SONETO CONTRA EL MURO José Miguel Moreno

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Sólo el muro es bello cuando es ruina
Y odioso cuando nuevo es el Imperio
Que escupe asco, fobias, improperio
Y hace de la ofensa su doctrina

De patria chica, alma pueblerina
Que pone al emigrante en cautiverio
Mas es la patria grande mi criterio
Y así te hablo con lengua cervantina

Quien porfía que Dios, raza y pureza
Distingue al vencedor del que es vencido
No entiende el mundo, falto es de agudeza

Su argamasa es barroca, es un aullido
De lenguas, mezclas, rareza antipureza
Que es grandeza, no gen envilecido

 

Pregunté

Le pregunté a su eco dónde se fue,
pero no tuvo respuesta.
Le pregunté a la luna roja si todavía la seguía,
pero hace rato que partió.
Le pregunté a su reflejo en la ventana
si aún la recordaba,
Pero nunca contestó.

Le pregunté al viejo triste si todavía la amaba.
Una frase sabia me dijo,
pero ya no la recuerdo, ya se me olvidó.

Su sombra alargada, de vez en cuando,

se juntaba con la mía,
y las tardes se volvían, de repente, menos borrosas.

Bajo las telas tenebrosas
de su apetito, su fuego, su oscuro arte,
se escondía algo más delicado.
Me gustaba pensar en ese algo,
acomodarlo entre mis brazos
y sentirlo de refugio.

Era en esas tardes
cuando las sombras se hacían una,
Las que ahora echo en falta.
Solo me quedaba eso, las tardes, su silencio.

A veces con eso bastaba,
miradas eternas, recorriendo de lado a lado sus oscuros ojos.
Parecía poco, y cómo me equivocaba;

Suele pasar con las cosas que amas.
Con el tiempo se pudren, se dañan, se mueren, se olvidan;
y una parte de nosotros, a la vez,
se pudre, se daña, se muere, se olvida…

Ayer

Ayer se anudó un nudo en su garganta,
en un mar de escusas fugitivas,
viéndose encerrada a la deriva
usando su tristeza de barcaza.

Ayer se nublaron sus ojos de saliva,
a mil historias de distancia,
de un dolor que se hizo infancia
y ahora entumece sus heridas.

Ayer se cobijó la noche en sus historias,
apagó su corazón dolido con carencias,
y sembró el deshielo en su mirada.

Fue apagando los gritos de clemencia,
usó calma como impostor de la victoria,
mientras descosía parte a parte su fachada.

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Y no quiso volver. Me dijo adios.E incluso alzó la mano con desprecio.Debí de responder,…

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