HACE CALOR/SOY UN BURRO

»Mi Poeta sugerido: Miguel José Carrascosa Salas

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Hoy hace calor, calor, mucho calor.
Pareciera que el cielo se derrite.
preparado no estoy para este envite,
pido al sol que se olvide que es pintor,
y ¡zas! que salga al quite.

No puedo respirar, que me sofoco,
no lo soporto, creo me voy ahogar,
mis pulmones se agotan al andar,
dejen ya de enviarme este siroco
que intenta a mi abrasar.

No puedo soportar, que poco a poco
me noto que la piel va derritiendo
y en este sin vivir ya estoy hirviendo,
de tanto resbalar ya no me toco
creo me estoy muriendo.

Y sigo sin saber por donde hoy ando
sujétenme un momento que me escurro
si nadie me protege me espanzurro
del agua que preciso chorreando
sin norte, soy  un burro.
©donaciano bueno.

MI POETA SUGERIDO: Miguel José Carrascosa Salas

Miguel José Carrascosa Salas

La Alpujarra no se muere

Los hombres de La Alpujarra
saben mucho de fatigas,
de sudores derramados
sobre sus tierras bravías.

¿Dónde se fueron los hombres
que cultivaban la tierra,
que arañaban las entrañas
de sus empinadas sierras?

¿Do están los labradores que,
derrochando energías,
con su bancal y su yunta,
se enfrentaban a la vida?

¿Qué ha sido de las haciendas
que levantaron sus padres,
sufriendo mil estrecheces
y luchando contra el hambre?

Ya son tierras de barbecho
aquellas hazas de antaño;
las acequias ya no corren,
los trigales se han secado.

Los hombres que las labraban
emigraron a otras tierras,
agobiados por las cargas,
las sequías y gabelas.

Mujeres, niños y ancianos
pueblan hoy Las Alpujarras.
Cuando mueran los abuelos,
¿qué porvenir les aguarda?

¡Que el destino no se cebe
en esta tierra olvidada;
que vuelvan ya los braceros
que emigraron a Alemania!

Y que cultiven los campos,
transformando los barbechos.
Y que repueblen los montes
de nogales y cerezos.

Que el viento meza las mieses
que verdean en los bancales,
recogiendo los suspiros
de mozas y de gañanes.

Que resuenen con presteza
las coplas de los muleros,
los cantares de los mozos
que estrenan amores nuevos.

Que se construyan más trojes
para almacenar el grano
de tantas espigas nuevas
que han crecido en los sembrados.

Que se roturen las viñas
que antaño dieron buen vino,
alegrando el corazón
de los viejos campesinos.

¡Quiera Dios que La Alpujarra
se redima de sus males:
de abandonos y estrecheces,
de olvidos y de orfandades!

Es tierra de noble gente:
de hombres recios, singulares,
que hacen fecundar las piedras
y a las colinas, feraces.

¡La Alpujarra no se muere!
Viva está. ¡Quién lo dijera!
Volverán los emigrantes
a repoblar sus aldeas;
a hacer que los hombres vivan,
con dignidad, en estas sierras…

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