UN DIOS A MI MEDIDA

»Aquí, mi Poeta sugerido: Andrés Ferreyra

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Si un Dios pudiera hacer a mi medida
lo haría más amable, menos cruento,
y humano más, para que el sufrimiento
evitara sangrar la misma herida.

Si diseñar a dios, si eso pudiera,
lo haría con los rasgos de algún niño,
inocente, jovial, barbilampiño,
y en sus ojos pintada una quimera.

Le haría que paseara por el mundo
y al idem tal cual es lo descubriera.
Si fuera eso posible, le puliera
borrando con ardor lo más inmundo.

Mas ya que lo que digo no es posible
dirijo mi lamento a quien a Él le ha hecho
-que a mi también me hicieron de un desecho-
al menos no anduviera inaccesible.

Pues ves como este mundo se está ahogando
y tú sigues pasmado, tan tranquilo,
al menos no nos tengas más en vilo,
empiézale a adornar. Sigue pintando.
©donaciano bueno

MI POETA SUGERIDO: Andrés Ferreyra

Andrés Ferreyra

Coplas frente al espejo

Mi vieja toalla amarilla, ya no seca como antes,
si parece que fue ayer su color era brillante.
Y así con todas las cosas, sean horribles o graciosas,
donde pululan las larvas mañana habrá mariposas.
Es la razón un espejo, una aguada inagotable,
en la que beben los sabios y no se ve el miserable.
Y así esta la cosa acá, allá y por donde usted quiera,
hace falta agua potable y espejos que no nos hieran.
Ardua tarea es hermanos, la del cepillo de dientes,
ir a fregar las mentiras de aquel que no se arrepiente,
porque habrá dientes con sarro, que se ríen sin complejos,
pero hay otros peligrosos aunque brillen desde lejos.
La brocha es una caricia, que la ciencia le dio al hombre,
Entre tantas bofetadas que no tienen aún nombre,
irritaciones feroces, que nos tienen a los coses
y despreocupaciones dignas, de vivar a vivas voces.
Y así marchan tiempo y hombre… ciencia, virtud y verdad.
Amo al esclavo

Amo al esclavo, fisura repetida,
asaltante que irrumpe en la madrugada,
y nos deja en el medio de la nada
entre escombros de vela derretida,
usurero y sobretasa desmedida,
colectivo que no llega a la parada,
caballero de la muerte, tres espadas,
apurando despedidas a la vida,
enemigo de amigos a encontrarse,
recluta del realismo y de lo burdo,
tercero de amores al enamorarse.
¡Pónganme a salvo! ¡oh pies! Que si me aturdo,
riesgos corro y no hay que perturbarse
con pulseras que dividen en absurdo.

Magdalena

En el arco de tus pies, me duermo al abrigo,
como quien encuentra amparo en el desierto,
tiendo mi cuerpo, el cielo me es abierto,
y nada el precio pago por estar contigo.
Me alivio el peso de cargar solo conmigo,
mojas mis labios, besas mi frente y despierto,
la ternura de tu silencio es un concierto,
en tus suspiros de amor y es mi castigo,
por ser tan tuyo y porque ya no serás mía,
por dejarte otra vez y dejar en ti mi pena,
derrumbes de escombros, del alma que tenia.
Por lavar en mis manos tanta sangre ajena,
limpiar mis pecados, escritos en letanía,
tu eres santa, casta y pura, Magdalena.

Que sirva de homenaje

A quien conozca los dolores de garganta
del que se traga las ganas de llorar,
quien blasfema y maldice (antes de orar)
el que ama, el que ríe, aquel que canta,
al que escucha a Vivaldi y se encanta
a la hora de relatos decorar,
aquel que osa la muerte demorar
y estoicamente el miedo aguanta,
al que se defiende a capa y espada,
el que transita caminos de cintura,
el iletrado que escribe cuentos de hadas,
quien no duda en echar mano a la tintura,
al que abre la puerta a la majada,
que sirva de homenaje esta escultura.

Desde la tierra

Se alza el grito que ha ahogado la metralla
y vuelven las voces que parieron tus entrañas
para decir: que el que olvida se engaña
y la verdad es verdad aun cuando se acalla.
No descansaran en paz, aunque hallan puesto vallas,
los asesinos podridos de odio y saña,
especie brutal de naturaleza extraña
que solamente se duerme bajo acero de mallas.
Oscuros perros corren, se rascan y se ladran,
ha vuelto el vuelto que les debía la suerte,
naciendo en brotes que a la tierra taladran
con renovado brillo, alegre y fuerte,
resueltos ojos, llenos de brillo que se cuadran
firmes, de pie, para gritar: ¡ya no a la muerte!.

Zona de pájaros

Zona de pájaros
es el sitio en que he nacido,
hace siglos
y pájaro he sido
cargando
en las patas,
el nombre del
primer nido,
del que tantos volaran
y que
para
vengarse del olvido,
tomaron
a Ferreyra de apellido.

¿Donde termina?

¿Dónde termina el dolor y su aparato,
que ha venido por mis huesos y mis tripas,
que sonríe mientras juega con su pipa,
esperando que me haga en los zapatos?
Son los años y el destino (veo en su trato)
aburridos niños que solo participan
de lo finito, de que la muerte emancipa
al hombre, después de pasar sus malos ratos.
Es el hombre piel de víbora o brillantina
cubriendo el cielo que en los mares se refleja
o en la blancura polar de la salina,
Es fruta fresca en la mesa o fruta vieja
que se pregunta: ¿este dolor donde termina…
terminará después de la última queja?.

Paloma

Han despertado los pájaros, al ruido
de los motores de una ciudad dormida,
que antes del día sale en viaje de ida,
a correr tras luces que gritan: prohibido.
Sigue al alba el sol y algún ungido
trasnochador acierta en su guarida
y entra a jugar centavos de su comida
el quinielista que en sombra ha devenido.
Arde cartón , vidrios y mampostería,
autos se arrastran donde no hay salida
y huele todo a cloaca y rosticería.
La paloma, enferma, de plomo pulida,
es postal decadente de la porquería
en que el huevo pone y deja la vida

Los inspectores

Los postigos
cierran los ojos
al sol de una siesta de verano,
mientras los inspectores,
transpiran bajo sus sacos
e intentan,
descubrir un almacén entre las sombras,
y una anciana abraza los niños
llorando,
tras la última puerta de la casa.

Este Amoroso Tormento, Sor Juana Inés de la Cruz
Este amoroso tormento
que en mi corazón se ve,
se que lo siento y no se
la causa porque lo siento.

Siento una grave agonía
por lograr un devaneo,
que empieza como deseo
y para en melancolía.

Y cuando con mas terneza
mi infeliz estado lloro
se que estoy triste e ignoro
la causa de mi tristeza.

Siento un anhelo tirano
por la ocasión a que aspiro,
y cuando cerca la miro
yo misma aparto la mano.

Porque si acaso se ofrece,
después de tanto desvelo
la desazona el recelo
o el susto la desvanece.

Y si alguna vez sin susto
consigo tal posesión
(cualquiera) leve ocasión
me malogra todo el gusto.

Siento mal del mismo bien
con receloso temor
y me obliga el mismo amor
tal vez a mostrar desdén.

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