nunca habrá quien diera un duro
no hay nadie que les quiera.

Se irán como una puta por rastrojo
penando sin que acaso encuentren cura
capaz de sumergirse en su locura
lo mismo que se entierra algún despojo
en una noche oscura.

Lo bueno de este caso es que yo mismo
jamás me enteraré. Mas hoy presiento
que están ya condenados. Y el momento
cercano se aproxima hasta el abismo.
Y escribo este lamento.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Manuel Lozano

Manuel Lozano

SHE DID IT THE HARD WAY

Bette Davis, quid numinosum

La gota de lepra se derrama en el mapa.
La heredad quema su oprobio
y vuelve viuda a saciarse del pan de sus hijastros.
¡La permanencia, la permanencia, la permanencia fugaz
en la asqueada falsificación del cielo!
¡Aquí esta sangre!
¡El desierto de Lo Suyo -inmisericorde- trepando en las carnicerías
como si ofreciera las más tenues migajas de la murga!

Asomada a este reino, Señora de llagado mirar,
con vestidos muy largos
y una estrella rota, blanca y áspera
caída sobre el musgo,
¿qué escombros irías a reverenciar por la fiesta?

¡Un nido de antífonas para la piel de trapo!

Asomada a ese reino, Señora Iniciatoria,
evocatriz y radiante,
muda y evocatriz,
embrutecida por el hambre que mana de tus piernas,
entiérrate en viñas de agua oscura
porque el musgo crece.

La trapecista quema su manjar.
¿Ya reverbera otra intercesora
porque dices la canción de cuna de tu tibio cadáver, dulcísimo?
¿Y el antifaz de cachorro perdido entre los álamos?
La gota de lepra se derramó en el mapa
y supe de mi corazón.

VISITACIÓN EN ROJO

Mínima desmesura en el iris del viajero.
¿Qué consiente esta fauna girando hasta la extenuación
sin escritura descrifrada
por los basurales del amanecer?
Creíste siempre la historia del traficante de insomnios,
el comensal de usuras,
el avieso del ruego,
el amargo trapecista en el verdín de una noche,
el ruín triturador de la memoria incestuosa.
Ahora lo sabes, vas a saberlo:
un filoso saldo de cuchillos te seguirá
aun entre las tumbas y las comadrejas.
¡La tribu maquilla, al fin,
los jirones de un antifaz en llamas!

Quien oculta su herida o su belleza,
también está usurpando las llaves del reino.

CORONA DE ADAM KADMÓN

¿Escalofriante este cielo?
Un blues derrama espuma de lirios en la cruz de los días.
¿Caliente el resplandor que transfigura?
Ha sido el tiempo de las puertas.
La tempestad elige la piel y se oye clamar
en los tinglados del arrobamiento
como tigra tatuada hasta el principio.
Un bosque de vidrio subirá desde el barro,
un aullido instalará para siempre entre tus crías
la terrible belleza del caído.
¿Qué verbo indescriptible parte de esta boca
y se arroja disfrazado de virgen
a curar los jirones de tu alianza en el tiempo?

-Tigra tatuada, tigra esfinge, vélame el instante-

El alba es un largo manantial lleno de ojos.
Ya no podrás decir del trance sino el brillo,
el inefable a costas de mi piel y sus genealogías.
¿Me ayuda el terciopelo de un espejo de mano
para recuperar el tenue olor en esta fábrica de maniquíes?
(Sólo te habita la desposesión.
Fría sed el desmayo tras un bosque de vidrio.)
Crece bajo los pies el hijo del insomnio, fútil y errante.
Mañana será hijo del trueno y pescará hombres
con la unción del delirio.

-Tigra de luz, tigra aciaga, transverbérame-

Un hacha de pavor ya dividió a los amantes.
¿Quién puede guardar un anónimo fragmento
siquiera en la azotea de las pesadillas?
Ni áncoras ni catacumbas tendrán piedad
por esta dinastía abierta al relámpago.
Tus pasos llegan a la Mansión Oblicua de un hombre sobre el mundo.
Las huellas gimen por la erosión.
Sangre y nieve, nieve y sangre para lamer
frente al bosque memorial de las encarnaciones.
De esta piel te revisten de gloria
aunque carne de tinieblas sea la palabra
con que fundo el estrago y la gracia de mis hijos.
¿Aquí la plenitud del soplo,
la sacratísima perfección del desterrado?
Es que naces aún de las espinas
y con un hormiguero de entrañas me construyen el trono.

EL QUE PREDICE

Me dejaste, madre, con una gangrena
desde el porvenir de nieve
y yo te maldije, aún buscándote.
No se hizo en mí sino una luz de lágrimas,
incluso encarnada -incluso anunciadora.
El huso sueña un muaré amenazante
sobre la carne ciega del degollador.
Canto frente a la ponzoña que no está.
¿Acaso un monstruo no apuñala
la vejez endurecida en la cama del niño?

Nupcias de vendedor de diamantes
donde antes callé a mi chinchilla amaestrada,
arde inmunda la guerra por los corredores.
¡A ver a la Virgen comiendo de su muerte!
Poseso agredido en medio del iris,
estalla la fiesta antes del principio.
¡Las nervaduras, las que amaste,
las teatreras cavando en un erial de moscas!
Tantas veces -al amanecer- dibujarás el límite
vuelto corpúsculo de humillación y usura.
Si aceptara sepultarme en el vacío de piedad,
¿qué ramificación de ofrendas
para un desierto en Namibia?
¿Cuándo el faisán de sangre
lamiendo en la lluvia vertedora del grito?
¿Pero quién me desclava esta música?

Banquete de telarañas, madre,
donde hiciste del velo una orgía de heridas.

HAMBRE EN LA CASA

El muro de cristal en medio del océano:
nadie desate la maldición.
Es necesaria la herida que te coma y te beba
para que la palabra se cumpla.

LA TRANSFIGURACION DE LOVECRAFT

Cuando no sean necesarios los jirones
del blanco esplendor de tu vacío en fuga
-el cercano en la piedad, tal vez el pavoroso-,
ni acariciar la mano ardida de la fiesta
porque aquello ha de cumplirse en esta brisa,
gotas del nombre escarchado bajarían por la piel.
Las telarañas del delirio se clavaron aquí
por tu languidez de espinas, pródigo errante.
La perpetua geometría
lame ahora el muelle donde embriagas
la caída fabulosa de los otros.
Hay una fosa de ausencia en el encuentro.
¿Qué estuche artificial acentuará las demoras,
si señalar el fuego es tu ley,
si cubrirte de escamas tu costumbre?
Oíste el himno:
¿Pero qué acantilado recibe a las mareas?
¿Qué pálido violín con raíces frenéticas
para el nadador de naufragios?
El feto desplegaría su hechizo.
Desertaste del hombre.
Fiebre, moscas y sueños.
Un tibio, dulce olor a crimen
reconoce en mí al desolado.

ZAHORI

Te desgarran, sol rojo, hasta el hartazgo.

El águila le comía las vísceras.

¿En qué estambres fijas el vértigo baldío
como una leyenda, como un doble panal,
apenas como viento?
Arrópame al destejerme.

Huesos para saltar la luz
surgiendo entre las tumbas.

¿De acuerdo, entonces, con la herida
que corta la palabra?

Cuerpo encendido en el temblor.
¿Adónde tu transparencia?
Plantaciones y catacumbas guardianas.
Sucede desde el principio.

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