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1.LA BATALLA DE LAS IDEAS [Poema del Editor]
2.Andrea López Montero [Poeta sugerido]

Textos aquí: 1. del Editor, 2. del Poeta sugerido y 3. del Invitado (opcional)
MI POEMA …de medio pelo
o el poder de los miedos.
A Agustín Laje
Los miedos atenazan, quien lo sabe
y tiene la receta en su poder
se olvida de que debe de querer
y a todo lo que pilla da el jarabe
que engaña al que lo prueba, que es muy grave,
e ignora que a otro tiene que doler.
Que ideas hay que matan sin cartuchos
a gentes que seducen, a inocentes
que dejan que les lleven las corrientes,
y marcan los que dicen que son duchos
así que se demuestre que son truchos
dejándose arrastrar por las pendientes.
Se trata de opresores y oprimidos,
y en medio la batalla cultural,
guardianes que ellos son del bien y el mal,
tú debes coincidir con sus latidos
o expones a sufrir de sus berridos,
pues puede que te llamen carcamal.
Son ellos los que dictan la doctrina
los mismos, los que dicen cómo y cuándo
y al resto, pues dirán les vayan dando,
e indican se ha de hacer si hay una mina,
si es preciso el motor de gasolina
los que hayan de pagar vayan pasando.
Les bastan con tres letras*,funcionarios,
bailar, dicen que el mundo ha de bailar
al ritmo que ellos gustan de tocar,
portándose cual fueran propierarios
del mundo y sus riquezas, su denarios,
so pena de morir o de matar.
©donaciano bueno
*Es la ONU y no se hable más.
MI POETA SUGERIDO: Andrea López Montero
Una muestra de sus poemas:
DÍA 3. La cría rosa granza
Me pregunto cómo son los huesos de un ornitorrinco bebé,
cómo el pico.
Busco ornitorrinco bebé,
es curioso pensar
que no todo lo que de huevo nace
vuela o repta,
que no todo lo que de huevo nace
es solo viento o mar: también escarba,
escampa raíces,
cuelga un retrato,
separa en habitáculos su afecto.
Busco ornitorrinco bebé,
el bebé ornitorrinco y su esqueleto,
pienso que qué hay en mí tan averiado como para buscar en Google «esqueleto de ornitorrinco bebé».
Veo una cría, es muy rosa, muy muy rosa, rosa granza, rosa genuina,
rojo con brillos de amarillo cadmio, de amarillo bismuto y blanco zinc,
rosa muy muy rosa, como si saliese así desvestidita de identidad,
muñeca de trapo,
un pico en carne cruda.
Bebé en colorete y arcilla sin color,
los ojos todavía sin ser ojos, apenas bultos como encía de ojos:
ni ve ni pestañea.
Pienso que es un nacimiento en escondite,
un nacimiento en escondite, pienso,
claro.
Primero crece hasta que no queda
sitio en su caparazón de ave,
despunta
para caer en el calor y se empapa
en leche.
No tiene estómago,
tampoco lo tendrá al crecer.
Se come en el tamaño de su peso,
pero no asimila, pasa por el alimento,
es un caudal, fermenta:
no tiene estómago, ni dientes y apenas ve
y busco,
busco pantanos,
le veo un esqueleto ya crecido,
ya vive agazapado en la estructura,
su hueso tímido y rapaz.
No trepa el árbol
en su existencia plegable
de submarino y uñas en boca.
Imagino su miedo translúcido
como un caparazón,
su amor defectuoso que separa
las crías del lecho conyugal
¿su amor sincero?
Entiendo su techo pequeño
y sin ventanas:
el mejor escondite es ese
en que el que se esconde jamás
podrá
encontrarse.
¿Existe un hambre bondadosa?
ACENTO. Escoge la entonación
Busqué en el catálogo la sangre
correcta: que brindase con cariño
la sed de dicha, el alimento justo.
No te ofrecí, no, la virtud intacta,
sí el deseo de un útero cabrío,
todo el llanto y el aullido de leche.
Escogí un ajuar de loza blanquísima
y todos los termómetros de usura
para acudir caníbal a tu encuentro.
En la lumbre de azufre que te escalda
en tu semilla con mi trampa dulce
y sus muebles pequeños y pequeños.
Para alimentar las crías con mimosuave, su desayuno de azafrán,
su lento tiritar de aves al vuelo
y las fresas precarias, con tanta norma nueva
que no logra rimar bien ni conjunta
el cuidado, la sábana, la cuna.
Todo el llanto y el aullido de leche
perfecta que brindase en el cariño
el útero vacío de tu carne.
No te ofrecí, no, (no me ofrecí) la virtud precisa,
no la virtud vacía, no en virtud
del agua clara y pulcra, la virtud
con tanto llanto: escogí con el tiempo
el tiempo de este canto débil, esta
dicha justa. Alimento de la sangre.
Busqué en el catálogo un brote,
los rasgos, los defectos que no debo
repetir: decidí ovular rápido,
pronto en antes de escoger la miopía,
sin tristeza hereditaria o cojera.
Repito: decidí el óvulo,
el óvulo de las rapaces.
Mi cría corre veloz en el prado,
corre sana, corre fuerte y ay, ¡corre!
No nos imita, no, no nos imita.
Escogí el canto y el aullido de leche,
todo mi ajuar de una loza blanquísima,
sin tristeza hereditaria y sin llanto.
HUMUS. En las fauces de pan
Preparé tu llanto amasando harina
de siglos de tropiezo y tradición,
reunidos a la mesa celebrando
el hambre ordenada en las croquetas,
el hipo dulce de la rima tímida,
el tristísimo acierto de la moza
que ovilla gatos muertos y arlequines
y entiende que la mente es un ventrílocuo
que habla por encima de los hombres.
Preparé tu esquina enhebrando sexos,
descosiendo pistilos, mereciendo
merecer la edad, ser en las vidrieras
la santa dicha, santísima y fiel
a la amplitud de tu sangre, en el eco
con dulzura avanzar en un latido
humilde, como el juego de canicas:
todas diferentes y redondísimas,
con tanto tacto triste en el tablero.
Solo trato de enseñarte mi duda,
que puedas caer libre,
solamente caer: sin un reproche.
QUIEBRE. Dios no entiendo
Dios, no entiendo
la invención del útero, la voluntad de maternidad
si luego creas la podredumbre.
Dios, no entiendo
el final de la luz tan temprano, el descanso obligado del invierno
si luego creas la finitud.
Dios, no entiendo
que los insectos no se alimenten de leche,
que la polilla no nade en un recipiente de leche
y vuele siluetas semitranslúcidas de leche
si luego creas la electricidad
y la industria.
Dios, no entiendo
la invención del deseo, la contradicción, el impulso
si luego creas un espacio limitado para el vino y la celebración,
un espacio limitado para el vino y la creación
si luego creas un horario,
creas un horario,
la obligación de la rutina.
Dios, no entiendo
por qué este miedo de pan,
esta geografía de barrigas hinchadas
diciendo hambre,
este ultramarino de variedades y sentimientos etiquetados
si luego inventas la gula.
Dios, no entiendo
por qué el mar y su infinitud al vuelosi luego inventas las cuadrículas,
el papel formulado a la línea.
Dios, no entiendo
por qué la invención de la infancia
y su fascinación occidental de colores y azúcar
si luego pactas el ocio hacia su negación temprana.
Por qué la polilla, Dios, sin su sombra de leche.
Dios, no entiendo
por qué inventas la conciencia
y nos dejas solos.







