A UN HUMILDE GORRIÓN

»Mi Poeta sugerido: Ricardo Hernández Bravo

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Gorrioncillo, gorrioncillo,
mi dulce y fiel pajarillo
que puntual cada mañana
asomas por mi ventana,
cantándome un estribillo
¡mi compañero del alma!,
que cuando comienza el alba,
y yo salgo a mi jardín
me esperas con alegría
y me das los buenos días
con tu cuerpo saltarín.

Con tu aire provocador,
picaruelo y juguetón,
tu te acercas a mi mano
y cuando voy a cogerte
y pretendo acariciarte,
me dices bye,bye hermano,
hasta luego, hasta más verte.

Tu que inundas el ambiente
con tu dulce melodía,
que aunque no eres un jilguero,
tus trinos y tus gorgeos
son como una sinfonía
y me haces de repente
feliz para todo el día.

A ti lindo gorrioncillo,
inocente y bullanguero,
te dedico este estribillo,
por ser fiel y por ser pillo,
por tu seny* canturero,
porque me sale del alma,
porque me traes la calma,
por humilde y porque quiero.

Y te digo un secretillo
que aunque seas un humilde
gorrioncito aventurero,
yo quiero poner la tilde
y una vez más repetirte
que te admiro y que te quiero.
©donaciano bueno

* (en idioma catalán, traducible por sensatez o cordura;)

MI POETA SUGERIDO: Ricardo Hernández Bravo

Ricardo Hernández Bravo

No llegamos más adentro

No llegamos más adentro
de la piel inaugurada por el miedo.
Traiciona el corazón, lo que tragamos
y nos sirve de puente en la riada.
Indigesta el viejo afán de pureza,
inútil el cincel en el desbaste.
La otra cara del hambre nos enfanga,
la mariposa enferma crecida en la manzana,
su vuelo raso en la carne mordida, y ese polvillo
de sus alas entre los dedos siempre
condenados al roce.

El ojo se hace fuerte

El ojo se hace fuerte tras la máscara,
furtivo en el festín de los escotes.
Tienta en el cruce de miradas,
puntea los sentidos como cuerdas
en la noche de alcohol.
Bebe en los pasadizos de la música,
en los desagües de la piel
enfebrecida por el baile.

Busca en el destape
la intimidad perdida.

Durante años en cuarentena
Durante años en cuarentena
la más leve impureza
crece en ropajes. Cubre
con brillos su vergüenza
y mientras delira en su concha
toma la forma de su encierro.

Cada perla un coágulo perfecto
para el engaño.

Como una pausa de resaca
Como una pausa de resaca,
donde el día es sólo víspera
de otra noche para la quema,
un sexto sentido nos excluye.

Femenino el sabor de la indolencia.

La claridad presa.
La claridad presa.
La mosca en su camino.
Y la mano que acude,
la ventana al fin
y ella trazando círculos,
rehuyendo la mano,
terca, contra su propia
sed de luz.
El maniquí tras el cristal.

Fijos los ojos en un punto
invisible a los ojos.

Ajeno al tiempo penetra
el silencio que lo aísla
mientras multitud de vestidos cubren
un desnudo huérfano de brazos.

Eje
de un mundo que gira
ignorando su centro.

Día a día de rumbos encontrados

Día a día de rumbos encontrados,
de mieles esfumadas,
de apaños a deshora.

Este bombear y no cundir la sangre,
afirmarnos desmintiendo a los ojos
y hacerse cuesta el pulso
y no alcanzar la altura.

Boca arriba en los sacos

Boca arriba en los sacos,
donde el verano tiende los cuerpos a la noche,
donde la luz imanta ojos

tenso hacia lo alto
el arco sin flechas.

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