APRENDE A REPARTIR

»Aquí, mi Poeta sugerido: Rafael Muñoz Zayas

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(Consejo para unos nietos)
A mis tres soles, los que alumbran mis días

Pues duermes en tu cama calentita,
y vas a un buen colegio,
y tienes cuanto el cuerpo necesita,
empieza ya aprender, niña chiquita,
que eso es un privilegio

que vino con tu ajuar cuando naciste
y hoy gozas y disfrutas,
mas nunca has de creer que mereciste.
Los padres y el lugar en que viniste
no admiten de disputas.

Y puesto lo que tienes no has logrado,
no debes presumir
de aquello que pudieras recibir,
si tú con tu sudor no lo has ganado.
Y aprende a repartir.
©donaciano bueno.

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Plantéate objetivos y lucha por conseguirlos, no tengas miedo al fracaso. Forma parte de la vida. Y disfruta de aquello que lograste a base de tu propio esfuerzo. Ten siempre presente este refrán: el que no se arriesga, no cruza la mar.

MI POETA SUGERIDO: Rafael Muñoz Zayas

Rafael Muñoz Zayas

Voyager

He viajado contra ti
Como un ángel desprendido
a la noche
como un asteroide diminuto rompiéndose
en la atmósfera

para tocarte

he viajado hasta ti
como Luzbel solícito

para incendiarme

he viajado por ti
como la luz mortal
que me pavesa

Somos el fuego  (inédito)

Muchos de nosotros no encontramos
la virtud del término medio
preferimos que el fuego robado y su resplandor
guiaran nuestra mirada
que trazaran el correcto apotema
hasta el centro de esta figura
desigual y perfecta
que es nuestra vida

casi no nos dimos cuenta
:
son otras manos las que juegan con ella
otros dedos son los que doblan
y desdoblan sus pliegues
los que aquilatan sus ángulos
los que redondean sus aristas
rellenan sus simas y liman sus cumbres
y requiebran donde mayor resistencia encuentran
nuestra voluntad de papel
para que su forma se amolde
a lo que el mundo
en realidad
de nosotros

nosotros
que no llegamos a comprender
que somos el fuego robado
su resplandor
su rescoldo
lo que no dura
más
que este instante.

Credo (versión extendida)

Este credo en el que has sido criado
no era el verdadero

no hablaba del árbol
no palpaba el tronco
no degustaba la hoja
ni contemplaba la rama

ni atendía en sigilo
el discurso del fruto

no era el verdadero

no era un continente
no sabía del límite de la tierra con el mar
ignoraba la natural frontera que nos separa del aire
el vértigo de la sima
el terror del acantilado
cuando nadie mira a tu lado

la inmensidad de la nada en una bañera
mientras te desangras

no era el verdadero

no era el cuerpo
no hablaba de sus manos
no de su cuello
no de su espina dorsal como una carretera
negaba las piernas y negaba su sexo abierto
el abracadabra de un destello apenas vislumbrado
mientras cerraba los ojos
y no proclamaba el cielo del lóbulo extinto
ni la mirada que acompaña al placer
era entonces bendita

no nos daba la creencia exacta
que hace que amar sea algo táctil
la experiencia
el saber
el olfato
todo lo que es humano y no es bello
y es visceral y crudo
insaciable
como tu piel
cuando la noche
y juntos
nos escondemos.

Canción incierta para una mañana de cumpleaños

Todo será pavor, sueños tristes de Flaubert

una mañana sin éxtasis ni flores nuevas
ni manos entintadas desde el amanecer
extinguiendo un oficio de paleontólogos
y sí niñas nombrando el cuerpo humano
—nose, fingers, eye, ears, toes, chest-
mientras el mundo cae por un embudo
y construyo un amor con piezas de lego

pero todo será pavor y sueños tristes
el aire viciado de una mujer
entonando a lo lejos un aria de Verdi
y todo será donde el aire no corre
donde el sol no termina
y cada carretera será un peso
que sostener en cada brazo
al final de la clase

y todo será pavor
todo sueños tristes de Flaubert
mientras fuera
la lluvia persiste
la lluvia que ha venido para devorarnos
que cae sobre ti
para difuminarte
y cae
incansable

sorda

lejana

El verdadero mal (de nuevo)

Eres el mal sobre todas las cosas

el día cuando la noche acaba

una cruz invertida en la casa del

eres el río que agota su condición de río
y se da al mar y lo endulza y lo deseca
eres el mal sobre todas las cosas
la que ahuyenta las gallinas
en la noche de san Lázaro
la que siembra los campos
con una muerte dulce
que enloquece a los hombres

pero así es el mal
la ironía del mundo
lo que vuelve al corazón
un kilo de nieve.

hablamos (versión extendida)
(los astronautas de verdad no regresan a casa)

el coche está sucio y huele a colillas
y el suelo, tan lleno de barro,
que a veces creo
que no podré pisar el freno
cuando tomemos una curva
más cerrada de la cuenta

aunque no tengo prisa
y no llego a tener muy claro
si es que importa que lleguemos a algún

el viaje se ha hecho largo
los cristales empañados no han dejado
finalmente ver el paisaje

en algún momento hemos parado
para ver un castillo y un puente abandonado
y más tarde hemos caminado muy despacio
por una ciudad pequeña

y después de almorzar
en un restaurante vacío
unas truchas rellenas asalmonadas
y dos botellas de vino blanco
—Chardonnay—
hemos decidido
regresar a casa

no ha habido una palabra
más alta que otra:
todo ordenado
todo perfectamente civilizado

las personas educadas
son capaces de odiarse
sin nada que lo demuestre
podríamos decir que a veces
reside en cada gesto contrariado
en cada palabra no dicha
un resto de cariño agridulce

es la pólvora invisible
en las manos del asesino

pero hablamos mientras conduzco
y el coche avanza como una planeadora por el Estrecho
y la carretera se escora como un barco a punto de hundirse
y el bosque está rizado de marejada
y manojos de flores en los arcenes
recuerdan donde habitan los aparecidos
que se asoman en las noches de tormenta
para asustar a gente perdida
gente perdida como nosotros
de vez en cuando veo
unos ojitos brillantes
que nos acechan
y no puedo evitar sonreírme
mientras pienso en cuando éramos niños
y nos daba miedo lo desconocido
— ya no
me dices
— ahora queremos mover las cortinas
ver qué se esconde tras ese miedo

hoy,
los dos lo sabemos,
lo que nos deja paralizados
es saber del vacío bajo la cómoda
del muerto junto a la ventana
parece que los espejos devuelven una imagen
que no es ya la nuestra

y nos quedamos en silencio

la lluvia
ha desdibujado el futuro gota a gota
hasta hacerlo nada
y el pasado en el cristal trasero
es un limpiaparabrisas roto
incapaz de desplazar al agua sucia
por una superficie cada vez más oscura
y parece que a medida que nos acercamos
a una casa que se desmorona
cae con más intensidad
agua
agua rabiosamente turbia
agua que es pura zozobra
agua que no podrá hacer
que empecemos de nuevo.

NO DEFENSA

Me digo que no más
frente a tu cuerpo abierto como un árbol
frente a tus manos derramando savia
frente a tu cuerpo abierto
frente al tacto de la mano
frente a la mirada limpia
frente al día más y más helado
frente a la noche que cae
y miente de nieve la calle
no queda nada que hacer
solo permanecer quieto
resistir asustado
relatar lo frágil
que es cada momento
y no quedar salvo
y estar dispuesto
como esas piraguas en el margen del río
a alcanzar la orilla de piedra de los rápidos
como nosotros
esperan
desmoronarse y caer
aunque nadie
hable
diga
nombre
ni obedezca al
que mueve las cometas.

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